El tiempo transcurrio de forma inadvertida. No sabia si llevaba alli cinco minutos o una hora cuando sono el timbre de la puerta. El sonido la sobresalto de tal modo que se pregunto si habria vuelto a sumirse en el universo de las ensonaciones y el timbre acababa de sacarla de el, o bien si formaria parte de la siguiente pesadilla.

De nuevo el timbre. Con el corazon en un puno, acudio a la puerta y espio por la mirilla. Era Kovac. Sin saber a ciencia cierta si se trataba de una imagen conjurada por su mente, abrio.

– Las luces estaban encendidas -empezo Kovac a modo de explicacion.

Savard se lo quedo mirando.

– Supuse que estaria despierta -anadio Kovac-. ?Me equivocaba?

Savard se toco el cabello con timidez e intento disimular con la mano la herida que le rodeaba el ojo, aunque al poco desistio. Se miro y comprobo que iba vestida.

– Yo… esto… me habia quedado dormida en el sofa.

– En tal caso, siento haberla despertado.

– ?Que quiere, sargento?

Kovac se apoyo alternativamente en un pie y en el otro, las manos embutidas en los bolsillos y los hombros encogidos.

– Para empezar, entrar, si no le importa, hace mucho frio.

Cruzandose de brazos para protegerse de la noche gelida, Savard entro en el vestibulo sin impedir que Kovac la siguiera Se miro en el espejo situado sobre la mesilla y quedo horrorizada. Profundas ojeras, piel palida en extremo, cabello lacio y alborotado. Parecia magullada y perdida. Atormentada. De hecho, habria preferido que Kovac la viera desnuda, ya que en tal caso al menos se habria fijado en otras partes de su cuerpo y no en su rostro ni en el estado mental que reflejaba

– ?Interrumpo algo, como una velada con su media naranja? -inquino Kovac sin ambages

No, a menos que los demonios interiores cuenten, penso Savard.

– ?Que hace aqui, sargento?

– Pasaba por aqui.

Savard vio el reflejo de Kovac en el espejo. El detective la observaba con atencion, y ella se volvio bruscamente, soportando con una mueca las punzadas de dolor en el cuello y la espalda.

– Plymouth no se encuentra en su jurisdiccion -comento.

– No estoy de servicio. Un amigo mio vive cerca de aqui. Se llama John Quinn. ?Lo conoce?

– He oido hablar de el.

– Fui a hacerle algunas preguntas sobre Andy. Sigo sin estar convencido de que muriera solo o por voluntad propia. Tal vez fuera un accidente -admitio-, pero si lo fue y no estaba solo, entonces otra persona huyo del escenario de su muerte, y quiero averiguar quien, porque habra que pedirle explicaciones, ?no le parece?

Savard aliso con una mano las arrugas que se habian formado en su jersey mientras dormia Se sintio tentada de arreglarse de nuevo el cabello. Detestaba que Kovac la viera en aquel estado, tan… vulnerable. La palabra retumbo en su cabeza como un nervio golpeado con un martillo.

– ?Y que dice el senor Quinn? -pregunto, incapaz de mirarlo a los ojos, como si pudiera evitar que viera su rostro magullado si no lo miraba.

Si me quedo muy quieta, nadie me vera…

– Pues varias cosas -repuso Kovac, desplazandose un poco para seguir frente a ella-. A decir verdad, no siempre hago demasiado caso a todo eso de la psicologia A veces, una persona hace lo que hace simplemente porque es escoria. Pero a veces, el pasado atormenta a un hombre… o a una mujer, hasta el extremo de empujarlo a hacer cosas.

– Los perfiles psicologicos sirven para cazar a los asesinos en serie -observo Savard-, y aqui no se trata de un asesino en serie… En realidad, no se trata de ningun asesino.

– Puede que la familia Fallon discrepe a la vista de que dos de sus miembros han muerto en la misma semana -senalo Kovac-. En cualquier caso, cuando salia de casa de John, me acorde de usted, teniente.

– ?Por que?

– En el funeral olvide preguntarle si habia buscado aquel expediente, el de la investigacion de Fallon acerca del asunto de Curtis y Ogden.

– ?Insinua que Ogden era el amante secreto de Andy y que es un asesino en serie en potencia? No le sigo, sargento.

– Lo unico que pretendo es recabar todos los datos para forjarme una imagen lo mas clara posible. Aprendi hace mucho tiempo que si un investigador se cine a un solo aspecto de un caso, corre el riesgo de pasar por alto piezas cruciales del rompecabezas. ?Como voy a saber donde encaja cada una si no veo la imagen global? En fin, ?busco el expediente?

Savard desvio la mirada hacia la puerta de su despacho, deseando poder entrar en el y cerrar la puerta.

– No he tenido ocasion.

Kovac volvio a colarse en su campo de vision.

– ?Le importa si nos sentamos? Me parece que lo necesita, teniente, sin animo de ofender.

– Si lo invito a sentarse, ello implica que no me importa que se quede durante un periodo indefinido de tiempo, y la verdad es que si me importa.

Kovac hizo caso omiso del insulto.

– Pues entonces sientese usted y yo me quedare de pie. Tengo la impresion de que esta un poco debil.

Por tercera vez en un solo dia, Kovac la toco, y ella no se lo impidio. El detective le apoyo las manos en los hombros y la condujo hasta el sofa estilo Windsor colocado junto a la pared. Savard se sentia muy pequena, como una nina fragil e incapaz de reaccionar. Podria haberle pedido que se marchara, pero una parte de ella no queria que se marchara. El enojo, la frustracion y la verguenza se arremolinaban en su interior con necesidades que casi nunca reconocia tener.

– Busque el expediente en casa de Andy -prosiguio Kovac-. Mejor dicho, busque un duplicado en su despacho. Queria saber en que estaba trabajando, como actuaba, si lo habian amenazado… Cualquier cosa que me permitiera entender como era y en que estado mental se encontraba a su muerte. Pero no encontre ningun expediente, y su ordenador habia desaparecido. Era un IBM ThinkPad. ?Sabe algo del asunto? ?Lo dejo en su oficina del departamento?

– No lo se, pero no lo creo. Puede que lo dejara en el coche o que lo perdiera. Puede que lo llevara a reparar o que se lo robaran.

– Puede que se lo robara alguien que no queria que alguien como yo descubriera lo que contenia -aventuro Kovac al tiempo que cogia una figurilla de Papa Noel de la mesilla y la examinaba. Savard lanzo un suspiro.

– Manana mismo echare un vistazo al expediente. ?Algo mas, sargento?

– Si.

Kovac dejo la figurilla en su lugar, se acerco a ella, le levanto la barbilla con delicadeza y la miro a los ojos.

– ?Como se encuentra?

Con el corazon en un puno, mareada, vulnerable. Otra vez aquella palabra.

– Bien… Cansada. Quiero acostarme.

Kovac paseo lentamente un dedo ante sus ojos, arriba y abajo, a izquierda y derecha, como habia hecho aquella misma manana en su despacho. Con la mano izquierda seguia sosteniendole la barbilla.

– No se ofenda, teniente -musito-, pero para ser una mujer tan hermosa, tiene un aspecto espantoso.

– ?Como me voy a ofender ante semejante comentario? -replico Savard con una ceja enarcada.

Kovac no contesto. Estaba observando la abrasion causada por la alfombra, las lineas de su rostro… sin soltarle la barbilla… mirandole la boca. Savard no se atrevia a respirar.

– Porque es muy hermosa, ?sabe? -musito Kovac.

Savard desvio la vista y exhalo un suspiro entrecortado.

– Deberia irse, sargento.

– Deberia -reconocio Kovac-. Antes de que se encargue de que me suspendan por hacerle un cumplido. Pero antes quiero una cosa.

Haciendo acopio de la escasa fuerza que le quedaba, Savard adopto la expresion severa que exhibia en su vida profesional, pero Kovac no se inmuto.

– Llameme Sam -pidio con los labios curvados en una leve sonrisa-. Quiero saber como suena.

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