Por la entrada desfilaron David Blanes, Reinhard Silberg y Sergio Marini. Este ultimo cerro la puerta tras de si.
Aquel gesto hizo pensar a Elisa en una seleccion: los que viviran en el paraiso y los expulsados; los admitidos a la gloria eterna y los que se quedarian en tierra. Los conto: eran diez, con ella incluida.
Diez cientificos. Diez elegidos.
En el silencio que siguio todos ocuparon los asientos. Solo Blanes permanecio de pie frente a los demas, dando la espalda a la gran pantalla. Al ver como se agitaban los papeles que sostenia, Elisa casi creyo que sonaba.
Blanes estaba temblando.
– Amigos: hemos esperado a que todos los participantes en el Proyecto Zigzag estuvieran presentes para ofrecer las explicaciones que, sin duda, estareis deseando escuchar… Me apresuro a deciros esto: los que nos encontramos hoy en esta sala podemos considerarnos muy afortunados… Vamos a contemplar lo que ningun ser humano ha visto jamas. No exagero. En ocasiones veremos cosas que ninguna criatura, viva o muerta, ha visto nunca desde el comienzo del mundo…
Un gelido torrente de escalofrios habia dejado a Elisa paralizada.
Se irguio en el asiento preparandose para introducirse, junto a sus nueve asombrados companeros, en aquellas aguas desconocidas.
IV EL PROYECTO
Todo lo que es, es pasado.
ANATOLE PRANCE
14
Aunque aun no lo sabia, la oscuridad mas honda de su vida ya habia nacido.
Y la aguardaba en algun lugar cercano del futuro.
Sergio Marini era lo que no era Blanes: elegante y seductor. Delgado, de ondulado pelo oscuro, piel bronceada, rostro terso y encantadora sonrisa, sabia impostar su voz de
Tenia, por tanto, otra cosa que en Blanes escaseaba: sentido del humor.
– Una noche de 2001 llenamos de agua hasta la mitad un vaso de cristal. Luego lo dejamos sobre la mesa del laboratorio durante treinta horas seguidas. Al cabo de ese tiempo, David lo estrello en el suelo: esa fue su unica contribucion experimental a la teoria. -Miro a Blanes, que se habia unido a las risas-. No te enfades, David: tu eres el teorico, yo soy el del martillo y los clavos, ya sabes… Nuestra idea era la siguiente… Oh, bueno, explicalo tu. A ti te sale mejor el rollo.
– No, no, tu mismo.
– Por favor, tu eres el padre.
– Y tu la madre.
Intentaban improvisar un espectaculo, y no les salia mal. Eran como dos humoristas de cabaret barato: el torpe y el astuto, el guapo y el feo. Elisa los miraba y podia entender los anos de trabajo en solitario sin resultados y la desbordante ilusion del primer exito.
– Bueno, por lo visto me toca a mi -dijo Blanes-. En fin, veamos. Ya sabeis que, segun la «teoria de la secuoya», cada particula de luz transporta, arrolladas en su interior, las cuerdas de tiempo, como esos circulos del tronco de la secuoya que se van agregando alrededor del centro conforme crece. El numero de cuerdas no es infinito, pero si gigantesco, inconcebible: es el numero de Tiempos de Planck que han transcurrido desde el origen de la luz…
Hubo algunos murmullos y Marini gesticulo con voz quejosa.
– La profesora Clissot quiere saber lo que es un Tiempo de Planck, David… ?No desprecies a los que no son fisicos, por mucho que se lo merezcan!
– Un Tiempo de Planck es el intervalo de tiempo mas pequeno posible -explico Blanes-. Es el que tarda la luz en recorrer una Longitud de Planck, que es la longitud mas diminuta que posee existencia fisica. Para que os hagais una idea: si un solo atomo tuviera el tamano del universo, una Longitud de Planck seria del tamano de
– No has visto a Colin comiendo bocadillos de foie-gras -apostillo Sergio Marini. Craig levanto la mano en un gesto de asentimiento. Fue la primera vez que Elisa vio a Blanes lanzar una carcajada, pero el fisico espanol retorno a la seriedad casi de inmediato.
– Cada cuerda de tiempo equivale, pues, a un Tiempo de Planck especifico, y contiene
– Grabamos la imagen del vaso roto en video y la enviamos a un acelerador de particulas -continuo Marini-. Ya sabeis que una imagen de video no es otra cosa que un haz de electrones. Aceleramos esos electrones hasta una energia que se mantuviera estable con un margen de varios decimales y los hicimos colisionar con un chorro de positrones. Las particulas resultantes debian de contener las cuerdas abiertas en un periodo equivalente a dos horas antes de la rotura del vaso. Reconvertimos estas particulas en un nuevo haz de electrones, las hicimos chocar contra una pantalla de television, utilizamos un
– El vaso roto en el suelo -dijo Blanes, y de nuevo estallaron las risas.
– Eso ocurrio durante el primer centenar de intentonas, cierto -admitio Marini-. Pero esa noche de 2001 fue diferente: conseguimos una imagen del vaso intacto sobre la mesa. Esa imagen
