– Hola, Donna. Necesito el registro de llamadas de un numero de Minneapolis.
– ?Tienes el papeleo preparado?
– No del todo.
– O sea, no.
– Bueno… si, pero el tipo esta muerto, asi que le da igual.
– ?Que me dices de su familia?
– Todos muertos o en la carcel.
– ?Y el fiscal del distrito?
– Necesito una ayudita, Donna. No hace falta que se sostenga ante un tribunal.
– Hum… vale, pero que nadie se entere de que te lo he dado yo.
– Nadie se ha enterado nunca, pero sigo albergando esperanzas.
Donna se echo a reir. Era una tia con clase. Kovac le dio el numero de Andy Fallon y colgo.
– ?Que buscas? -pregunto Liska.
– No estoy seguro -reconocio Kovac-. Quiero revisar el registro telefonico de Andy para ver si surge algo. Andy estaba investigando el asesinato de Thorne e intentando acercarse a Mike a traves de sus experiencias. Cuando yo empece a indagar en el mismo asunto, Wyatt se puso de los nervios, asi que quiero saber…
– Estas obsesionado, Sam -lo atajo Liska-. ?No crees que Rubel matara a Andy? Si es que lo mato alguien…
– No, no encaja. El escenario de la muerte de Andy estaba demasiado pulcro. Fijate en lo que hizo Rubel. Mato a un tipo de una paliza con un bate de beisbol, apaleo a otro con una barra de hierro y disparo a un tercero en el pecho a quemarropa. ?Donde esta la sutileza?
– Pero dijiste que Pierce te dijo que habia visto a Andy con otro tipo. ?Y si era Rubel? Podria encajar. Andy estaba investigando a Ogden. Nadie sabia que Ogden y Rubel estaban liados. A traves de su conexion con Curtis, pues habia sido companero suyo, Rubel accede a Andy para no perder de vista la investigacion. Andy se acerca demasiado a la verdad y… ?Lo ves?
– Ni hablar. Rubel era companero de Ogden…
– Al principio de la investigacion no. Por aquel entonces, no existia conexion conocida entre ambos. Rubel habia sido companero de Curtis, pero Curtis juro que ninguno de sus companeros lo habia acosado.
– Hasta que contagio el sida a uno.
– Y si Andy descubrio de algun modo que Rubel era seropositivo… -Dejo la frase sin terminar antes de anadir-: Voy a incluir a Rubel en una rueda de fotos para mostrarsela a Pierce.
– Vale -accedio Kovac-. Entretanto me gustaria saber quien entro en mi casa. ?Por que entraria Rubel? No tengo ninguna prueba que lo incrimine.
– Podria haber sido cualquiera y por cualquier motivo. Probablemente fue algun yonqui en busca de tu fortuna escondida. O quiza fuera otro desgraciado al que investigas por otra cosa. No tiene necesariamente que ver con Fallon.
Esa misma posibilidad se le habia ocurrido a Kovac. Tenia otros casos en marcha y… Cogio el telefono al tercer timbrazo.
– Homicidios, Kovac.
– Kovac, soy Maggie Stone. He repasado aquel caso… el de Andy Fallon.
– ?Y?
– ?Ya lo han enterrado?
– No creo. ?Por que?
– Me gustaria volverlo a examinar. Cabe la posibilidad de que lo asesinaran.
El despacho que Maggie Stone ocupaba en el deposito de cadaveres del condado de Hennepin siempre recordaba a Kovac esas noticias sobre viejos chalados cuyos cadaveres se encontraban momificados entre pilas de periodicos, revistas y basura que llevaban nueve anos sin tirar. La estancia era un laberinto de papeles, publicaciones profesionales, libros sobre medicina forense y revistas de motos. Stone conducia una Harley cuando hacia buen tiempo.
Al ver a Kovac le indico con una mano que entrara mientras con la otra sostenia un bollo de mermelada azucarado. El centro del bollo rezumaba una sustancia roja que se parecia un poco demasiado a algunas de las fotografias desparramadas sobre la mesa.
– ?Alguna vez lees algo de lo que tienes aqui? -se intereso Kovac.
Stone examino una foto a traves de sus estrafalarias gafas de lectura y una lupa iluminada.
– ?A que te refieres?
Ese mes llevaba el cabello tenido de un peculiar matiz cafe con leche, cortado al estilo duende y pegado al craneo con gomina. Por lo general producia la sensacion de que no se peinaba desde los ochenta.
– ?Que has averiguado?
– Vamos a ver.
Stone hizo girar el brazo soporte de la lupa para que Kovac pudiera echar un vistazo desde el otro lado de la mesa.
– Lo que busco en el cuello de un ahorcado son cardenales o abrasiones en forma de V que sigan de forma evidente los angulos de la soga. Aqui se ven con claridad -senalo-. Y tu lo encontraste colgado, de modo que sabemos que se colgo o lo colgaron. Sin embargo, tambien he encontrado lo que parecen ser sombras de un cardenal en linea recta alrededor del cuello.
– ?Crees que lo estrangularon y despues lo colgaron?
– Las marcas no son demasiado claras. Cualquier persona que examinara el cadaver con la idea preconcebida de que se trataba de un suicidio no repararia en ellas, pero tengo la sensacion de que estan ahi. Y si estoy en lo cierto, sospecho que el asesino coloco alguna proteccion entre la soga y el cuello de la victima. Si tenemos suerte y la funeraria preparo el cadaver de forma chapucera, puede que aun encuentre alguna fibra en el cuello. Y si las marcas existen, apuesto lo que sea a que hay mas en la nuca.
Dicho aquello se reclino en su silla, cerro los punos y los alzo para hacer una demostracion.
– Si el asesino aprieta el nudo con las manos, los nudillos oprimen la nuca y dejan cardenales. Si se trata de un garrote, entonces la presion en el punto donde la atadura se cruza y se aprieta ocasiona un solo cardenal muy visible.
– ?No hay ninguna fotografia de la nuca?
– No. Reconozco que no fue la mas concienzuda de las autopsias, pero es que parecia un suicidio clarisimo, y por lo visto llamaron de tu departamento para acelerar el proceso por el bien de la familia.
– Yo no fui -aseguro Kovac mientras estudiaba las fotografias con el ceno fruncido.
Observo los cardenales apenas visibles en el cuello de Andy Fallon, justo debajo de las vividas marcas dejadas por la soga, y experimento un hormigueo en el estomago.
– Soy el ultimo mono en el departamento; la llamada la hizo alguien mucho mas poderoso.
Ace Wyatt.
Kovac se inclino sobre el mostrador y sorprendio a Russell Turvey hojeando la revista
– Joder, Russell, ni se te ocurra estrecharme la mano -dijo a modo de saludo.
Turvey dio un respingo y emitio varios grunidos flematicos que recordaban un trueno lejano.
– ?Por el amor de Dios, Kojak! Tu tambien lo harias si tuvieras ocasion.
– Pero no contigo.
Turvey volvio a reir y arrojo la revista bajo la silla. Luego se aferro con ambas manos al mostrador para darse impulso y acercarse sin necesidad de levantarse.
– He oido que Springer la ha palmado -comento, observando a Kovac con un ojo entornado mientras el otro se desviaba hacia la izquierda-. Nunca me cayo bien.
Como si eso hubiera convertido el fallecimiento de Cal Springer en un hecho inevitable.
– Estabas alli -constato Turvey.
– Te juro que no aprete el gatillo; Liska es testigo.
– ?Ahhh! Argh… Liska -ronroneo con expresion lasciva de comic-. ?Es bollera?
