– Insinuas que he hecho algo malo -constato Wyatt sin mirarlo-. Pues no es asi. De nada servira desenterrar viejos fantasmas, Sam. Podrias destruir a personas, carreras y reputaciones por nada.
– Creo que dos personas han muerto por causa de este asunto -afirmo Kovac-. Eso es mucho mas que nada, Ace, y lo demas me importa un comino.
Se dirigio a la puerta y poso una mano sobre el pomo mientras se volvia para mirar a la leyenda. Era un hombre al que nunca habia apreciado, pero pese a ello, en algun rincon de su ser lo compadecia.
– Evelyn te manda recuerdos -murmuro antes de salir.
Estaba tan cansada…
La jornada laboral habia tocado a su fin, pero Savard se quedo en su despacho. Escondida, eludiendo a la prensa y posponiendo el momento de volver a casa. Habia apagado todas las luces a excepcion de la lampara de la mesa y estaba sentada, dejandose envolver por el silencio. Que alivio poder quedarse quieta, penso, contemplando la fotografia que habia tomado, revelado y enmarcado ella misma anos atras. Un paisaje invernal.
La quietud era la razon por la que preferia fotografiar paisajes a personas. Si hallaba quietud en su entorno, podia albergar la esperanza de alcanzarla en su interior… aunque solo fuera por unos instantes, aunque solo fuera mientras permanecia absorta en la agreste belleza de la imagen. Durante aquellos escasos momentos, lograba aliviar la tension que siempre atenazaba su fuero interno.
No obstante, esa noche la quietud no duro, pues una algarabia invadia su cerebro. Preguntas enojadas, preguntas directas, exigencias, instrucciones. Todo ello y ademas el mensaje de Hazelwood en el contestador. Estaba tan cansada…
Kovac lo sabia.
Solo era cuestion de tiempo. En el fondo, siempre lo habia sabido. En lo mas hondo de su corazon habia anhelado algo mas, un pliegue temporal donde los acontecimientos quedaran atrapados, contenidos, separados, aislados. Que hermosa idea. Ojala. Pero el pasado era venenoso, indomable, siempre deseoso de transgredir las barreras que ella habia erigido.
Cerro los ojos y conjuro una imagen, el recuerdo lejano de sentirse segura y protegida. Habia deseado con tanta intensidad aceptarlo. Ya no queria cargar con ese peso sobre los hombros. Estaba cansada…
Cuando abrio de nuevo los ojos, lo vio ante ella. El panico se apodero como un puno de su pecho mientras se preguntaba si el momento era real o imaginario. Ultimamente sufria las pesadillas con tal frecuencia que cada vez resultaba mas dificil distinguir ambas esferas.
El hombre permanecio entre las sombras, impasible, silencioso, el cuello del abrigo vuelto hacia arriba. El terror se adueno de ella.
– Eres la hija de Bill Thorne -dijo el hombre antes de apuntarla con un arma.
Capitulo 37
Kovac condujo sin prisas mientras repasaba mentalmente todo lo sucedido en un intento de establecer la cronologia de los hechos que habia descubierto, rellenando las lagunas con conjeturas mas o menos inteligentes. Se esforzaba por no reaccionar de forma emocional, por no sentirse traicionado, por recordarse que tenia razon desde el principio, que era mucho mejor no esperar nada.
El bar de Neil Fallon estaba cerrado y ofrecia un aspecto de abandono. De hecho, todo el lugar parecia una especie de arrabal que incluso los indigentes habian olvidado. Las cabanas toscas, el taller, el cobertizo donde Fallon guardaba las barcas… Todo estaba a oscuras y desprovisto de vida, a excepcion de las ratas. La unica iluminacion procedia de un par de bombillas de seguridad instaladas sobre unos postes y el rotulo de cerveza Coors que emitia su zumbido caracteristico en el ventanuco del bar.
Kovac aparco a la luz de las bombillas y se apeo. Desenterro la linterna de entre una pila de porqueria acumulada en el suelo tras el asiento del conductor, abrio el maletero y rebusco entre bolsas de papel y kits de pruebas hasta encontrar la barra para cambiar neumaticos.
El viento no habia amainado, y la temperatura habia descendido. No era la noche mas idonea para pasear a la luz de la luna, pero Kovac se dirigio de todos modos hacia el cobertizo de las barcas. Tenia todos los sentidos a flor de piel y percibia con gran intensidad el azote implacable del frio en la nariz y los pulmones, asi como el sonido de sus zapatos sobre la nieve. Se detuvo cerca del cobertizo y recorrio con la mirada la orilla.
A la luz de la luna no alcanzo a distinguir en que punto habia atravesado el hielo el 4x4 de Derek Rubel, pero no estaba lejos. De pie entre aquellos edificios vacios, en medio de la nada, Kovac penso que aquel era el tipico lugar donde un hombre podia desaparecer de una dimension, sumergirse en otra y no volver a ser visto nunca mas.
He aqui un secreto que merecia la pena saber, de modo que Kovac lo archivo para el futuro. Tenia la sensacion de que la huida seria una opcion estupenda cuando todo aquello terminara.
El arma se disparo con un ruido ensordecedor. Amanda se levanto de un salto, agitando los brazos.
Y entonces desperto.
Estaba sola en el despacho.
Permanecio detras de la mesa con el corazon desbocado y la respiracion entrecortada, como si hubiera corrido dos kilometros a toda velocidad. Percibia el olor a sudor en su ropa empapada. Las emociones se acumulaban en su interior, sofocandola, aplastandola. De su garganta broto un sollozo desesperado. Se abalanzo sobre la mesa, derribando la lampara y barriendo con los brazos cuanto contenia. Golpeo la madera con los punos, llorando, luchando, furiosa, aterrada.
Cuando la adrenalina remitio y el arranque toco a su fin, volvio a sentarse y se obligo a utilizar la cabeza.
Por mucho que intentara enganarse durante todos aquellos anos, siempre habia sido una cuestion de tiempo.
Y el tiempo se habia acabado.
Abrio el cajon de la mesa y saco el arma.
Utilizando la barra a guisa de palanca, Kovac forzo el cerrojo de la vieja puerta. El cerrojo, que incluia un candado para mayor segundad, cayo a un lado, y Kovac pudo entrar en el cobertizo. Encendio la linterna para encontrar el interruptor de la luz.
Vio una media docena de embarcaciones guardadas para el invierno. Kovac camino entre ellas y se fijo en los nombres Hang Time, Miss Peach, Azure II. Eligio una llamada Wiley Trout y subio la escala. Al volver al suelo llevaba una mochila grande y pesada cogida de una correa
– Sueltela, Kovac.
Kovac hizo la mochila a un lado y suspiro.
– ?Sueltela o que?
– O lo mato aqui mismo.
– ?En lugar de matarme mas tarde y hacer que parezca un suicidio? No bromeabas al decir que hacias cualquier cosa que necesitara el capitan.
– No, no bromeaba -corroboro Gaines-. Deje la mochila.
– Supongo que contiene algo valioso
– Eso no importa. Sueltela.
– Ah -dijo Kovac, volviendo la cabeza en un intento de ver que habia apuntado Gaines a su espalda-. Porque la verdad es que no contiene nada aparte de un monton de papel viejo. Pero tu me mataras primero y te preocuparas por las pruebas mas tarde. Se que esto te sonara a cliche, pero no te saldras con la tuya, Gaines. Es demasiado tarde, hay demasiadas personas que saben demasiado.
– No creo -rebatio el ayudante de Wyatt con seguridad-. Usted sospecha, pero no sabe nada. Va dando palos de ciego y esta solo. Esto no es una investigacion oficial, y no ha mencionado sus sospechas a Leonard. Por el
