placa para apartarla de la mujer de mas edad, que hablaba por telefono.

– ?Anda cerca de aqui? -pregunto, preocupada.

– ?Como dice?

– Ese hombre -explico ella en un susurro-. El asesino. ?Lo esta buscando a el?

Kovac se inclino hacia ella.

– No estoy autorizado para hablar del asunto -repuso en otro susurro.

– Dios mio.

– Tengo que hacerle algunas preguntas, Amber -anuncio Kovac mientras sacaba la fotografia de Andy Fallon que habia cogido en casa de Mike-. ?Ha visto alguna vez a este hombre por aqui?

Amber parecio decepcionada al comprobar que la fotografia no era de Derek Rubel, pero no tardo en recobrar la compostura.

– Si, ha venido un par de veces.

– ?En los ultimos tiempos?

– En las ultimas semanas. Tambien es policia -observo con los ojos entornados-. Al menos eso afirmaba.

– ?A que venia? ?Con quien hablaba?-pregunto Kovac.

No perdia de vista a la mujer sentada en el otro extremo del mostrador. En un lugar como Hazelwood, la discrecion debia de ser una consigna importantisima, pero Amber parecia demasiado inocente para comprender el significado de esa palabra.

– Venia a visitar a la senora Thorne -repuso la joven, pestaneando.

– Debe comprender que Evelyn vive en su propio universo, sargento -explico la psiquiatra mientras recorrian el pasillo en direccion a la habitacion de Evelyn Thorne-. Reparara en su presencia y hablara con usted, pero la conversacion sera la que ella decida.

La psiquiatra era una mujer corpulenta, de formas suaves y una larga melena rubia.

– Solo quiero hacerle algunas preguntas sobre el policia que vino a verla un par de veces -aseguro Kovac-. Me refiero al sargento Fallon. ?Hablo con usted alguna vez?

– Converse brevemente con el senor Fallon -asintio la doctora con aire preocupado-. No sabia que viniera por motivos policiales. Me dijo que era el sobrino de Evelyn y me pregunto si alguna vez habla del asesinato de su esposo.

– ?Y es asi?

– No, nunca habla de ello. Sufrio el colapso nervioso poco despues de su muerte.

– ?Y desde entonces esta asi?

– Si. Pasa algunos dias mejores que otros, pero suele permanecer oculta en su propia mente. Ahi se siente segura.

La psiquiatra echo un vistazo por el ventanuco instalado en la puerta de Evelyn Thorne y llamo dos veces antes de entrar.

– Evelyn, tiene visita. Este es el senor Kovac.

Kovac cruzo el umbral y de repente se sintio como si le hubieran asestado un punetazo en el estomago. Evelyn Thorne estaba sentada en una butaca, ataviada con un chandal azul, mirando por la ventana. Poseia la clase de delgadez que provocan los nervios. Tenia el cabello gris apartado del rostro con una diadema de terciopelo. Al ver su fotografia en el periodico, Kovac habia pensado que se parecia un poco a Grace Kelly, pero en persona se parecia demasiado a otra persona.

Evelyn se volvio hacia el con expresion vacua, pero los labios curvados en una agradable sonrisa.

– ?A usted lo conozco! -exclamo.

– No, senora -repuso Kovac mientras caminaba hacia ella.

– El senor Kovac quiere hacerle unas preguntas sobre el joven que vino a verla, Evelyn -explico la psiquiatra.

– Usted era amigo de mi esposo -prosiguio la mujer sin hacer caso de la doctora.

La psiquiatra dedico a Kovac una mirada significativa y los dejo a solas.

Era una habitacion espaciosa, amueblada de forma convencional salvo por la cama de hospital, que aparecia cubierta por una bonita colcha floreada. No es un mal lugar para pasarse los dias en una realidad aparte, penso Kovac. Sin duda costaba un ojo de la cara. Se pregunto si Wyatt tambien corria con los gastos de aquella habitacion. No era de extranar que necesitara ir a Hollywood.

– Ha sido muy amable al venir -agradecio Evelyn Thorne en tono formal-. Sientese, por favor.

Kovac tomo asiento frente a ella y le alargo la fotografia que habia mostrado a Amber.

– ?Recuerda a Andy Fallon, senora Thorne? Vino a visitarla hace poco.

La mujer cogio la fotografia sin dejar de sonreir.

– ?Que apuesto! ?Es su hijo?

– No, senora. Es el hijo de Mike Fallon. ?Recuerda a Mike Fallon? Era policia y vino a su casa la noche en que murio su esposo.

No sabia si Evelyn habia oido una sola palabra, aunque parecia que no.

– Crecen tan deprisa -suspiro la mujer antes de levantarse e ir a una pequena libreria que albergaba numerosas revistas y una Biblia-. Yo tambien tengo fotos -anuncio mientras sacaba una revista del fondo del monton, Redbook-. Cree que se las llevo todas. No le gusta mostrar fotos de la familia, pero tenia que quedarme algunas.

Saco un sobre de entre las paginas de la revista y de el extrajo un par de fotos.

– Mi hija -dijo con orgullo, alargandoselas a Kovac.

No queria tocarlas, como si evitando tocarlas, mirarlas siquiera, pudiera mantener a raya la verdad. Pero Evelyn Thorne se las puso en las manos.

En la fotografia se la veia mas joven y un poco mas delgada. Llevaba el cabello distinto… Pero resultaba imposible confundir a Evelyn con la hija de Bill Thorne: Amanda Savard.

Capitulo 36

Amanda Savard era la hija de Bill Thorne.

Recordo la unica pista que habia encontrado en los articulos del periodico de hacia tantos anos: «Thorne deja esposa y una hija». Sin nombre, sin foto.

Savard era el nombre de soltera de Evelyn, eso habia logrado sonsacarselo. Amanda debia de haber adoptado el apellido tras el asesinato de su padre, ya que de lo contrario, no habria podido ocupar el cargo que ocupaba sin que la gente atara cabos.

Andy Fallon trabajaba para Amanda Savard, la hija de Bill Thorne. Andy Fallon habia indagado en el asesinato de Bill Thorne, en la noche que dispararon a Mike Fallon, la noche que Ace Wyatt se convirtio en un heroe. Ace Wyatt habia pagado a Mike Fallon durante anos. Andy Fallon habia muerto. Mike Fallon habia muerto…

Kovac estaba sentado a oscuras en el aparcamiento del edificio que albergaba las oficinas de Wyatt Productions. Llevaba tres cigarrillos fumados en dos horas, y la cabeza le palpitaba. Menudo dia. Estaba molido y se sentia viejo, hueco. Que curioso, siempre habia creido que era demasiado cinico para experimentar decepciones. Que te lo has creido, Kovac.

Era un edificio anodino, una estructura de ladrillo de dos pisos identica a otras miles en los suburbios que se extendian al oeste de Minneapolis. El aparcamiento se habia vaciado en la ultima hora a medida que la jornada laboral tocaba a su fin y los asesores fiscales, abogados y ortodontistas que ocupaban el edificio subian a sus coches helados y se alejaban por la calle en medio de una nube de gases para unirse al denso trafico de hora punta que serpenteaba por la 494.

Wyatt lo esperaba. De hecho, esperaba su llegada hacia diez minutos. Kovac habia decidido hacerlo esperar, aguardar a que el personal de la oficina se fuera. El Lincoln estaba estacionado en una plaza reservada en la parte delantera del edificio. Kovac habia aparcado a tres filas de distancia, solo. De pronto le sono el busca. Miro la

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