– Que catolico -puntualizo Kovac-. Asi lo educaron. Neil Fallon no es un asesino a sangre fria. Si se cargo al viejo, no podra vivir mucho tiempo con el sentimiento de culpabilidad.

– No se, Sam -dudo Tippen-. ?Acaso no albergamos todos sentimientos de culpabilidad por algo? Los arrastramos durante toda la vida como un lastre, algo que nos domina y nos impide alcanzar la felicidad verdadera. Nos recuerda que somos indignos y nos proporciona la excusa perfecta para no esforzarnos al maximo.

– La mayoria de las personas no se cargan a su padre. Esa clase de sentimiento de culpabilidad estalla tarde o temprano -aseguro Kovac.

Dicho aquello se levanto, deseando no tener que hacerlo.

– ?Adonde vas? -quiso saber Tippen-. Te toca pagar.

Kovac dejo algunos billetes sobre la mesa.

– Voy a ver si puedo acelerar un poco el proceso.

A pocas puertas de Steve Pierce se celebraba una fiesta de Navidad; musica y carcajadas escaparon de la casa cuando llego un nuevo grupo de invitados a la casa adosada. Kovac permanecio apoyado contra su coche mientras apuraba el cigarrillo y despues de arrojarlo al suelo se dirigio a la puerta de Pierce.

En la casa habia luz, y el Lexus de Pierce estaba aparcado en el sendero de entrada. Tal vez habia ido a pie a la fiesta de los vecinos, pero Kovac lo dudaba. Aquel ano, Steve Pierce no celebraria las Pascuas. Resultaba muy dificil estar alegre con una losa de perdida, dolor y culpa colgada del cuello. Kovac esperaba que la prometida se hubiera marchado, dejando a Pierce solo y vulnerable.

– Hay que abusar de ellos cuando peor estan -mascullo Kovac entre dientes antes de llamar al timbre.

Al cabo de unos instantes sin obtener respuesta, llamo de nuevo. A la casa de la fiesta llegaron mas invitados. Uno de ellos, que llevaba una bufanda de color rojo brillante, corrio al jardin, rodeo los hombros de un muneco de nieve y empezo a cantar un villancico.

– Por el amor de Dios, otra vez usted -bufo Pierce al abrir la puerta-. ?Ha oido hablar alguna vez del telefono?

– Prefiero el contacto personal, Steve. Demuestra que de verdad me importa lo que hago.

Pierce ofrecia un aspecto aun mas lamentable que la noche despues de encontrar el cadaver de Andy Fallon. Llevaba la misma ropa y olia a tabaco, whisky y sudor… la clase de sudor provocado por la tension nerviosa, un olor distinto del sudor fisico, mas acre y penetrante. En una mano sostenia un vaso de whisky medio lleno, y de sus labios colgaba un cigarrillo. A juzgar por su apariencia, no se habia afeitado desde el funeral.

– Lo que quiere es meterme entre rejas -dijo.

– Solo si ha cometido un delito.

Pierce se echo a reir. Estaba casi borracho, pero con toda probabilidad, no se atreveria a cruzar la frontera para entumecer el dolor por completo. Kovac sospechaba que Pierce queria experimentar ese dolor, y el whisky lo ayudaba a mantenerlo dentro de unos margenes soportables.

– Neil Fallon esta en la carcel -anuncio Kovac-. Cabe la posibilidad de que matara a su padre. Me gustaria conocer su opinion al respecto.

– Bueno, eso merece un brindis -exclamo Pierce, alzando la copa-. Entre, sargento -invito al tiempo que se apartaba de la puerta abierta.

Kovac lo siguio.

– ?Un brindis porque Neil esta en la carcel o porque Mike ha muerto?

– Dos por el precio de uno. La verdad es que eran tal para cual.

Entraron en la salita de las paredes azul marino. Kovac cerro la puerta tras de si para ganar unos instantes en el caso de que apareciera la novia.

– ?Conoce bien a Neil?

Pierce saco otro vaso de la alacena instalada sobre el bar, lo lleno de Macallan y relleno su propio vaso.

– Lo bastante para saber que es un bruto, un tipo carcomido por la furia, celoso y mezquino. De tal palo, tal astilla -recito mientras alargaba el vaso a Kovac-. Siempre le decia a Andy que en el hospital debian de haberse equivocado de familia cuando nacio, porque era incomprensible que procediera de esa manada de perros rabiosos. Era tan decente, tan bueno, tan amable…

Sus ojos se llenaron de lagrimas, y se volvio hacia la estrecha ventana que daba al costado de la casa. La casa contigua estaba a oscuras.

– Era mucho mejor que ellos -prosiguio con voz tensa por la frustracion y la injusticia percibida-, pero pese a todo, no paraba de intentar ganarselos.

Kovac tomo un sorbo de whisky, comprendiendo al instante por que la botella costaba cincuenta dolares. Sabia a oro liquido.

– Fue el favorito de su padre durante mucho tiempo -observo sin apartar la mirada de Pierce mientras se desplazaba hacia el costado de una de las butacas de cuero para tener mejor perspectiva-. Imagino que le costaria mucho aceptar el rechazo del viejo.

– Se pasaba la vida intentando compensarlo, como si tuviera algo de que avergonzarse. Queria que su padre comprendiera lo que un hombre como el no captaria ni en un millon de anos. Le dije a Andy que lo dejara correr, que no podia cambiar a su padre, pero no me hizo caso.

– ?Como pensaba compensar a su padre?

– No lo se -repuso Pierce, encogiendose de hombros-. Ahi estaba el problema. Andy creia que quiza podian hacer algo juntos, como escribir las memorias del viejo o algo asi. A veces hablaba de ello, de que quiza si conociera mejor a su padre, lo comprenderia mejor y encontraria algun denominador comun. Queria saber mas cosas del tiroteo que lo dejo invalido, porque habia sido un momento decisivo en la vida de Mike. Pero el viejo no apreciaba los esfuerzos de Andy. No queria hablar de lo sucedido ni de sus sentimientos. No creo que ni siquiera tuviera el vocabulario necesario para expresarlos. El hecho de encontrarse a si mismo no ocupa precisamente un lugar destacado en la lista de prioridades de las personas como Mike Fallon o Neil.

– ?Y que me dice de Neil? -quiso saber Kovac-. Afirma que no se inmuto cuando Andy le conto que era homosexual.

Pierce se echo a reir de nuevo.

– Ya, seguro. De todos modos, ya odiaba a Andy. Creia que el hecho de ser heterosexual le daria ventaja sobre su hermano ante el viejo. Habia dejado de ser la oveja negra, porque para los garrulos como Mike, la homosexualidad supera el estigma de ser un delincuente convicto.

– ?Andy lo veia mucho?

– De vez en cuando procuraba hacer cosas tipicas de hombres y de hermanos con Neil, como cazar, pescar y tal. Menuda perdida de tiempo. Neil no queria entender ni apreciar a Andy. Lo unico que queria de el era dinero.

– ?Le pidio dinero a Andy?

– Por supuesto. Primero se lo planteo como una buena inversion. Le dije a Andy que eso era una chorrada, que le diera el dinero a su hermano si no le importaba no volverlo a ver jamas. ?Una inversion? Menuda parida. Era como tirar el dinero por el retrete.

– ?Que hizo Andy?

– Darle largas. Le decia que quiza mas adelante, con la esperanza de que Neil captara la indirecta. -Tomo otro trago de whisky-. Inversion, bah…

– ?Sabe si alguna vez se pelearon?

Pierce nego con la cabeza, dio una ultima chupada al cigarrillo y apago la colilla contra el canto del alfeizar.

– No, Andy no queria pelearse con el; se sentia demasiado culpable por ser mejor que el Fallon medio. ?Por que lo pregunta? ?Cree que Neil lo mato?

– Aun no lo hemos descartado.

– No me cuadra. Neil no es lo bastante inteligente. A estas alturas ya le habrian echado el guante.

– Es que ya se lo hemos echado.

– Aun asi… ya me entiende -insistio Pierce mientras volvia al bar y rellenaba su vaso por enesima vez-. Neil no es un tipo pulcro, ?no le parece? Mas bien se decantaria por un arma de fuego, por un cuchillo, algo con mucha sangre y entranas, destruccion y huellas dactilares por todas partes.

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