comprender.
Alguien habia estado en su casa.
Los articulos que habia encontrado en la biblioteca estaban desparramados sobre la mesita. Su maletin yacia abierto en el suelo, semioculto tras una silla. La pantalla del televisor estaba aplastada.
De repente, el aire se le antojaba mas denso, electrico. El pulso se le acelero mientras se abria el abrigo, introducia la mano en el con discrecion y desenfundaba el arma. Con la otra mano saco el movil del bolsillo y marco el numero de la policia.
Dio parte de la intrusion mientras caminaba de una habitacion a otra, evaluando los danos e intentando descubrir si el culpable seguia en el edificio. Habian sacado los cajones del escritorio, registrado la comoda, robado el dinero que habia dejado sobre ella, junto con un reloj muy caro que habia ganado en una rifa durante un congreso de la policia. Parecia un robo corriente perpetrado por algun yonqui en busca de objetos de valor para empenarlos.
Miro en el armario de su dormitorio y experimento un gran alivio al ver que su viejo 38 seguia en la caja de zapatos.
De nuevo abajo, descubrio que el intruso habia forzado la puerta de la cocina, una tarea que, por lo visto, habia resultado embarazosamente facil. Tendria que soportar mas de una burla por su ineptitud en el mantenimiento domestico, se dijo al volverse y ver que la puerta del sotano estaba entreabierta.
Encendio la luz y aguzo el oido.
Nada. Bajo los primeros escalones y luego se agacho para mirar abajo sin ser visto.
El sotano no estaba acabado. Tenia un deshumidificador siempre en marcha para combatir la humedad que rezumaban las paredes y el suelo de hormigon. No habia muebles ni objeto alguno que pudiera ser de interes para un ladron, tan solo latas de pintura medio vacias y cajas llenas de viejos expedientes.
Cajas arrancadas de los estantes y ahora desparramadas por el suelo.
En aquel momento sono el movil.
– Kovac.
– Liska. Han encontrado el coche de Rubel en el lago Minnetonka. Se salio de la carretera, cayo por un pequeno barranco y atraveso el hielo.
– ?Asi que Rubel esta muerto?
– He dicho que han encontrado el coche. Rubel no estaba dentro.
El ambiente a orillas del lago Minnetonka se parecia al del primer dia de la temporada de pesca. Numerosos coches y furgonetas de cadenas de television se alineaban a lo largo de la estrecha carretera. Habia gente por todas partes, a la espera de algun acontecimiento. La policia habia acordonado una zona en la que solo podian entrar agentes de la ley y el orden. Junto a la cinta se agolpaban los periodistas y reporteros. La representacion mas nutrida era la de
Kovac se quedo mirando a Ace Wyatt, quien envuelto en una pesada parka, estaba de pie sobre su sempiterna alfombra roja ante numerosos espectadores. Tras el, al otro lado de la cinta amarilla, el Explorer de Derek Rubel, rescatado del lago por una grua y con todas las puertas abiertas, se sometia al minucioso registro de los tecnicos forenses de la Oficina de Investigacion Criminal de Minnesota. Lo inspeccionarian alli antes de llevarlo a su hangar de St. Paul, donde catalogarian y examinarian con microscopio cada pelo y cada mota de pelusa.
Kovac observo la escena durante unos instantes, intentando imaginarsela sin el gentio. Se encontraban en una lengua estrecha del lago que no habia merecido la atencion de los promotores inmobiliarios. Se veian un par de casitas en las inmediaciones, lo bastante cerca para acceder a ellas a pie, pero no lo bastante cerca para que un testigo viera a un hombre saltar de un vehiculo antes de hundirlo en el lago.
Tippen se acerco con su gorro estrafalario, las manos embutidas en los bolsillos de una mullida parka.
– Han verificado las casas. Una esta abandonada; la otra no, pero no habia nadie en casa ni ningun coche aparcado. Estan intentando localizar a alguien que sepa donde esta el propietario… o mejor dicho, donde deberia estar, pero de momento no hay nada.
– Rubel debe de estar paseandose por ahi con el cadaver del propietario en el maletero del Buick del propietario -suspiro Kovac-. Menuda pesadilla.
– Tu lo has dicho. Minnesota no atraia a tantos periodistas desde lo de Andrew Cunanan.
– Andrew Cunanan no era policia. Esto lleva el sello de Hollywood.
Kovac diviso a los vicepresidentes de Warner Brothers en una esquina de la alfombra de Wyatt, justo detras de Donald, el director obeso. La pelirroja llevaba un anorak que parecia de papel de aluminio. Gaines se acerco a ellos y empezo a explicarles algo mientras con una mano senalaba el lago, donde varias cabanas de pesca salpicaban el paisaje a lo lejos.
Kovac volvio a mirar a su alrededor en un intento de hacerse una composicion de lugar, tarea dificil para un urbanita plantado en medio del laberinto del lago Minnetonka. No obstante, no creia que estuvieran demasiado lejos de la casa de Neil Fallon. Tal vez Gaines la estuviera senalando, aunque a Kovac, todas las cabanas le parecian iguales.
Wyatt estaba sometiendose a la sesion de maquillaje mientras un sicario sostenia un fotometro junto a su cabeza y cantaba numeros.
– Ese tipo es increible -bufo Kovac.
– Su gente ha llegado casi antes que nosotros -dijo Tippen-. Merece la pena tener amigos influyentes, incluso en una parada de monstruos como esta.
– Sobre todo en una parada de monstruos como esta. Programas divulgativos.
Una rafaga de viento procedente del lago empujo la bufanda roja que llevaba Wyatt sobre su rostro. El director profirio un juramento, se volvio y espeto otro a la mujer del abrigo de retales antes de anunciar un descanso de diez minutos y dirigirse a grandes zancadas hacia la caravana oficial de La hora del crimen, aparcada en la carretera.
Los camaras sacaron tabaco. Abrigo de Retales fue a la alfombra roja para reajustar la bufanda de Wyatt, seguida de cerca por los vicepresidentes de WB. Gaines hizo un alto en el camino para aceptar una taza de cafe humeante de otro paniaguado.
Kovac se unio al grupo, fulminando con la mirada al gorila que se le acerco al llegar a la alfombra roja. El gorila se aparto de su camino.
– Vaya, Ace, siempre en el meollo, ?eh?
– Lastima que no podamos decir lo mismo de ti, Sam -replico Wyatt sin moverse mientras Abrigo de Retales disponia la bufanda culpable con mucho arte-. Tengo entendido que tu y tu companera participasteis en el desastre de anoche.
– Bueno, es que yo soy un policia de verdad que no se limita a jugar a polis en la tele. Como bien sabes, en el mundo real, lleno de tipos malos, pasan cosas malas.
– ?Y siempre le pasan a usted? -tercio Gaines mientras entregaba la taza de cafe a Wyatt.
– Me meto en los berenjenales y lamo los culos que haga falta para llegar a la verdad, colega. Usted debe de saber muy bien que se siente, puesto que es un lameculos profesional. ?Dan titulos universitarios para eso?
– Estamos muy ocupados, sargento -mascullo Gaines.
– Lo comprendo y dentro de nada me ire para que puedan seguir investigando el remedio contra el cancer, pero ahora tengo una pregunta que hacerle al capitan America.
– Estas empezando a hartarme, Sam -suspiro Wyatt.
– Es lo que mejor se me da -repuso Kovac-. La charla que tuvimos ayer me pico la curiosidad, asi que relei los articulos sobre el asesinato de Thorne. Un autentico dramon, Ace, lo habia olvidado. Deberias rodar un especial sobre eso, o quiza una pelicula. La cadena podria emitirla para promocionar el nuevo programa.
– El programa tendra exito por merito propio -aseguro Wyatt, muy tenso-. No tengo intencion de aprovecharme de lo que sucedio aquella noche.
Kovac lanzo una carcajada.
– Pero si es lo que llevas haciendo toda la vida. ?Por que dejarlo ahora?
– ?No! -grito Wyatt-. Nunca ha sido mi intencion. El giro que dio mi carrera aquella noche no tuvo nada que ver conmigo.
Los vicepresidentes de WB miraron a Wyatt, luego uno a otro y por fin a Gaines, temerosos de haber quedado
