No, por las protuberancias… Allosaurus, casi seguro. Devoraban restos… ?Nadja, debemos ver que comian! Pero, ?esas antenas…! ?Oh, por favor…! -Clissot, convertida en el centro de la atencion, no paraba de hablar. No habia parado desde que habian visto las imagenes-. ?Plumas en la cola y antenas en la cabeza! Los craneos de allosaurus muestran hendiduras supraorbiculares que han sido siempre objeto de debate… Reconocimiento sexual, se dijo. Pero nadie sospechaba… ?Nadie podia imaginar que fueran una especie de cuernos retractiles, como los de los caracoles! ?Cual seria su funcion…? Quiza organos olfatorios, o un sensorio para desplazarse por la jungla… Y esas plumas son la prueba de que poseian rituales de cortejo mucho mas complicados de lo que suponiamos… ?Como ibamos a poder…? ?Estoy tan nerviosa! Necesito un vaso de agua…

La senora Ross ya lo traia, abriendose paso entre Silberg y Valente. Las luces de la sala estaban encendidas, y a Elisa le parecio increible que algo como lo que acababan de contemplar se hubiese proyectado en aquella habitacion miserable, aquel cine domestico de paredes prefabricadas con una decena de sillitas de plastico.

– ?Como era posible ese brillo en la piel? -dijo Marini.

– ?Que lastima que no puedan verse los colores originales -se lamento Cheryl Ross.

– La desviacion al rojo era intensa -arguyo Blanes-. Las cuerdas de tiempo se hallaban a una distancia espacial equivalente a ciento cincuenta millones de anos luz…

– Hay cosas que no conociamos. -La paleontologa habia bebido todo el vaso de un trago y se secaba con el dorso de la mano-. Muchas cosas, en realidad… Los fosiles solo dan cuenta, la mayoria de las veces, de la osamenta… Por ejemplo, sabiamos que algunos tenian plumas… De hecho, los dinosaurios son los antepasados de las aves. Pero nadie habia imaginado que ejemplares tan grandes pudiesen tenerlas…

– Gallinas gigantes carnivoras -dijo Marini, y solto una carcajada nerviosa.

– ?Oh, Dios, David, David! -Clissot abrazo impetuosamente a Blanes, que se quedo un tanto aturdido.

– Todos estamos muy contentos -resumio la senora Ross.

No todos.

Elisa era incapaz de definir con exactitud lo que sentia. Percibia como una traccion, una fuerza que desplazara su centro de gravedad, invitandola a caer. Un vertigo, pero no solo del equilibrio fisico. Como si tambien su equilibrio emocional, y hasta moral, estuviesen amenazados. Queria permanecer atenta a las explicaciones de Clissot, pero no podia. Se apoyo en la pared. Intuia, de algun modo, que si se dejaba vencer se precipitaria por un abismo, y solo si resistia de pie lograria salvarse.

No todos igual.

Lo habia sentido al abrazar a Nadja. Tambien al acercarse a Rosalyn y a Craig. Curiosamente, pese a todo su entusiasmo, Clissot parecia neutra, y a Valente le ocurria otro tanto. El Impacto. Nos ha tocado a nosotros esta vez.

La alegria del resto del equipo continuaba, pero Silberg, sudoroso (aunque incapaz, al parecer, de quitarse la corbata), los reunio con su poderoso vozarron.

– Un momento… Hemos olvidado las consecuencias del Impacto. Me gustaria que me dijerais que estais sintiendo…

A Elisa le habria gustado decirlo, pero no pudo. Vio que Blanes la miraba y huyo de la sala de proyeccion por la puerta lateral, en direccion a su cuarto. Al llegar se encerro en el bano. Tenia deseos de vomitar, pero solo logro arcadas secas. El bano parecio ondular entonces. Elisa se sujeto a las paredes como si se encontrara en el interior de un barco sin tripulacion sometido al capricho de las olas. Sabia que se caeria si seguia de pie, de modo que decidio apoyarse en el suelo, doblo las rodillas y sintio dolor en las rotulas al chocar contra la plancha metalica. Quedo a cuatro patas, con la cabeza gacha, como esperando que alguien viniera y se apiadara de ella. ?No, no, que no venga nadie, que no me vean!

De pronto todo paso.

El final fue tan inesperado como el comienzo. Se levanto y se lavo la cara. Volvio a identificar su imagen en el espejo. Era ella, no le sucedia nada. ?Que clase de pensamientos raros habian caminado como aranas por su mente? No podia entenderlo.

Y no queria perderse por nada del mundo la siguiente proyeccion.

Se trataba de una ciudad, en si misma poco sorprendente; grande, hecha de piedra, pero con no demasiadas pretensiones. Sin embargo, al igual que le habia ocurrido con la imagen de los dinosaurios, se impresiono de lo bella que resultaba. Habia un deseo en aquellas formas, en la poderosa muralla que la rodeaba, en los bucles de calles y tejados, en la disposicion de las torres, que constituia un golpe de hermosura para los ojos. Una perfeccion fisica y salvaje, alejada del mundo en el que ella vivia. ?Hasta tal punto las cosas antes -objetos, ciudades, animales- eran tan hermosas? ?O las actuales habian desembocado en tanta fealdad? Penso que parte del Impacto podia deberse a eso: a la anoranza de la belleza perdida.

– El templo… El portico de Salomon no lo vemos… -Silberg era un cicerone en medio de la oscuridad-. La fortaleza Antonia… Eso de alla debe de ser el Pretorio, Rosalyn… Todo nos confunde, ?eh? Todo es tan… nuevo… Y digo bien: nuevo. El edificio semicircular es un teatro… Hay cosas colgadas de las ventanas…

– Ensenas romanas -dijo Rosalyn Reiter con voz pesarosa.

Elisa contenia la respiracion. Sabia que no lo verian. No tendrian tanta suerte. Era como encontrar una aguja entre millones de pajares vacios.

Silberg afirmaba que era mas probable verlo en la cruz que moviendose por las calles. Pese a todo, Reiter y el habian procedido hacia atras en el computo: el dia 15 de nisan se citaba como el dia de su muerte en los Sinopticos, y el 14 en Juan. Silberg se decantaba por Juan, lo cual equivalia a un viernes de abril. Poncio Pilatos habia gobernado del 26 al 36 de nuestra era, por lo que destacaban dos fechas posibles: 7 de abril del 30 o 21 de abril del 33. Pero existia otro dato: Sejano, comandante de la guardia pretoriana en Roma y partidario de aplicar mano dura contra los judios, habia muerto en el ano 32, y el emperador Tiberio se habia manifestado en contra de esa postura. Si Sejano ya habia muerto, se comprendian mejor las reticencias de Pilatos a la hora de condenar a aquel carpintero hebreo. Lo cual apuntaba al 33 como ano mas probable.

Silberg y Reiter habian escogido un tiempo preciso (una «apuesta», lo llamaba Silberg): los dias de abril previos al 21 del ano 33.

– Era una sola persona en una ciudad de setenta mil, pero armo cierto alboroto… Quiza… podamos ver algo indirectamente… Comprender algo por el movimiento de la gente… Pero no habia gente por ninguna parte. La ciudad parecia vacia.

– ?Donde se ha metido todo el mundo? -inquirio Marini-. El ordenador encontro personas…

– Hay mas cuerdas abiertas, Sergio -dijo Craig-. No sabemos a que momento temporal exacto pertenece esta… Quiza la gente estuviera…

Pero el siguiente corte hizo que Craig se interrumpiera. La camara descendio hacia una calle en pendiente y hubo un salto hacia otra cuerda temporal. De pronto el silencio en la sala se convirtio en una tumba.

Por el lateral izquierdo de la pantalla despuntaba, inmovil, una silueta.

Era negra como una sombra. Llevaba lo que parecia ser un velo sobre la cabeza y sostenia algo blanco, quiza una cesta. El zoom no permitia distinguirla con nitidez; de hecho, su imagen, estaba parcialmente disuelta. Ocasionaba cierto temor verla alli, en contraste con la claridad que la rodeaba: una silueta difusa y negra. Pero el aspecto no parecia dejar lugar a dudas.

– Una mujer -dijo Silberg.

Elisa reprimio un escalofrio. Pensaba que ni siquiera dos hierros al rojo acercandose a sus globos oculares le habrian hecho cerrar los ojos en aquel momento, no digamos el posible Impacto que sufriria. Atesoraba, devoraba la imagen con sus cristalinos hambrientos, banada en la saliva de las lagrimas. El primer ser humano del pasado que contemplamos. Alli quieta, en la pantalla. Una mujer real que vivio realmente dos mil anos antes. ?Adonde iria? ?Al mercado? ?Que llevaria en la cesta? ?Habria visto predicar a Jesus? ?Lo habria visto entrar en la ciudad a lomos de un asno y habria agitado un ramo?

La imagen paso a otra cuerda no consecutiva y la figura parecio saltar varios metros, situandose en el centro. Continuaba inmovil, envuelta en sus ropajes oscuros, pero su postura indicaba que habia sido «fotografiada» desde arriba mientras caminaba de izquierda a derecha por la calle en pendiente.

Hubo otro salto. La figura no se desplazo esta vez. ?Se habria detenido? El ordenador efectuo un zoom automatico y se centro en la mitad superior de la imagen. Silberg, que habia empezado a hablar, se interrumpio bruscamente.

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