Silberg, y quise saber quien seria la tia buena que lo acompanaba. Pero Craig no me los presento. De hecho, parecia molesto con mi aparicion… No obstante, ser amigo de las secretarias tiene sus ventajas: la de Craig me informo de todo despues. Por lo visto, Clissot y Silberg mantenian conversaciones con su jefe desde hacia un ano, y por fin se reunian en Oxford.
– Lo mas probable es que estuvieran planeando un trabajo en comun -dijo Elisa.
Valente sacudio la cabeza.
– Me hice bastante amigo de Craig, y solia comentarme los proyectos en los que andaba metido. Ademas, ?que clase de trabajo podria realizar un tipo como Craig, que manipula aceleradores de particulas, con un historiador como Silberg y una especialista en monos muertos como Clissot? Y si a eso le anadimos a Blanes y Marini… ?que obtenemos?
– ?Una confusion?
– Si, o una secta de adoradores del diablo. -Valente bajo la voz-. O… algo mucho mas… exotico.
Elisa lo miro.
– ?En que estas pensando?
El se limito a sonreir. Varias notas musicales anunciaron la reanudacion. El publico, como las limaduras de hierro al paso de una piedra magnetica, comenzo a orientarse hacia la sala. Valente hizo un gesto con la cabeza.
– Ahi van todos, miralos. Los patitos tras Mama Pato: Craig, Silberg, Clissot, Marini… La invitacion la paga Blanes, pero el dinero no es suyo… -Se volvio hacia ella-. Ahora entenderas por que estoy tan seguro de que nos han «estudiado»… Mira esto…
Se habia detenido junto a uno de los carteles, colocado sobre un caballete. En el se leia, en castellano e ingles: «Primer Simposio Internacional. La naturaleza del espacio-tiempo segun las modernas teorias. 16-17 de julio de 2005. Palacio de Congresos de Madrid». Pero Valente apuntaba hacia la letra pequena.
– «Patrocinado por…» -leyo.
– «Eagle Group» -descifro Elisa el artistico logotipo. La ge de la palabra «Eagle» servia para albergar la inicial de «Group».
– ?Sabes que es? -pregunto Valente.
– Por supuesto. Ha aparecido hace poco, pero suena bastante: un consorcio de empresas de la Union Europea dedicadas al desarrollo cientifico…
El se quedo mirandola mientras sonreia.
– Mi padre me conto una vez que ECHELON en Europa era Eagle Group -dijo.
11
El domingo, despues de la ultima ponencia de la manana, Victor volvio a buscarla para almorzar. Elisa acepto, entre otras cosas porque le interesaba charlar con el. Habia ocurrido algo extrano.
Ric Valente no se habia presentado en el congreso aquella manana. Tampoco Blanes. Esa doble ausencia le provocaba desazon. Era cierto que la jornada del domingo estaba dedicada a fisica experimental, lo cual quedaba fuera del interes directo de Blanes, pero Elisa no podia evitar pensar que la desaparicion del creador de la «teoria de la secuoya» y la de Valente Sharpe estaban relacionadas. Sin embargo, aun no queria plantearse a si misma las sospechas que abrigaba.
Encontraron una mesa en el extremo de la abarrotada cafeteria y se dedicaron a comer en silencio. Mientras Elisa se preguntaba como sacar el tema, Victor se limpio la mayonesa de la barbilla y luego dijo:
– Blanes ha llamado a Ric esta manana y lo ha elegido para Zurich.
Ella descubrio de repente que no podia tragar el trozo que habia mordido.
– Ya -murmuro.
– Ric me telefoneo para decirmelo… Dijo que no pensaba venir hoy al congreso porque tenia que reunirse con Blanes.
Elisa asentia estupidamente, amordazada por aquella bola seca de pan que su boca parecia incapaz de enviar como debia a la garganta. Pidio disculpas a Victor, se levanto, entro en el bano y se deshizo en el retrete de aquella pelota de corcho. Despues de refrescarse la cara en el lavabo lo penso mejor. Bueno, ?no era lo que esperabas? ?Que te pasa ahora? Ya se habia planteado durante largas horas de insomnio aquella posibilidad, y de sobra sabia que se trataba de la mas probable. A fin de cuentas, Ric Valente habia sido el nino mimado de Blanes desde el principio. Se seco con la toalla de papel, regreso a la mesa y se sento frente a Victor.
– Me alegro por el -dijo.
Y supuso que, en verdad, asi era. Se alegraba de todo lo ocurrido, ahora que la competicion habia terminado por fin. La «teoria de la secuoya» seguia llamando a su puerta, aun tentadora dentro de su enorme belleza matematica, pero pronto se marcharia y la dejaria en paz. En el horizonte destellaban otras posibilidades, como las becas para el Instituto de Tecnologia de Massachussets y para Berkeley, que habia solicitado por si lo de Zurich se torcia. Estaba segura de que terminaria haciendo su tesis con uno de los mejores fisicos del mundo. Tenia ambiciones, y sabia que iba a satisfacerlas. Blanes era unico, pero no el
– Yo tambien me alegro… -carraspeo Victor-. Es decir, no del todo. De lo suyo, si, pero… no de ti. O sea…
– No me importa, de verdad. Blanes y su secuoya no son el fin del mundo.
Se sentia mejor despues del mal trago. Siempre habia intentado adaptarse a las nuevas situaciones, y aquella no iba a ser una excepcion. Ya que iba a disponer de algun tiempo de verdadero descanso, decidio que reorganizaria su vida. Hasta podia llamar a su «espia» particular, Javier Maldonado, y devolverle la invitacion a cenar al tiempo que le preguntaba algunas de las cosas que habian quedado en el tintero desde que Valente le hablo.
Entonces recordo la apuesta.
Bien, estaba casi segura de que Valente la olvidaria.
?Y si no era asi? ?Y si decidia continuar con el juego hasta el final? Penso en esa posibilidad y noto que se ponia muy nerviosa. Desde luego, no iba a faltar a su palabra: haria todo lo que el le dijera, pero tambien suponia -esperaba- que el a su vez no intentaria propasarse. Ella cederia esperando que el hiciera igual. Estaba casi segura de que lo que a Valente le interesaba, por encima de cualquier cosa, era humillarla, y si ella accedia con naturalidad a sus demandas el juego perderia para el toda la diversion.
De pronto se sintio incomoda con el telefono metido en el bolsillo de los pantalones. Era como tener la mano de Valente apoyada sobre su muslo. Lo saco y reviso posibles llamadas perdidas: no tenia ninguna. Entonces lo dejo sobre la mesa con el gesto de un jugador que apuesta el resto a un solo numero. Al levantar la vista percibio la alarma en los ojos de Victor, que parecia conocer todos y cada uno de los pensamientos que habian cruzado por su cabeza.
– Creo que ayer me pase de la raya -dijo Victor-. No debi hablarte asi… Seguro que me entendiste mal. Yo… no deseaba asustarte.
– No me asustaste -repuso ella sonriendo.
– Pues me alegra que me lo digas. -Pero la mueca que contrajo su expresion parecia manifestar lo contrario-. Estuve todo el dia pensando que habia sido un exagerado. A fin de cuentas, Ric no es el diablo…
– No se me habia ocurrido ni de lejos tal comparacion. Pero haces bien en aclararlo, porque Satanas podria ofenderse.
Algo en la replica de ella hizo mucha gracia a Victor. Al verle reir, Elisa tambien rio. Luego bajo la vista hacia
