su sandwich casi intacto y el telefono movil al lado, como expectante. Agrego:
– Lo que no entiendo es que os hicierais amigos. Sois tan distintos…
– En aquella epoca eramos ninos. De nino haces muchas cosas que despues consideras de otra manera.
– Supongo que tienes razon.
Y de repente Victor empezo a hablar. Su monologo era como una tormenta: las frases parecian truenos que demoraban en brotar de sus labios, pero los pensamientos que las impulsaban semejaban descargas de violentos relampagos dentro de el. Elisa lo escucho con atencion, ya que, por primera vez desde que lo conocia, Victor no hablaba sobre teologos ni fisica. Contemplaba abstraido un punto en el aire mientras su voz iba desgranando algun tipo de historia.
Hablo, como siempre, del pasado. De aquello que ha ocurrido y aun sigue ocurriendo, como alguna vez el abuelo de Elisa le habia explicado a ella. De las cosas que fueron y, por lo mismo, siguen siendo. Hablo de lo unico que hablamos cuando nos ponemos a hacerlo de verdad, porque es imposible hablar con detenimiento de otra cosa que no sean los recuerdos. Mientras lo escuchaba, la cafeteria, el congreso y sus inquietudes profesionales se disolvieron para Elisa y solo existio la voz de Victor y la historia que contaba.
Varios anos despues supo que su abuelo habia tenido razon al afirmar, en cierta ocasion:
El tiempo es extrano, en efecto. Se lleva las cosas hacia un lugar remoto al que no podemos acceder, pero desde alli estas siguen obrando su magico efecto sobre nosotros. Victor volvia a ser nino, y ella casi podia verlos a ambos: dos chavales solitarios que compartian similares inteligencias y, quiza, gustos semejantes, dominados por la curiosidad y el deseo de saber, pero tambien por las aficiones que otros chicos de su edad no se atrevian a llevar a cabo. Sin embargo, ellos si, y por eso eran diferentes. Ric era el jefe, el que sabia lo que debia hacerse, y Victor -Vicky- aceptaba en silencio, quiza temeroso de lo que pudiera pasar si se negaba, o quiza deseoso de ser igual.
El principal atractivo de Ric, habia explicado Victor, era precisamente su principal defecto: la inmensa soledad en la que vivia. Abandonado por sus padres, educado por un tio que cada vez se mostraba mas indiferente y remoto, Ric carecia de reglas, de normas de conducta, y le resultaba imposible pensar en algo que no fuese el. Todo el mundo que le rodeaba era como un teatro cuyo unico fin parecia ser complacerle. Victor se convirtio en un espectador asiduo de ese teatro, pero al madurar dejo de asistir a sus fantasticas funciones.
– Ric era distinto de cualquier persona normal: tenia mucha imaginacion pero a la vez los pies bien apoyados en la tierra. No se hacia ilusiones. Si queria conseguir cosas, se dedicaba a ello con todas sus fuerzas, sin importarle nada ni nadie… Al principio su forma de ser me gustaba. Supongo que es lo que sucede con todos los chicos cuando conocen a alguien asi. En aquella epoca, el mundo de Ric era el sexo. Pero desde un punto de vista siempre cinico. Las chicas, todas las chicas, para el, eran inferiores. De nino jugaba a cambiar las caras de las modelos de revistas eroticas, de las que coleccionaba un monton, y poner en su lugar fotos de companeras de colegio… Eso podia hacerte reir al principio, pero luego te hartaba. Lo que menos soportaba yo era esa manera que tenia de tratar a las chicas… Para el eran como objetos, cosas con las que obtener placer. Nunca le vi amar a ninguna, solo las utilizaba… Le gustaba hacerles fotos, filmarlas sin ropa, en el cuarto de bano… A veces les daba dinero, pero otras lo hacia sin que ellas lo supieran, con camaras ocultas.
Se detuvo para mirar a Elisa como buscando algun tipo de expresion que le hiciera interrumpir su relato. Pero ella le invito a proseguir con un gesto.
– Por si fuera poco, disponia de dinero y de sitio para hacer cosas. Los veranos los pasabamos en una casa que la familia de Ric tiene en las afueras de un pueblo andaluz llamado Ollero… A veces ibamos alli con amigas. Estabamos solos, nos creiamos los reyes del universo. Ric solia hacer alli fotos picantes a sus amiguitas. Entonces, un dia, ocurrio algo. -Sonrio y se ajusto las gafas en la nariz-. A mi me gustaba una chica, y, creia que a ella tambien le gustaba yo… Se llamaba Kelly. Era inglesa y estudiaba en nuestro colegio… Kelly Graham… - Permanecio un instante como saboreando aquel nombre-. Ric la invito a su casa de campo, pero a mi eso no me mosqueo. Yo estaba totalmente seguro de que el sabia que con Kelly no se podia jugar. Sin embargo, una manana… los descubri… a Ric y a ella… -Miro a Elisa de hito en hito mientras asentia con la cabeza-. Bueno, soy de esos que solo se enfadan una vez cada diez anos, pero… pero…
– Pero cuando se enfadan, se nota -le ayudo Elisa.
– Si… Los puse verdes. Bah, fue cosa de chiquillos, ahora lo se: teniamos apenas diez u once anos; pero lo cierto es que verlos… verlos besandose y tocandose fue para mi muy… muy chocante. Bueno, discutimos y Ric me empujo. Estabamos fuera de la casa, sobre unas rocas, junto a un rio. Me cai y me di un golpe en la cabeza… Fue una suerte que hubiese un senor por alli que habia ido a pescar. Me recogio y me llevo a un hospital. No fue nada grave: unos cuantos puntos, tan solo, creo que todavia tengo la cicatriz… Pero lo que te quiero contar es esto: pase algunas horas inconsciente, y cuando me desperte esa noche… alli estaba Ric, pidiendome perdon. Mis padres me contaron que no se habia movido en todo ese tiempo de mi lado. En todo ese tiempo… -repitio con los ojos humedos-. Cuando desperte se echo a llorar y me pidio perdon. Creo que hay que tener amigos cuando somos ninos para conocer de verdad lo que es la amistad… Ese dia fui mas amigo de el que nunca. ?Comprendes? Me preguntaste que nos unia… Ahora creo que eran cosas como esa las que nos unian.
Hubo un silencio. Victor respiro hondo.
– Le perdone, por supuesto. De hecho, pense que nuestra amistad jamas terminaria. Luego todo paso. Nos hicimos mayores y tomamos rumbos distintos. No dejamos de hablarnos, pero fue peor: pusimos barreras entre nosotros. De todas formas, el siempre trato de llevarme a su terreno. Me contaba que seguia invitando a chicas a Ollero. Las filmaba a escondidas, a veces mientras les hacia el amor. Luego les ensenaba las peliculas y… y las chantajeaba. «?Quieres que tus padres o tus amigos vean esto?», les decia. Y las obligaba a posar de nuevo para el… -Tras una pausa, anadio-: Oh, nunca se metio en lios con la policia, claro. Era muy cuidadoso, y ellas, al final, decidian callarse…
– ?Tu viste eso alguna vez? -pregunto Elisa-. Lo de los chantajes, me refiero.
– No, pero el me lo contaba.
– Seguro que estaba presumiendo.
Victor la observo como si se hallara frente a alguien a quien admirara mucho, pero que acabara de decepcionarle en algo concreto y trascendental.
– No lo entiendes… No eres capaz de entender la forma en que Ric las trataba…
– Victor, Ric Valente podra ser un pervertido, pero en el fondo es un majadero sin importancia. Me consta.
– ?Crees que podrias no obedecerle? -pregunto el de repente, con dureza. Toda su lentitud de lenguaje se habia esfumado por completo-. ?Crees que, si aceptaras entrar en su juego, ibas a poder evitar hacer cualquier
– Lo que creo es que tu sigues admirandole por encima de todo -se harto ella-. Valente es un idiota que no ha recibido un solo guantazo de sus padres en toda su vida, y tu te figuras que es un sadico sin escrupulos capaz de la peor aberracion. No se, quiza te guste pensar que lo es… -De inmediato supo que habia dicho algo indebido. Victor la miraba con inmensa seriedad.
– No -dijo-. En eso te equivocas. No me gusta en absoluto
– Lo que queria decir…
Una musica electronica los interrumpio. Casi asustada, Elisa cogio el movil de la mesa y examino la pantalla: la llamada era de procedencia desconocida.
Por un instante recordo a Valente hablandole el dia anterior, con su mirada acuosa resbalando sobre ella a traves de su flequillo.
Alzo la vista titubeando y miro a Victor, que parecia decirle, con sus enormes ojos de perro callejero acorralado: «No contestes».
Justo fue esa debilidad, ese miedo intimo que advirtio en el, lo que acabo por decidirla. Deseaba demostrarles a Ric Valente Sharpe y Victor Lopera que ella estaba hecha de otra pasta. Nada ni nadie iba a atemorizarla.
