Aquella tromba impedia el desarrollo de cualquier actividad en el exterior y apinaba a los cientificos en las habitaciones, encerrandolos en una atmosfera gris y aletargada. Elisa y sus colegas sufrian mas ese aletargamiento, ya que el trabajo habia cambiado de manos y ahora eran Clissot, Silberg, Nadja y Rosalyn quienes tenian cosas que hacer, mientras que los fisicos podian permitirse un descanso. Ella solia reunirse con Clissot y Nadja en el laboratorio despues de desayunar, y se distraia viendolas estudiar milimetro a milimetro la imagen del Lago del Sol (como habia sido bautizada, rechazandose otras propuestas como la de Marini, que pretendia llamarla «de las Gallinas Carnivoras»). Al principio asistia a aquellas sesiones muy animada, pero luego empezo a aburrirse con el trabajo minucioso de las dos paleontologas. «Observa la extremidad anterior de A, Nadja. Comparala con la homolateral de B. Solo hay una falange en A, dos en B.» Elisa bostezaba. Si hace un par de dias me hubiesen dicho que iba a hartarme de ver esto, me habria reido a carcajadas. Nos acostumbramos a todo.

Nadja se encontraba mucho mejor. Habia logrado conciliar el sueno y su ansiedad habia disminuido. Aunque tendria que presentarse a una revision psicologica con Silberg la semana siguiente, nada parecia poder apartarla de aquella rutina diaria frente al ordenador.

Cada vez que veia a su amiga, Elisa pensaba en lo que le habia contado la tarde de las proyecciones. Le parecia absurdo, fruto de su estado de nervios, pero albergaba dudas. ?Cabia la posibilidad de que hubiese alguien mas en la isla que ellos ignoraran? ?Y por que no? Llevaba dos meses y medio alli, y aunque creia conocer a todos y cada uno de sus habitantes, incluyendo a los soldados, los helicopteros iban y venian para reponer viveres y podia darse la circunstancia de que hubiese llegado algun militar de reemplazo y se alojara, junto con los otros, en la casamata. Pero, si asi era, ?por que no se daba a conocer? ?Y que hacia explorando los barracones de noche y sin uniforme? Es absurdo. Nadja tuvo una pesadilla especialmente intensa. Luego la exagero con el Impacto.

Pero no podia quitarse de la cabeza la horrible fantasia de un hombre de ojos blancos mirandola desde las tinieblas.

La noche del sabado 1 de octubre, despues de jugar (y perder) con Craig, Marini y Blanes varias partidas de poquer tras, la cena, Elisa se retiro a su habitacion. A las nueve ya estaba en la cama y a las diez en punto se apagaron las luces.

El tifon parecia haber empeorado. Sonaba como si hubiese comenzado el dia del juicio, una de esas apariciones dantescas en forma de aguila o cruz sobrevolando los cielos. Pero tras las capas de aislamiento de aquellas paredes prefabricadas era facil encontrarse como en una burbuja de metal. Nada se movia, todo estaba callado y tranquilo. Pese a ello, Elisa no podia conciliar el sueno.

Aparto la sabana y se levanto. Penso en dar un paseo: podia ir hasta la cocina y prepararse un te. Recordo que Carter habia prohibido el uso de todos los aparatos electricos. Y no le faltaba razon, porque habian comenzado los relampagos, destellos silenciosos que revelaban retazos de la habitacion. De todas formas, la idea del paseo le agradaba. No le haria falta ninguna luz adicional: le bastaria con las de emergencia. Ademas, se sentia capaz de recorrer el barracon de una punta a otra con los ojos cerrados.

Entonces se percato de algo.

Estaba mirando hacia la ventana cuando lo vio. Al principio creyo que sonaba.

Era un agujero. En la esquina superior izquierda de la pared, junto a la interseccion con el techo y la pared del bano. Era eliptico, y tan grande que hubiese podido colarse por el de haber querido. Los «destellos silenciosos» no provenian de la ventana sino de aquella abertura que daba al exterior.

Se quedo tan aturdida preguntandose como podia haber sucedido tal cosa, que no se dio cuenta, al pronto, del otro detalle extrano.

Destellos silenciosos.

Silenciosos.

Estaba rodeada de silencio. Un silencio absoluto. ?Donde se habia ido la tormenta?

Pero el silencio no era total: detras de ella sonaba algo.

Esta vez no eran pasos cuyos ecos se filtraran por las paredes, sino los ruidos de una presencia inmediata y concreta. El roce de la suela de unos zapatos, una respiracion. Alguien en su cuarto, dentro de su cuarto, con ella.

Le parecio como si su piel quisiera abandonarla: sus poros se convirtieron en diminutas limaduras de hierro rodeadas por un electroiman potente y se alzaron desde la nuca a los pies. Penso que tardaba una eternidad en girar y mirar atras. Cuando por fin lo hizo, distinguio una figura.

Se hallaba de pie junto a la puerta, algo mas alejada de lo que le habia hecho pensar el sonido de su respiracion, completamente inmovil. Los resplandores la revelaban parcialmente: zapatillas deportivas, bermudas, una camiseta. Pero la cara era una masa de tinieblas.

Un hombre.

Por un instante creyo que el corazon le reventaria de terror. Entonces lo reconocio, y casi le entraron ganas de reir.

– Ric… ?Que haces aqui? Menudo susto…

La figura no contesto. En lugar de eso, avanzo hacia ella sin apresurarse, con la levedad con que las nubes ocultan la luna. A ella no le cabia ninguna duda de que se trataba de Valente: la complexion, la vestimenta… Estaba casi segura. Pero, si era asi, ?que pretendia? ?Por que no le hablaba?

– ?Ric? -Nunca hubiese sospechado que aquella simple palabra iba a costarle tanto esfuerzo. Sintio dolor en la garganta al pronunciarla-. Ric, eres tu, ?verdad?

Retrocedio un paso, luego otro. El hombre rodeo la cama y continuo acercandose, inmutable, en completo silencio. Se tomaba su tiempo. Los resplandores iluminaban bien sus bermudas y su camiseta de color oscuro, pero la cara seguia negra como un tunel bajo un techo de cabellos.

No es Ric Hay alguien mas en la isla que no sabiamos.

Su espalda y sus nalgas se aplastaron contra la pared metalica y noto el frio en contacto directo con la piel. Fue entonces cuando cayo en la cuenta de que no llevaba ni una sola prenda encima. No recordaba haberse desnudado, lo cual la hizo sospechar que aquello no podia ser real. Estaba sonando, tenia que ser eso.

Pero fuera un sueno o no, ver aquella silueta aproximandose cada vez mas en medio del silencio resultaba insoportable. Lanzo un grito. De nina, cuando tenia pesadillas, despertaba en el momento en que gritaba. Gritar - penso siempre- le servia para romper la pesadilla y acabar con el horror.

Ahora no le dio resultado: abrio los ojos y el hombre seguia alli, cada vez mas cerca. Ya podia tocarlo si alargaba el brazo. Su rostro parecia una casa deshabitada. Solo perduraban las paredes de las mejillas y, al fondo, en la oscuridad, el ladrillo rugoso de las vertebras. El resto estaba desprovisto de carne y huesos, era un segmento donde la realidad decia: NO, un hueco entre dos parentesis, completamente negro…

Su cabeza es la guarida de una rata que le ha roido el rostro y vive en el cerebro. Porque hay alguien mas en la isla que no sabiamos.

… completamente negro, salvo los ojos.

Se llama Ojos Blancos, y ha venido a verte, Elisa. A veros a todos, en realidad.

Una visita breve pero definitiva.

Ojos vacios como abscesos.

No era una pesadilla. La habia inmovilizado. La estaba…

Ojos como lunas enormes que, al mirarla, la hacian introducirse en aquella luminiscencia, la cegaban con su vacua blancura.

… por favor que alguien me ayude por favor esto es real por favor…

En ese instante se desato la oscuridad.

La oscuridad tenia una voz ridicula, ciertamente.

Sonaba a nino a quien acabaran de pegarle los mayores en el colegio tras arrebatarle su helado preferido. Era un «ay» constante y agudo. Era Ric Valente, a quien Elisa habia mordido en algun sitio sensible de la anatomia de cualquier hombre por insensible que fuese. Y sus gritos resultaban tan ensordecedores que ella tenia ganas de ordenarle que callase so pena de volver a morderle en el mismo lugar, o quemarle las plumas, porque, ahora que se fijaba bien, Valente poseia plumas en el trasero y antenas en la cabeza, y movia todo aquello sobre ella. En realidad, se trataba de una gallina carnivora con importancia paleontologica que abria el pico para dejar escapar su algarabia. «Pero no debo reirme ni excitarme porque se trata de una pesadilla.»

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