habia extinguido sola.

– Asi que tu repentino interes por mi y los chicos…

– Es sincero, Nikki.

– Por favor.

Speed se acerco a ella.

– Sabia que ibas detras de Ogden y Rubel; estaban en el gimnasio la tarde de lo de Fallon.

– ?Y con que finalidad me espiaste? -inquirio Liska-. Y todo sin decirme una puta palabra…

– Ya sabes que no puedo hablar de mis casos, Nikki.

– Ah, pero si sonsacarme informacion sobre los mios -replico ella, recordando cada pregunta que Speed le habia hecho a lo largo de aquella semana-. Eres tan cabron…

Speed se acerco mas, obligandola a retroceder, adoptando una expresion triste, preocupada y dolida por el bajo concepto que Liska tenia de el. Ella se aparto para eludir cualquier contacto fisico con el.

– Nikki, estaba velando por ti, por los chicos…

– ?Ah, si? ?Y como, si puede saberse? -lo atajo Liska-. ?No diciendome nada? ?No contandome que estabas alli?

– No me pediste precisamente que estuviera.

– ?No te atrevas a echarme la culpa!

Speed extendio los brazos y retrocedio un paso.

– Pense que podia cuidar de vosotros sin poner en peligro mi investigacion ni la tuya.

– Y asi no quedar como un capullo si la mia se iba al garete -replico Liska-. ?O acaso planeabas aparecer en el ultimo momento, como Superman, y arreglarlo todo en un santiamen? Eso te haria quedar como un rey, ?verdad? Pillas a los malos, te quedas con la chica…

Speed estaba perdiendo la paciencia, como siempre que el encanto y la falsa sinceridad le fallaban.

– Si es eso lo que piensas de mi, Nikki…

Liska respiro hondo y pugno por contener las emociones.

– Lo que pienso es que debes irte. Tengo trabajo.

Speed ahogo otro suspiro, reagrupo sus fuerzas e intento atacar de nuevo con el rollo de amigo preocupado.

– Mira, se que este no es el lugar ni el momento apropiado, pero queria asegurarme de que estabas bien. Puede que luego me pase por tu casa…

– No.

– Manana por la tarde puedo llevarme a los chicos un rato si quieres.

– Lo que quiero -mascullo Liska con la vista clavada en el lavadero, porque mirarlo dolia demasiado- es no verte durante un tiempo, Speed.

Su ex comprendio por fin que no iba a ganar esa batalla. El encanto personal y la apostura le funcionaban a las mil maravillas en la vida cotidiana, pero se le habian acabado los disfraces que usar con Liska, al menos hasta que volviera a sentirse lo bastante debil para confiar de nuevo en el.

– Llevate a los chicos manana por la tarde si lo que quieres es estar con ellos, pero no lo hagas para llegar hasta mi.

Speed vacilo un instante, como si tuviera algo mas que decir, pero por fin se fue por donde habia venido.

Liska permanecio inmovil, con la mirada clavada en el suelo mientras intentaba aclararse las ideas y poner la mente de nuevo en funcionamiento para volver al trabajo y ser la poli dura de siempre. Otra vez. Vio a Kovac bajo la arcada que conducia a la parte principal de la casa.

– ?Por que no aprendere? -suspiro.

– Porque eres una cabezota.

– Gracias.

– Te lo dice un experto -aseguro Kovac antes de acercarse y rodearle los hombros con un brazo-. Vamos, Tinks. A menos que decidas salir corriendo y pegarle un par de tiros en la cabeza a ese cabron, aqui hemos terminado. Dejalo por hoy y vete a casa. Te enviare un coche patrulla.

– No necesito… -intento protestar Liska con una mueca.

– Si que necesitas. Tu has desenmascarado a Rubel, pequena, y sabe donde vives.

Un escalofrio le recorrio la columna vertebral como un dedo helado.

– ?Sabes? -suspiro, apoyando la cabeza en el hombro de Kovac-. A veces me gustaria ser camarera.

Capitulo 33

A las seis de la manana, la noticia de la busqueda del agente Derek Rubel habia atraido a periodistas de todas las cadenas principales. Minneapolis estaba atestada de furgonetas y camaras. Kovac, Liska, Tippen y Castleton habian recibido ordenes de no hablar con nadie sobre el asesinato de Cal Springer. Leonard, el sheriff del condado de Hennepin y el jefe de policia de Eden Prairie se encargaban de hablar con la prensa.

Habian pedido ayuda al FBI, ademas de a la Oficina de Investigacion Criminal de Minnesota. Las patrullas de Trafico de Minnesota y Wisconsin tenian helicopteros en el aire, peinando toda la zona en busca del Explorer negro de Rubel, una mision tediosa que no cesaba de provocar falsas alarmas; Minnesota estaba llena de Ford Explorer negros, y ninguno de los que detuvieron y registraron resulto ser el de Rubel.

Los vecinos y todos sus companeros de trabajo conocidos fueron interrogados en un intento de conocer sus costumbres y confeccionar una lista de posibles escondrijos. Enviaron a varios agentes a un coto de caza de treinta y dos hectareas en las inmediaciones de Zimmermann, propiedad de media docena de policias, pero no hallaron rastro de Rubel en la tosca cabana.

Ogden, que habia recibido dos balazos en el tiroteo, habia sido transportado en helicoptero al hospital del condado de Hennepin, y se encontraba estable tras una intervencion quirurgica de tres horas. Aun no lo habian interrogado, pero el sindicato ya habia enviado a un abogado a la puerta de su habitacion.

Kovac se paso la noche trabajando, prefiriendo llamar a las puertas de perfectos desconocidos a quedarse en su casa vacia. Al amanecer, su capacidad de comunicacion estaba bajo minimos, de modo que paso el testigo a Elwood y volvio a casa.

El vecino estaba fuera, bajo el sol gelido, tocado con su gorra de piloto a cuadros mientras limpiaba la nieve de su jardin con una azada.

– Malditos perros -lo oyo refunfunar Kovac al apearse del coche.

Al oir cerrarse la portezuela de su coche, el anciano vecino alzo la cabeza y miro a Kovac a traves de las gafas torcidas.

– ?Eh, hemos oido lo de la caceria humana! -exclamo con un entusiasmo que sobrepasaba el poco afecto que profesaba a Kovac-. Un poli asesino, ?eh? ?Usted tambien participa?

– Soy el tipo al que buscan -replico Kovac-. Un poli que ha perdido el juicio por culpa de la falta de sueno causada por la chillona iluminacion navidena de su vecino.

El vecino no sabia si ofenderse o por el contrario fingir que se lo tomaba a broma.

– Menuda historia la de ese tipo -comento por fin-. En la tele no paran de hablar de ello. Incluso van a dar un especial en La hora del crimen.

– Otra estupenda razon para dedicarse a la lectura -mascullo Kovac.

– Es el mejor programa de toda la puta tele -aseguro el anciano sin hacerle caso.

– Se llama programa divulgativo.

– ?Conoce a ese tipo? ?A Ace? Es la hostia, ese si que es un policia de verdad.

– Antes era mujer -explico Kovac mientras abria la puerta de su casa.

El vecino dio un respingo y lo miro con ojos entornados.

– ?Esta usted enfermo! -declaro antes de dirigirse al otro extremo de su jardin en busca de mierda de perro y nieve amarilla.

Kovac entro en su casa. Lo primero que miro fue el sofa y permanecio unos instantes inmovil antes de

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