Mira que llegaban a ser idiotas. Y por supuesto, presuponian que cualquier hombre con vestido y peluca rubia se dedicaba a la prostitucion. Ademas, no se habia granjeado demasiadas amistades precisamente con sus esfuerzos por descubrir la verdad acerca de la muerte de Eric.
El callejon estaba a oscuras y le producia escalofrios. Los edificios que lo flanqueaban formaban un siniestro canon de cemento. Lo unico que quebraba las tinieblas eran las mortecinas bombillas instaladas sobre las puertas traseras de varios establecimientos turbios. Cada contenedor, cada caja vacia era un potencial escondrijo para cualquier clase de predador.
Como si sus pensamientos hubieran invocado al diablo, de pronto se materializo una silueta a unos diez metros de distancia. A la altura de la cabeza brillaba la punta de un cigarrillo encendido cual ojo malvado en la oscuridad.
Ken dio un traspie, resbalo a causa del hielo y tuvo que apoyarse en la pared para no perder el equilibrio. Mascullo un juramento entre dientes al darse cuenta de que una de las unas falsas se le rompia en el proceso. Se veria obligado a llevar guantes en el siguiente pase.
La silueta permanecio inmovil. El establecimiento que se hallaba a su espalda era un estudio de tatuaje, la clase de lugar donde uno contraia el sida y la hepatitis a causa de las agujas.
Ken busco en el bolsillo su aerosol de pimienta y permanecio lo mas pegado posible al otro lado del callejon. El club se encontraba a dos manzanas de distancia.
Contenia el aliento a cada paso. Corria cada dia para mantenerse en forma, y caminar con tacones se le daba mejor que a casi todas las mujeres, pero no le apetecia tener que echar una carrera con ellos.
Percibia la mirada del espectro clavada en el. Casi esperaba que sus ojos relucieran rojos como los de un lobo.
Llego a la altura del estudio de tatuaje, listo para echar a correr, aferrando con mano sudorosa el aerosol. El corazon le latia desbocado tras los pechos falsos.
Dios, no queria morir vestido de mujer. Mentalmente ya veia las fotografias del escenario del crimen, oia los comentarios burlones de los policias. Tal vez, si sobrevivia a aquella noche, deberia hacerse un tatuaje que dijera: No soy un travesti.
El espectro arrojo el cigarrillo al suelo, creando un arco de luz anaranjada, y de repente se lanzo corriendo hacia el. Ken salio disparado y oyo una carcajada ronca mientras avanzaba dando tumbos y resbalando sobre el hielo. De repente, el tobillo derecho cedio bajo su peso y cayo cuan largo era. El dolor lo asalto como una bateria de martillos en ambas rodillas, en el codo, la cadera y el menton. Profirio un grito debil y desesperado que fue a morir en los ladrillos y el hormigon del suelo.
Intento incorporarse, aferrandose a cualquier cosa para darse impulso. Por fin pudo asir el canto de un contenedor y consiguio levantarse a duras penas. Tenia las medias destrozadas, y el frio y la humedad le atacaban la piel desnuda de las piernas. De pronto oyo el chasquido de las costuras de su vestido al rasgarse.
Volvio la cabeza con brusquedad. Sin dejar de reir, el espectro giro sobre sus talones y volvio a entrar en el estudio de tatuaje.
Jadeante, Ken se apoyo contra el contenedor, sintiendo punzadas de aire helado en los pulmones.
Maldita Liska. Le entraban ganas de mandarle la factura de la tintoreria.
Echo a andar cojeando. Habia perdido uno de los tacones, y le parecia que se habia hecho un esguince en el tobillo. Se llevo una mano enguantada a la boca y al retirarla vio el guante blanco manchado de sangre. Joder. Si tenian que ponerle puntos, a su jefe le daria un sincope. De repente, dos manzanas se le antojaban una distancia mucho mayor que al inicio de la velada, y con lo que tardaria en reparar los danos ocasionados a su indumentaria, a buen seguro no estaria listo para el ultimo pase.
Se acercaba a la boca del callejon. No habia trafico en la calle lateral, tan solo un coche solitario y oscuro aparcado junto al bordillo mas proximo. No se fijo en el hasta una fraccion de segundo antes de que una enorme silueta oscureciera la boca del callejon. Una espantosa premonicion lo asalto en aquel mismo instante.
Voy a morir esta noche.
El maletero del coche se abrio, y la bombilla interior alumbro un rostro cubierto con un pasamontanas oscuro. El hombre metio la mano en el maletero y al sacarlo llevaba una barra de hierro.
Ken Ibsen se detuvo, acometido por una sensacion de irrealidad. Al cabo de unos segundos se giro lentamente, pensando en volver sobre sus pasos. El menor de los males. Sin embargo, no habia vuelta atras ni mal menor. Otra silueta sin rostro le cortaba la huida por el otro lado. Una silueta que tambien llevaba algo en la mano.
Percibio el mal que manaba de ellos mientras se acercaban a el. El terror lo asalto como un relampago. Profirio un grito desgarrador, saco el aerosol e intento apretar la valvula. El atacante hizo un movimiento rapido, y el brazo de Ken cayo a un lado, roto e inutilizado. El aerosol se estrello contra el suelo con un golpe metalico. Estaba planteandose echar a correr cuando la barra lo alcanzo en la rodilla y el hueso se quebro como cristal.
Quiso gritar, pero el atacante le hizo anicos la mandibula, y empezo a escupir dientes.
Una vez mas penso que no queria morir vestido de mujer, y entonces se hizo la oscuridad.
Liska aparco el coche en zona prohibida a escasa distancia del cafe en el que Ibsen la habia citado. Llegaba con muchisimo retraso. Maldito fuera Speed por tardar tanto.
Los pocos clientes que quedaban se sentaban en grupos de dos o tres, tan alejados los unos de los otros como era posible, absortos en sus respectivas conversaciones. Nadie alzo la mirada cuando Liska entro. Fue derecha a la barra, donde el unico empleado visible tenia la nariz metida en un libro mas voluminoso que las paginas amarillas.
– ?Que estudia? -le pregunto mientras sacaba la placa del bolso.
El camarero la miro a traves de unas gafas modernas. Tenia hermosos ojos castanos y la clase de rostro fino y elegante que los pintores solian atribuir a Jesucristo.
– Estudio el fenomeno de que mi padre se esta gastando un monton de pasta para que yo pueda aprender a hacer unos
– No. Habia quedado con alguien aqui, pero me he retrasado. Es un tipo bajito y delgado con el pelo de color platino.
El estudiante de medicina denego con la cabeza.
– No he visto a nadie con esa pinta. Eso si, habia un travesti vestido de Marilyn Monroe. Parecia estar esperando a alguien, pero se fue hace un rato. Espero que no se tratara de una cita a ciegas.
– No. ?Cuanto hace que se fue?
– Diez o quince minutos. Salio por la puerta trasera. Trabaja en el Boys Will Be Girls. A veces los currantes vienen a tomar algo entre pase y pase; de lo contrario no lo sabria -se apresuro a anadir.
– Un travesti -mascullo Liska entre dientes-. La cosa se pone cada vez mas interesante.
Su gran informador iba por el mundo vestido de Marilyn Monroe. Claro que los curas y los banqueros no solian acabar como informadores de la policia, se recordo, y si lo hacian era porque en realidad eran unos pervertidos o unos ladrones.
Y su madre se preguntaba por que no salia con mas hombres.
Recorrio el pasillo, paso delante de los servicios y llego a la puerta trasera del cafe. El estudiante de medicina la seguia como un cachorrillo.
– ?No conocera a nadie en el deposito de cadaveres? -pregunto el joven-. Porque tal como esta el patio, puede que sea la mejor opcion. Al menos nunca te denuncian por negligencia profesional.
– Si, conozco a bastante gente -asintio Liska-. No es un mal trabajo si soportas el olor.
Abrio la puerta y se asomo al callejon oscuro, humedo y sucio. Deberia haber ratas y unos cuantos huerfanos harapientos para completar el cuadro, penso justo antes de divisar a un hombre inclinado sobre algo a unos diez metros de distancia. La figura estaba de pie en el pequeno circulo de luz que proporcionaba una bombilla colocada, sobre una puerta. Al oir a Liska dio un respingo y la miro como un coyote sorprendido rebuscando entre la basura, tentado de salir huyendo, pero reacio a soltar el botin. Se movio lo suficiente para que la luz mortecina iluminara su presa, y Liska empezo a comprender lo que veia: un zapato de mujer, una pierna desnuda, un mechon de cabello claro.
