Ogden fruncio los labios.

– Es usted una bocazas, Liska. No tiene nada; de lo contrario ya habria sacado las esposas.

– Es que no hay nada -anadio Rubel, aun impasible-. No hay caso.

Liska le dedico una sonrisa.

– Piensa lo que quieras, carino. Y ya que te pones, ?por que no piensas tambien un poco en lo que les pasa en la carcel a los chicos guapos como tu? Tengo entendido que la cosa se pone fea, aunque por otro lado… puede que te guste. -Levanto la mano y le dio una palmada en la mejilla-. Lastima que Eric no este vivo para hablarnos de ello.

?Toma ya, directo a la yugular!

Rubel no cambio de expresion, pero sintio el golpe como si de un balazo se tratara. Liska percibio la onda expansiva del impacto, y Rubel sabia que ella lo sabia. Saboreo el momento. Tal vez mil momentos como aquel acabaran compensando lo que habia sentido al ver las fotografias de Kyle y R. J.

O tal vez no.

Se volvio para marcharse y de repente vacilo. No fue mas que una fraccion de segundo, y lo mas probable era que Ogden y Rubel no repararan en su titubeo. Pero en aquella fraccion de segundo sus miradas se encontraron. De pie a unos tres metros de distancia, tomandose un descanso entre serie y serie de ejercicios de piernas, estaba Speed.

– ?Estais seguros de que el mecanismo de activacion de voz funciona? -gimoteo Springer-. ?Y si no se pone en marcha?

Barry Castleton estaba de rodillas ante el, fijando la minigrabadora al blandengue abdomen de Springer con cinta adhesiva. Como detective encargado del caso Ibsen, Castleton merecia cierta deferencia cuando Springer claudico. Liska queria el asunto para si, mas por razones personales que para anotarse un tanto en el expediente, pero no podia excluirlo sin sentirse culpable. Castleton, un hombre negro de cuarenta y tantos anos y cierta tendencia a vestirse como un profesor ingles; era un buen policia y un buen hombre. Si tenia que compartir el caso con alguien, no le importaba que fuera el.

– No te preocupes -aseguro Barry a Springer-. Nunca falla.

– Todo puede fallar con el gilipollas adecuado -bufo Kovac.

Springer, Castleton, Tippen, de la oficina del sheriff, estaban fuera de su jurisdiccion y querian cubrirse las espaldas con los del condado; Liska y Kovac ocupaban la cocina de Springer. La senora Springer habia ido a pasar unos dias con una hermana suya. Liska se pregunto si volveria una vez pasara todo. Probablemente, aunque por otro lado, quedaba por ver si Cal eludiria la carcel y estaria en casa cuando su mujer regresara.

La primera parte de Springer en el drama habia consistido en hacer la vista gorda cuando Ogden puso pruebas en casa de Renaldo Verma. Por ese motivo, Ogden lo tenia cogido de las pelotas. Una cosa era que un agente hiciera una estupidez, pero el detective encargado de un caso de asesinato era un objetivo mucho mas importante y tenia mucho mas que perder. Cal Springer, ya medio ahogado por los efectos de su elevado tren de vida, no podia permitirse el lujo de perder.

– No me encuentro bien -se quejo.

– Eso ya lo olemos, Cal -replico Castleton al tiempo que se levantaba.

Liska dejo de pasearse por la estancia como un oso enjaulado y le propino un puntapie.

– ?Ay! -gimio Springer mientras se inclinaba para tocarse la espinilla.

– Un hombre puede morir por tu culpa, y tu te quejas de que te encuentras mal -espeto Liska, asqueada-. Mis hijos fueron objeto de amenazas porque no fuiste lo bastante hombre para decir no a Bruce Ogden.

– Podria haber perdido mi empleo -se justifico Springer.

– Pues ahora iras a la carcel. Buena eleccion, Cal.

– No lo entiendes.

Liska se lo quedo mirando con incredulidad.

– No, no lo entiendo ni lo entendere nunca. Permitiste que Ogden falsificara pruebas para poder cerrar un caso y asi anotarte un tanto.

– ?Que mas le daba a Verma? -argumento Springer-. Era un asesino y sabiamos que lo habia hecho. Ademas… ademas… la victima era uno de los nuestros. ?No podiamos permitir que saliera impune!

– ?Como te atreves a fingir que te importa la justicia? -grito Liska-. No fue esa tu motivacion, te estas limitando a racionalizar tu culpa. Hiciste la vista gorda con lo de Verma para potenciar tu carrera.

– Como si tu nunca hubieras hecho nada para potenciar tu carrera -siseo Springer.

– Nunca he manipulado una investigacion, eso desde luego. ?Se te ocurrio alguna vez que quiza Verma no matara a Curtis, un policia homosexual seropositivo que habia cambiado de companero tres veces en cinco anos y habia presentado quejas formales por acoso?

– ?Cuando pille a Verma por el asesinato de Franz? No.

– Corta el rollo, Springer -tercio Castleton-. Fue Bobby Kerwin quien le echo el guante a Verma por lo de Franz. Tu ni siquiera participaste en eso.

Springer apreto la mandibula.

– Era una forma de hablar. Verma habia cometido un asesinato identico y no se cuantos atracos. ?Por que no cargarle el muerto?

– Entre otras cosas, porque no tenias pruebas fisicas -le recordo Tippen.

Springer lo miro con expresion cenuda.

– ?Por que iba a sospechar de otro policia, por el amor de Dios? Hablamos con todos los antiguos companeros de Curtis y no encontramos nada raro.

– Pues no os esforzasteis lo suficiente -replico Liska-. El ultimo companero de Curtis, Engle, me conto, y eso que no me conoce de nada, que creia que habia algo entre Curtis y Rubel. ?No te lo conto cuando investigabas el asesinato de Curtis?

– No tenia sentido -senalo Springer-. Joder, echale un vistazo a Rubel; no es marica. Ademas, ?por que iba a matar a Curtis? Hacia mucho que no eran companeros.

– Pues por el sida, capullo. Si Curtis contagio a Rubel una enfermedad incurable, a mi me parece movil suficiente.

Springer respiro hondo.

– ?Y no te parecio extrano que un par de meses despues del asesinato de Curtis, Derek Rubel, uno de los ex companeros de Curtis, de repente se hiciera companero del tipo que habia manipulado las pruebas del caso? - prosiguio Liska.

Springer daba la impresion de estar a punto de tener una rabieta, pero Liska lo asustaba demasiado.

– A los polis los cambian de companero cada dos por tres -mascullo, livido y tembloroso-. Ademas, por entonces el caso ya estaba cerrado.

– Ah, ya, el caso estaba cerrado, asi que, ?que mas daba cargarle el muerto a un tipo que no lo habia hecho? A fin de cuentas, habia cometido un crimen igual de espantoso, y ademas, Ogden te tenia bien pillado, ?verdad? Podia entregarte a Asuntos Internos en cualquier momento. Claro que eso le habria costado el puesto, pero a ti te habria costado mucho mas. De modo que cuando Ogden y Rubel necesitaron una coartada para el jueves por la noche, Ogden no tuvo mas que llamarte por telefono.

– Ogden me habria destruido.

– Los polis malos se destruyen solos -musito Liska.

Recordo que Savard le habia dicho lo mismo cuando fue a Asuntos Internos tras el descubrimiento del cadaver de Andy Fallon. Tenia la sensacion de que habia pasado un ano entero desde aquel dia.

– ?Tampoco te importaba lo que le habian hecho a Ken Ibsen? -quiso saber.

Springer aparto el rostro, avergonzado. No le habia importado lo suficiente para poner en peligro su carrera, y alguien habia estado a punto de pagar con su vida por ello.

– Me gustaria poder arrastrarte junto a la cama de Ken Ibsen para que estuvieras alli cuando los medicos lo examinaran Me gustaria poder coger sus recuerdos de lo que esos dos animales le hicieron en aquel callejon y grabartelos para siempre en la memoria para que tuvieras que revivir el ataque cada dia de tu misera vida.

– ?Lo siento! -grito Springer.

– Ya.

Kovac se interpuso entre ambos y asio a Liska del brazo.

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