Elisa. Nadja volvio a apretarle el brazo-. Pero ?no crees que puede haber alguien mas, aparte de los soldados, Carter o nosotros?

– ?A que te refieres?

– Alguien mas… en la isla.

– Es imposible -dijo Elisa estremeciendose.

– ?Y si hubiera alguien mas, Elisa? -insistia Nadja. Apretaba el brazo de Elisa con tanta fuerza que le hacia dano-. ?Y si hubiese alguien mas en la isla que no supieramos?

18

Sergio Marini hacia trucos de magia: era capaz de sacar un billete de tu oreja, partirlo por la mitad y recomponerlo con la mano derecha, como si la izquierda la reservara para cosas mas serias. Colin Craig tenia grabados en su portatil los ultimos grandes partidos del Manchester, y solia ver con Marini las retransmisiones de encuentros internacionales. Jacqueline Clissot ensenaba por doquier las fotos de su hijo Michel, de cinco anos, a quien le enviaba correos electronicos muy graciosos, y luego se sentaba a darle sensatos consejos a Craig, que seria papa por primera vez el ano proximo. Cheryl Ross ya era abuela desde hacia dos anos, pero no hacia calceta ni amasaba bunuelos sino que hablaba de politica y le gustaba criticar a «ese inmenso idiota» de Tony Blair. Reinhard Silberg habia perdido recientemente a su hermano debido a un cancer, y coleccionaba pipas pero rara vez fumaba. Rosalyn Reiter leia novelas de Le Carre y Ludlum, aunque durante el mes de agosto su aficion favorita habia sido Ric Valente. Ric Valente trabajaba y trabajaba, en todas partes, a todas horas: ya habia dejado de estar con Rosalyn, incluso de dar paseos con Marini y Craig, y esos ratos los dedicaba a trabajar. Nadja Petrova charlaba y sonreia: su gran aficion era no estar sola. David Blanes queria estar solo para interpretar los laberintos de Bach al teclado. Paul Carter hacia ejercicio -barras y flexiones- junto a la casamata. En eso se parecia a ella, aunque lo que ella hacia era correr por la playa y nadar, cuando la lluvia y el viento se lo permitian. Bergetti jugaba a las cartas con Marini. Stevenson y su colega, tambien britanico, York, solian ver las retransmisiones de futbol junto con Craig. Mendez era muy chistoso y hacia reir a Elisa con cuentos que contados por cualquier otra persona hubiesen parecido bobos. El tailandes Lee era aficionado a la musica New Age y a los aparatos electronicos.

Asi eran sus companeros. Asi fueron los dieciseis unicos habitantes de Nueva Nelson entre julio y octubre de 2005.

Ella nunca olvidaria aquellos pasatiempos banales que los definian, les otorgaban historia e identidad.

Jamas olvidaria. Por muchas razones.

La manana del martes 27 de septiembre, Elisa se entero de una noticia que le hizo mucha ilusion. Se la dijo la senora Ross (que era «como Hacienda», segun definicion de Marini, y lo sabia «todo sobre todo el mundo») durante el almuerzo. Elisa se paso el resto de la comida decidiendo si debia o no hacerlo, e imaginando posibles resultados.

Al fin opto por ponerse pantalones largos. Podia parecer una estupidez (una «nineria», lo llamaria su madre), pero no le apetecia presentarse ante el en shorts.

Cuando se acerco a su despacho esa tarde oyo el picoteo de dos pajaros saltando sobre las teclas. Carraspeo. Llamo con los nudillos. Al abrir la puerta, se juro a si misma que guardaria para siempre la imagen del cientifico sentado ante el piano electrico mientras su semblante parecia transportado a un paraiso privado donde ni siquiera la fisica tenia cabida. Se quedo en el umbral escuchandolo hasta que el se detuvo.

– Preludio de la primera partita en si bemol mayor erijo Blanes.

– Es preciosa. No queria interrumpirle.

– Vamos, pasa y no digas bobadas.

Aunque habia estado varias veces en aquel despacho, se sintio algo tensa. Siempre se sentia algo tensa cuando entraba alli. Parte de la culpa la tenian el reducido tamano de la habitacion y el cuantioso numero de objetos apilados, incluyendo la pizarra de plastico atestada de ecuaciones, la mesa con el ordenador y el teclado musical y la estanteria de libros.

– Queria felicitarle -murmuro de pie, pegada a la puerta-. Me ha alegrado mucho la noticia. -Lo vio fruncir el ceno con los ojos achinados, como si ella fuese invisible y el escudrinase el aire para poder distinguir que clase de criatura incorporea le hablaba-. El senor Carter se lo dijo a la senora Ross… -De pronto, mientras se enjugaba los labios, penso algo. Joder, no lo sabe todavia. Voy a tener que decirselo yo-. Lo ha filtrado una fuente extraoficial de la Academia Sueca esta manana…

Blanes dejo de mirarla. Parecia haber perdido todo interes en la conversacion.

– Solo soy un… ?Como lo llaman?… «Firme candidato.» Todos los anos lo soy. -Y rubrico la frase con un acorde de teclas, como si le indicase que preferia seguir tocando a hablar de chorradas.

– Se lo daran. Si no este ano, el proximo.

– Claro. Me lo daran.

Elisa no sabia que mas anadir.

– Usted se lo merece. La «teoria de la secuoya» es… es un exito rotundo.

– Un exito desconocido -preciso el hablando de cara a la, pared-. Nuestra epoca se caracteriza, entre otras cosas, porque los pequenos exitos los conoce mucha gente, los grandes unos pocos y los inmensos nadie.

– Este si lo conoceran -replico ella con sincera emocion-. Habra maneras de reducir el Impacto, o controlarlo… Estoy segura de que lo que usted ha conseguido terminara sabiendolo todo el mundo…

– Ya basta de «usted». Yo, David; tu, Elisa.

– De acuerdo. -Ella sonrio, pese a que no le gustaba la escena que, sin querer, habia provocado. Su pretension era felicitarle y marcharse sin tener ocasion siquiera de escuchar su agradecimiento. Le parecia obvio que a Blanes su presencia no le interesaba un pimiento.

– Sientate donde puedas.

– Solo venia a decirle… a decirte esto…

– Sientate de una vez, caramba.

Elisa encontro un lugar sobre la mesa, junto al ordenador. Era estrecho, y el borde se clavaba en su trasero. Por fortuna llevaba pantalones largos. Blanes siguio mirando hacia la pared. Ella sospechaba que se disponia a hablarle de las injusticias que la sociedad perpetraba con pobres genios hispanos como el, por eso se le encogio el estomago cuando le oyo decir:

– ?Sabes por que no te dejaba responder en clase? Porque sabia que conocias la respuesta. Cuando yo doy clase, no quiero escuchar respuestas: quiero ensenar. Con Valente no me sentia tan seguro.

– Comprendo -dijo ella tragando una bola de saliva.

– Luego, cuando respondiste sin que te preguntara, y de esa manera tan tonta en que lo hiciste, cambie de opinion respecto de ti.

– Ya.

– No, no es lo que estas pensando. Dejame decirte algo. -Blanes se froto los ojos y luego se estiro sobre el asiento-. No te lo tomes a mal, pero tienes uno de los mayores defectos que pueden tenerse en este punetero mundo: pareces no tener defectos. Eso fue lo que me cayo peor de ti desde el principio. Es mejor, muchisimo mejor, provocar burla antes que envidia, recuerdalo siempre. Sin embargo, cuando me hablaste con ese tono de orgullo herido, me dije: «Ah, bueno, menos mal. Sera bella, inteligente y trabajadora, pero al menos es una capulla arrogante. Algo es algo».

Se quedaron mirandose muy serios y de improviso ambos sonrieron.

Una amistad no es un logro tan dificil y esforzado como muchos creen. Tendemos a pensar que las cosas mas importantes tardan en nacer, pero a veces una amistad o un amor surgen como el sol cuando hay nubes: un segundo antes todo era gris; un segundo despues, la luz ciega.

En ese simple segundo, Elisa se hizo amiga de David Blanes.

– De modo que voy a decirte algo mas para contribuir a que conserves ese defecto -anadio el-: aparte de ser

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