Es imposible que yo quiera esto, penso Savard con desesperacion mientras el temor le formaba un nudo en el estomago. Es imposible que lo desee. Es imposible que lo necesite.
– Quiero que se vaya… sargento Kovac.
Kovac permanecio inmovil unos instantes, y Savard contuvo el aliento en un intento futil de leerle el pensamiento. Por fin, el detective aparto la mano y se irguio.
– Llameme si encuentra algo interesante en el expediente.
Savard se levanto con las piernas temblorosas y se cruzo de brazos. Kovac se detuvo junto a la puerta.
– Buenas noches, Amanda -se despidio antes de encogerse de hombros con su tipica sonrisa torva-. Total, ?que mas le da otra suspension a un perro viejo como yo?
El viento gelido barrio el vestibulo cuando salio. Savard echo el cerrojo y apoyo la espalda contra la puerta, recordando la calidez de sus dedos sobre la piel. Las lagrimas le ardian en los ojos.
Subio la escalera muy despacio. La lampara de la mesilla de noche ya estaba encendida y seguiria encendida toda la noche. Se puso un camison, se metio en la cama y se tomo un somnifero con un vaso de agua. Luego se tendio sobre el costado izquierdo, abrazada a la almohada, y espero a que la venciera el sueno, los ojos muy abiertos, sintiendo una soledad que era un dolor fisico en lo mas hondo de su ser.
Capitulo 23
Liska deseo que aquello fuera una pesadilla. El hecho de que su informador fuera un travesti y estuviera en coma, de haberse pasado media noche congelada en un callejon mugriento, de que el coche de Speed estuviera aparcado delante de su casa y su ex se hallara dentro, esperandola…
Aparco junto al bordillo mientras intentaba recordar las normas en caso de nevadas abundantes y se convencia de que su coche seria arrastrado por las fauces de una maquina quitanieves, lo cual no haria mas que granjearle una multa y anadir aun mas lena al fuego de su humillacion. A tomar por el culo, se dijo al bajar del coche y caminar arrastrando los pies hasta la puerta principal. Al menos asi cobraria el seguro y podria comprarse un coche. Tal vez un Chevette usado, teniendo en cuenta el giro que su carrera prometia tomar en un futuro proximo.
La lampara de la mesilla estaba amortiguada al minimo, y por television daban un infocomercial en el que un tipo prometia autoestima e iluminacion espiritual a traves del kickboxing. Speed y R. J. estaban dormidos uno junto al otro en el sillon. Eran sin confusion posible padre e hijo; incluso se les alborotaba el pelo en los mismos sitios. R. J. llevaba un pijama de Spiderman con pies y la marioneta de Cartman sujeta bajo el brazo.
Liska se los quedo mirando, furiosa por las emociones que despertaba en ella la escena. Anhelo, pena, necesidad… Que injusticia tener que enfrentarse a ellas precisamente esa noche, despues de todo lo que habia sucedido. Se llevo una mano a la boca en un intento de combatir los sentimientos que se arremolinaban en su mente.
Maldita sea. No sabia si habia pronunciado las palabras en voz alta o tan solo las habia pensado. Tampoco sabia si se maldecia a si misma o a su ex.
En aquel momento, Speed abrio los ojos, la miro y se volvio un instante hacia su hijo. Con infinito cuidado se levanto del sillon y cubrio a R. J. con una manta echada sobre el sofa.
– ?Tan mal estan las cosas? -pregunto en un murmullo mientras se acercaba a ella.
Se referia al momento, al modo en que Liska lo miraba y como se sentia ante su presencia, pero siguiendo el ejemplo de Speed, Liska decidio aplicar la pregunta al caso.
– Mi informador, que es una drag queen, esta en la UCI con una cara que solo a Picasso le gustaria. Segun dos testigos, a uno de los cuales sorprendi intentando robar los efectos de valor de la victima, lo atacaron unos ninjas con barras de hierro.
– Los ninjas no usan barras de hierro.
– No te hagas el gracioso, Speed. Ahora mismo no puedo soportarlo.
– Creia que te gustaba cuando me hacia el gracioso. Es una de mis grandes cualidades.
Liska se limito a desviar la vista.
– Eh, vamos, Nikki. No puede haber ido todo tan mal. Al fin y al cabo, sigues en pie.
– Va peor que mal.
– ?Quieres hablar de ello?
Traduccion: ?Quieres apoyarte en mi, confiarme tus penas y permitir que te ayude a sobrellevar la carga?
Si, pero no lo hare.
– Nikki -murmuro Speed, acercandose demasiado.
Le acaricio la mejilla con una mano calida, le deslizo los dedos por el cabello corto y la rodeo con el otro brazo.
– No siempre tienes que hacerte la fuerte.
– No me queda otro remedio.
– Esta noche si -murmuro mientras le rozaba la sien con los labios.
Un escalofrio la recorrio de pies a cabeza al intentar reprimir el impulso de dejarse llevar y permitir que Speed la sostuviera entre sus brazos.
– ?Que es lo peor de todo? -prosiguio su ex.
Saber que al final me defraudaras. Temer equivocarme y que en realidad no me defraudes; pero no te dare ocasion de demostrarlo, porque estoy harta de que me hagas dano.
– Estar convencida de que ha acabado asi porque no llegue a tiempo -explico en cambio mientras luchaba por contener las lagrimas.
– Ese tipo es un informador, Nikki. Le han dado una paliza por eso, no por tu culpa.
– Pero si hubiera estado ahi… -insistio ella.
– Se la habrian dado en otro momento.
– No se si sobrevivira. De hecho, no se si querra sobrevivir -musito Liska-. Deberias ver lo que le han hecho, Speed. Es horrible.
– No te culpes, Nikki, sabes que no tiene sentido.
Los policias no tardaban en aprender a no dejarse llevar por esa clase de emociones, pues el camino hacia la locura estaba poblado de sentimientos de culpabilidad. Kovac tambien se lo habia recordado cuando lo llamo para darle la noticia. Sin embargo, costaba horrores no achacarse la culpa de lo sucedido. A fin de cuentas, Ibsen la habia estado esperando.
– Creo que le han roto todos los huesos de la cara -refirio-. Le han fracturado el brazo, la clavicula, varias costillas, una rodilla… Y lo han sodomizado con un tubo.
– Dios mio.
Liska respiro hondo antes de proferir la confesion que mas la torturaba.
– Y lo peor de todo es que creo que los culpables son policias.
Speed quedo inmovil. Liska percibia el latido de su corazon bajo la mano.
– Por Dios, Nikki, ?en que andas metida? Investigando a otros polis…
– Ojala no sea cierto -lo atajo Liska-. A decir verdad, no quiero tener nada que ver con ello. Se supone que somos los buenos, y no me apetece nada ser yo quien demuestre lo contrario.
La sola idea le resultaba tan repugnante como un virus que se hubiera apoderado de su sangre, y se estremecio ante semejante intrusion. Speed la abrazo con mas fuerza, y no se lo impidio. Se sentia espantosamente sola, tal vez porque era de noche, porque solo seria por un momento, porque su tacto y su olor le resultaban tan familiares, porque cuando Speed se fuera, tendria que volver a cargar sola con todo…
– Es horrible -murmuro, sabedora de que no solo se referia al caso.
Detestaba experimentar aquel anhelo, tener que hacerse siempre la dura, las contradicciones, las lagrimas que le ardian en los ojos y los sentimientos encontrados que le producia estar en brazos de su ex.
