que tu. Pense que Blanes estaba en Zurich y me lleve una sorpresa cuando me trasladaron aqui. Despues me sorprendi aun mas al saber que tu tambien venias. Ahora ya me he acostumbrado a las sorpresas: forman parte de la vida de isleno. -Levanto su jarra-. Por nuestra apuesta.
– No hay ya ninguna apuesta -dijo Elisa. Probo un sorbo de cafe y lo considero excelente-. Estamos empatados.
– Ni lo suenes. He ganado yo. Blanes me dijo ayer que tus ideas sobre la variable de tiempo local son ridiculas, pero que estas demasiado buena para no ficharte, a lo cual no tuve nadar que objetar. Y ahora que ya cuento con conocimiento de causa, debo decir que no le falta razon.
Elisa empezo a devorar su sandwich.
– ?Quieres decirme de una vez que es lo que sabes? -pregunto.
– Solo se que no se nada. O muy poco. -Valente se zampo su comida de dos bocados-. Se que tuve razon desde el principio, y que esto, sea lo que sea, es algo muy gordo… Tan gordo que no quieren compartirlo. Por eso han buscado a estudiantes como nosotros, ?comprendes, querida? Nombres desconocidos que no empanen los suyos… En cuanto al resto, supongo que la reunion de las nueve y media servira para rellenar nuestras lagunas de ignorancia. Pero te preguntare, como Dios a Salomon: «?Que es lo quieres saber exactamente?».
– ?Sabes que se hace con la ropa sucia?
– Eso si puedo decirtelo. La lavamos nosotros. Hay una lavadora en la cocina, una secadora y una tabla de planchar. Tambien debemos hacer la cama y limpiar la habitacion, lavar los platos y turnarnos para hacer las comidas. Y te advierto que las chicas teneis trabajo extra por la noche, ya que debeis dedicaros a complacer a los hombres. En serio: el experimento de Blanes consiste en averiguar si la gente puede soportar la vida matrimonial sin perder la cordura… ?Te vas a poner sujetador? Por favor… ?Todas las chicas van con los pechos sueltos! Estamos en una isla, carino.
Sin hacerle caso, Elisa entro en el bano y empezo a vestirse.
– Dime una cosa -dijo cuando se cerro la cremallera de los shorts-. ?Voy a tener que soportarte durante todo el tiempo en esta isla?
– Son unos once kilometros cuadrados contando con el lago, no te preocupes. Hay espacio suficiente para no vernos la jeta.
Ella regreso al dormitorio. Ric la miraba desde la cama sorbiendo cafe.
– Ya que he cumplido mi sueno de verte sin ropa, quiza sea hora de que te diga la verdad -comento-. No fue Blanes quien me llamo el domingo, sino Colin Craig, mi amigo de Oxford. Yo era su candidato, ya me habia elegido sin yo saberlo, por eso me estudiaron y vigilaron. Tambien te estudiaron a ti como otra probable candidata, en este caso para Blanes, aunque el aun no te habia elegido. Pero, al leer tu trabajo, no tuvo ninguna duda. -Sonrio ante la sorpresa que ella mostraba-. Tu eres
– ?Que?
Divertido con la expresion de Elisa, Valente agrego:
– Que tenias razon, querida: la variable de tiempo local era la clave, y no lo sospechabamos.
Nubes como sacos repletos de grano ocultaban el sol y gran parte del cielo. Sin embargo, no hacia frio y la atmosfera era densa y pegajosa. Bajo aquel universo, el paisaje que se extendia ante sus ojos la fascino: arena fina, palmeras pesadas, un horizonte de selva mas alla del pequeno helipuerto y el mar grisaceo cinendolo todo.
Mientras caminaban hacia el segundo barracon, Valente le explico que Nueva Nelson tenia forma de herradura abierta hacia el sur, donde se encontraban los arrecifes de coral, cerrando un lago de agua salada de unos cinco kilometros cuadrados, de modo que podia afirmarse que la isla era un atolon. La estacion cientifica se hallaba al norte, en el cinturon de tierra firme, y entre ella y el lago discurria una linea de selva, que era la que en aquel momento contemplaban.
– Podemos ir un dia de excursion -anadio-. Hay bambu, palmeras y hasta lianas, y las mariposas merecen la pena.
Algo parecido a una alegria nunca antes experimentada inundaba a Elisa mientras caminaba por la arena. Y ello a pesar de las alambradas y el resto de construcciones, no precisamente a juego con aquel escenario natural: antenas parabolicas y verticales, casamatas de paredes portatiles y helicopteros. Tampoco le importaron los dos soldados que montaban guardia en las verjas, ni siquiera la irritante presencia de Valente, pequena pero siempre molesta, como un grano. Supuso que su felicidad se debia a razones muy intimas, quiza ancladas en su inconsciente. Era el sueno del Eden hecho realidad.
Tal sensacion duro exactamente veinte segundos, el tiempo que paso en el exterior.
Cuando penetro por la puerta del segundo barracon, que era mas amplio, y se vio envuelta en luces artificiales, paredes, metalicas y cristaleras con marcos de acero que revelaban un comedor funcional, toda idea de paraiso se esfumo de su mente. Solo persistio su orgullo profesional al recordar las palabras de Valente:
– La estacion cientifica tambien tiene forma de herradura, o mas bien de tenedor -le explico Ric dibujando en el aire-: el primer barracon es el mas cercano al helipuerto, y alberga los laboratorios; el segundo es el brazo central y contiene la sala de proyeccion, el comedor y la cocina con la trampilla de acceso al la despensa; el tercero es el de los dormitorios. El brazo transversal corresponde a una especie de sala de control, o al menos asi la llaman. Yo he estado solo una vez, pero quiero repetir, hay ordenadores de ultima generacion y un acelerador de particulas de la hostia, un tipo nuevo de sincrotron. Ahora nos dirigimos a la sala de proyeccion…
Senalaba una puerta abierta a la izquierda desde la que llegaban palabras en ingles. Hasta ese momento Elisa no habia encontrado a nadie: suponia que el equipo no debia de ser muy numeroso. Cheryl Ross aparecio de repente por aquellas puertas, en camiseta y vaqueros, pero manteniendo el mismo peinado e identica sonrisa que por la noche. Elisa se despidio del idioma castellano en cuanto la vio.
– Buenos dias -dijo Ross en tono musical-. ?Ahora mismo iba a buscaros! El jefe no quiere comenzar hasta que no estemos todos, ya lo conoceis… ?Como ha sido tu primera noche en Nueva Nelson?
– He dormido como un tronco -mintio Elisa.
– Me alegro.
La sala semejaba el interior de un cine de hogar preparado para una decena de espectadores. Las butacas consistian en sillas dispuestas en hileras de tres. En la pared del fondo habia una consola con un teclado de ordenador y en la opuesta una pantalla de unos tres metros de longitud.
Pero en aquel momento lo que mas intereso a Elisa fue la gente: se levantaron haciendo un ruido espectacular con las sillas. Hubo una confusion de manos y besos en la mejilla cuando Valente la presento como «la que faltaba». Obligada a pensar en ingles, Elisa se dejo arrastrar por los acontecimientos. Ya conocia de vista a Colin Craig, un tipo joven y atractivo, de pelo corto, gafas redondas y barbita rodeando la boca. Recordo que la hermosa mujer de largo pelo castano era Jacqueline Clissot, pero esta mantuvo las distancias y solo le tendio la mano. Quien no guardo ninguna distancia fue Nadja Petrova, la chica del pelo albino, que la beso afectuosamente y provoco risas intentando pronunciar «Tambien soy paleontologa» en castellano.
– Me alegro de conocerte -agrego en otra pirueta linguistica, y a Elisa le agrado mucho su esfuerzo por hablar en su idioma.
Valente, por su parte, monto una de sus tipicas escenas para presentar a la otra mujer, flaca, madura; de rostro anguloso y arrugado, con una ostensible nariz salpicada de pecas. Deposito un brazo sobre sus hombros haciendola sonreir con embarazo.
– Te presento a Rosalyn Reiter, de Berlin, amada discipula de Reinhard Silberg, graduada en historia y filosofia de la ciencia pero actualmente dedicada a un campo muy especial.
– ?Cual? -pregunto Elisa.
– Historia del cristianismo -repuso Rosalyn Reiter.
Elisa no modifico su tono de cortes alegria, pero estaba pensando en otra cosa. Contemplaba las caras de las personas con las que tendria que trabajar, y mientras tanto reflexionaba.
– Ya esta aqui el Consejo de Sabios.
