– ?Eh, usted! -grito al tiempo que desenfundaba el arma y se protegia tras un contenedor-. ?Policia! ?Apartese del cuerpo! ?Llame a la policia y pida una ambulancia! -ordeno al estudiante-. Digales que se ha producido un asalto. ?Deprisa!
El coyote echo a correr. Liska salio en su pos gritando y apuntandolo con el arma mientras se preguntaba si tendria un arma, y en tal caso, si se volveria para disparar contra ella. En aquel momento, el hombre dio un traspie y perdio unos instantes preciosos en su intento de recobrar el equilibrio. Liska lo alcanzo, se abalanzo sobre el, lo derribo y lo inmovilizo con la rodilla al tiempo que con la mano lo asia del cuello del abrigo y el cabello grasiento, y con la izquierda lo apuntaba con el arma.
– ?Queda detenido, cabron! ?No se mueva!
– ?No he hecho nada!
El tipo despedia un hedor nauseabundo a whisky barato y diarrea. Intento incorporarse, pero Liska lo golpeo en la cabeza con la culata de la Sig.
– ?Le he dicho que no se mueva!
– ?Pero si no he hecho nada!
– Si me dieran un dolar por cada capullo que dice eso, tendria una mansion y un criado llamado Raoul.
– ?Preguntele a Beano! ?Fueron otros tipos!
– ?Silencio!
Liska miro a la victima por encima del hombro. No distinguia sus facciones ni si respiraba. Esposo al coyote con las manos a la espalda.
– Quedese aqui. No se levante ni se mueva.
– Pero no he sido yo -gimoteo el tipo.
– Si vuelve a decir eso, le pego un tiro. ?Cierre el pico de una puta vez!
El hombre rompio a llorar cuando Liska se aparto de el para examinar a la victima.
– ?Esta usted bien, senora? -inquirio.
Una pregunta estupida para obtener una respuesta, cualquier respuesta, un gemido, un grunido, lo que fuera.
Se acuclillo junto al cuerpo y deslizo la mano bajo el cabello rubio apelmazado para comprobarle el pulso en el cuello. En un primer momento creyo estar ante la parte posterior de la cabeza, una masa ensangrentada de huesos aplastados sin facciones. Pero de repente, la victima aspiro una brevisima bocanada de aire con un espantoso sonido de succion, y Liska vio burbujas de sangre brotar de lo que debia de haber sido la boca.
– Dios mio -musito al localizar con dedos temblorosos el pulso debil e irregular.
Con la otra mano aparto cuidadosamente la melena. Era una peluca que se aparto con facilidad al tacto, dejando al descubierto el cabello corto de color platino ensangrentado a causa de la fractura craneal. Ken Ibsen.
El hombre yacia en el suelo como una muneca rota, las extremidades dobladas en angulos imposibles. En una mano aferraba un pedazo de papel, una servilleta. Liska se la quito de entre los dedos espasmodicos y la sostuvo a la debil luz de la bombilla. Garabatos. Probablemente lo que habia estado haciendo mientras la esperaba en el cafe. Palabras casuales y algunos dibujos. Se fijo en unas palabras: «Negligencia con resultado de muerte».
En aquel momento, el estudiante de medicina volvio casi sin resuello.
– Estan en camino -jadeo, y en aquel momento se oyo el aullido distante de una sirena-. He traido una linterna -anadio antes de alumbrar con ella el rostro de la victima.
De repente, la linterna cayo al suelo. El estudiante de medicina se volvio y vomito, empezando a replantearse su futuro en el campo de la medicina.
Capitulo 22
Advirtio su presencia tras ella antes de mirar. La percepcion se adueno de ella como una marea, atenazandole la garganta y amenazando con brotarle de la boca en forma de grito. El miedo le agarroto los musculos de la espalda, por lo que le costo sobremanera darse la vuelta; se sentia como si llevara una camisa de fuerza.
El hombre estaba de pie entre las sombras del salon, una silueta definida por la luz de la luna que entraba por las ventanas, aunque no permitia distinguir sus facciones. No hablo ni se movio mientras ella lo miraba. Se pregunto si creeria poderse hacer invisible permaneciendo quieto. Eso era lo que ella creia de pequena. Si me quedo muy quieta, nadie me vera.
A renglon seguido, penso que si fingia no verlo, tal vez desapareceria.
Se alejo de la silueta, intentando no apresurarse, y entro en el comedor. El hombre no la seguia, pues de lo contrario habria oido sus pisadas sobre el parque, y no las oia. Sin embargo, al volverse comprobo que seguia alli, inmovil entre las sombras del pasillo, mirandola.
Contuvo el aliento hasta tener la sensacion de que la estrangulaban, y de repente comprendio que, en efecto, asi era. Un hombre de manos grandes le apretaba la garganta desde atras, oprimiendo los huesecillos esenciales. Le agarro las manos en un intento de liberarse, pero el hombre la atrajo hacia si e intento empujarla al suelo. Una oleada de adrenalina se adueno de ella, y de pronto consiguio liberarse y aspirar una profunda y temblorosa bocanada de aire. Miro por encima del hombro mientras echaba a correr y lo vio con toda claridad. Era Andy Fallon, el rostro livido e hinchado, los ojos vacuos, la lengua protuberante entre los labios.
Y en aquel momento desperto. Se habia levantado del sofa de un salto y volvio en si cuando sus pies tocaron el suelo. Dio un traspie y choco contra el baul antiguo que hacia las veces de mesilla. Se llevo las manos al cuello, aranandose al intentar aflojar el cuello alto del jersey que llevaba, un suave jersey de algodon que se habia puesto porque la hacia sentirse protegida. Ahora estaba empapado en sudor.
Las lagrimas afloraron a sus ojos cuando se dio cuenta de lo que habia sucedido, cuando penso en la cantidad de veces que habia pasado por aquello y se habia preguntado si terminaria alguna vez. Cayo de rodillas e intento sepultar el rostro entre las manos, gimiendo al tocar las magulladuras que lo cubrian.
Estaba muy cansada fisica, mental y emocionalmente. Fatigada por la falta de sueno, por el estres, por las pesadillas, por el sentimiento de culpabilidad. Por todo.
Por un instante se pregunto como seria tener a alguien que la ayudara a soportar las cargas de la vida. Que fantasia tan absurda. Su destino era estar sola, le gustara o no. Era lo que pasaba con el destino. El destino no te pedia tu opinion, no tenia en cuenta tus deseos y necesidades. Y por ello estaba sola, temblando por la tension y por el sudor que empezaba a enfriarse sobre su piel, intentando no llorar porque de nada serviria. Llorar no era mas que un desperdicio de energia que no podia permitirse… Era una de las pocas lecciones utiles que su padre le habia ensenado.
Cerro los ojos y empezo a hacer ejercicios de respiracion para calmar su corazon desbocado y sus nervios. Sin previo aviso acudio a su memoria el recuerdo de una fuerte mano apoyada en su hombro, una presencia solida junto a ella. Vio los ojos oscuros de Sam Kovac mirandola por el espejo del servicio de senoras. Percibio de nuevo la preocupacion que traslucian tanto su expresion como su voz. Por un momento se permitio imaginar como habria sido volverse hacia el y apoyar la cabeza en su pecho mientras el la abrazaba.
Kovac era una roca, un ancla. Parecia tan solido que no creia que nada pudiera zarandearlo. Claro que nunca lo averiguaria. Era el ultimo hombre al que permitiria acceder a su mente e intentar domesticar las serpientes que la poblaban. Estaba destinada a combatirlas sola, y asi seria. Llevaba mucho tiempo haciendolo. Pero esa noche… Esa noche estaba tan cansada y se sentia tan sola…
Lanzo un suspiro y se obligo a levantarse. Procedio al sempiterno registro de las habitaciones de la planta baja, recorriendo la silenciosa casa como un zombi, sin ver nada, vagamente consciente de que buscaba algo invisible. Termino el registro en el salon y permanecio largo rato contemplando la pared cubierta de las fotografias que habia tomado a lo largo de los anos. Eran paisajes y naturalezas muertas en blanco y negro. Imagenes hermosas, vacias, inhospitas, austeras. Una proyeccion del fuero interno de la fotografa, diria cualquier psicologo.
