O no del todo.
Veamos. Habia hecho el amor por primera y ultima vez en su vida a los diecisiete, con un chico llamado Bernardo. La experiencia la habia dejado tan traumatizada que no habia querido repetir. Bernardo era amistoso, dulce, suave y romantico; pero en el momento en que la penetro se volvio un piston desbaratado. La habia agarrado de las nalgas emitiendo gorgoteos grunidos, empujando, echando espumarajos. Ella habia salido al cine con un ser humano y se habia encontrado metida en la cama con una bestia rabiosa que intentaba una y otra vez encajarle algo entre las piernas mientras rugia: «Mmmmfff… Baffffff». No le gusto, la verdad. La vagina le dolio un monton y no se corrio. Al final, el la invito a compartir un cigarrillo, le dijo: «Ha sido inolvidable». Ella tosio.
Un par de meses despues, viniendo de Valencia, su padre se estrello contra el coche de un borracho. No es que tuviera nada que ver una cosa con otra. NO, siempre que la follaran iba a ocurrir una desgracia, pero lo cierto es que se le quitaron las ganas de hacer la prueba.
De modo que… ?por que estaba ahora con aquel hombre en la cama? Desde luego, era mucho peor que Bernardo, mucho mas feroz y de peores instintos. Ella habia visto una pelicula cierta vez (se habia olvidado del titulo) en la que a la protagonista se la tiraba nada menos que el diablo, un ser que expelia vapores de azufre y tenia los ojos blancos y la picha (era de suponer) descomunal. Una idea completamente absurda, pero
Se desperto rodeada de tinieblas. No habia ningun violador, ni encima ni debajo, y ella no estaba desnuda, sino con la camiseta y las bragas con que se habia acostado. Tampoco habia ningun agujero en la pared (que ocurrencia). Sin embargo, algo le dolia alli dentro, como le habia dolido tambien aquella primera vez. Pero no pudo concentrarse en eso porque notaba cosas mucho mas inquietantes a su alrededor.
Los resplandores familiares estaban ausentes. No habia focos sobre la estacion, no habia estacion sobre la isla, quiza tampoco isla sobre el mar. Solo aquella estridencia terrible: un ulular enloquecedor que perforaba sus timpanos.
Se incorporo, negandose aun a sentir miedo, y entonces oyo las voces, apretujadas en el estrecho espacio de decibelios que dejaba libre la vibrante campana. Las voces trajeron el miedo como trae la brisa el olor de una carrona: gritos en un ingles que ella no preciso traducir para comprender que algo grave habia sucedido, porque existe un momento en cualquier urgencia en que la gente entiende todo lo que oye sin necesidad de descifrarlo. Las catastrofes son poliglotas.
Se abalanzo hacia la puerta pensando en un incendio, y casi se dio de bruces contra un fantasma horripilante, blanco como la radiografia de un cuerpo humano clavada en la pared.
– ?Se han i… i… ido todas…! ?Las luces!
Era cierto: ni siquiera se hallaban encendidas las de emergencia. La rodeaba la oscuridad mas impenetrable. Paso un brazo por los temblorosos hombros de Nadja procurando consolarla y echo a correr junto a ella, a tientas, descalza, pasillo arriba.
Un muro les impidio avanzar. De aquella pared emergia la voz de Reinhard Silberg, cuya silueta se recortaba en el resplandor de una linterna. Alzandose de puntillas para superar el obstaculo de Silberg, Elisa pudo ver tambien a Jacqueline Clissot, a quien el rayo de luz apuntaba desde abajo, y a Blanes forcejeando con el individuo que sostenia la linterna (un soldado, quiza Stevenson) en la embocadura del pasillo que llevaba al segundo barracon.
Se dio cuenta de que Nadja le estaba gritando algo desde hacia tiempo:
– ?Ric y Rosalyn no estan en sus cuartos! ?Los has visto?
Intentaba improvisar una respuesta mas larga que el «no» cuando, de subito, el silencio se hizo puro.
Y, acompanandolo, la voz de alivio de Marini (lejana, procedente del segundo barracon: «Ah, al fin, cono»). La alarma, ya apagada, habia dejado tantos ecos en los oidos de Elisa que no percibio que alguien mas se acercaba por el pasillo detras de Stevenson. Una mano enorme salio de la oscuridad, un rostro de piedra se encaro con Blanes.
– Calma, profesor -dijo Carter sin elevar la voz-. Calma todos. Ha habido un cortocircuito en el generador principal Eso disparo la alarma. Por eso no hay luces.
– ?Por que no se ha puesto en marcha el generador secundario? -pregunto Silberg.
– Lo ignoramos.
– ?Las maquinas estan bien? -inquirio Blanes.
Elisa nunca olvidaria la respuesta de Carter: la forma que tuvo de desviar los ojos, la rigidez de su rostro contrastando con cierta aparente blancura en las mejillas, el brusco descenso del tono de voz.
– Las maquinas, si.
19
– Perdon, ?alguien quiere mas te o cafe? Voy a recoger las tazas.
La voz de la senora Ross surgio por sorpresa, como la de aquellos que rara vez hablan. Elisa se fijo en que era la unica que estaba comiendo (un yogur, a cucharadas tranquilas pero incesantes). Se hallaba sentada a la mesa y su aspecto era mejor del que cabria esperar, no solo debido a lo ocurrido sino a que aun no habia tenido tiempo de acicalarse y colgar de su cuerpo la joyeria que solia llevar encima. Poco antes habia estado haciendo te y cafe y repartiendo galletas, como una madre practica que pensara que un minimo desayuno era imprescindible para poder charlar sobre la muerte.
Nadie queria nada mas. Tras atusarse el cabello, siguio con, el yogur.
Se habian reunido en el comedor: un grupo de rostros ojerosos y palidos. Faltaban Marini y Craig, que estaban revisando el acelerador, y Jacqueline Clissot, dedicada a una tarea propia de su especialidad, pero totalmente insospechada antes de que aquella tragedia se produjera.
– En mi opinion -dijo Carter-, la senorita Reiter se levanto de madrugada por algun motivo, se dirigio a la sala de control y entro en la camara del generador. Alli toco donde no debia, provoco un cortocircuito y… El resto ya lo conocen. Cuando la doctora termine su examen, sabremos algo mas. Carece de materiales para hacer una autopsia, pero ha asegurado que emitira un informe.
– ?Y donde se ha metido Ric Valente? -pregunto Blanes.
– Esa es la segunda parte. Aun no me la se, profesor. Preguntemela despues.
Silberg, sentado a la mesa, en pijama, con la expresion extrana que muestran todos los rostros que usan gafas y de pronto aparecen sin ellas (las habia dejado en el dormitorio y aun no habia podido recuperarlas), las mejillas banadas de lagrimas, abrio sus grandes manos mientras murmuraba:
– La puerta de la camara del generador… ?No estaba cerrada con llave?
– Asi es.
– ?Como pudo Rosalyn entrar alli?
– Con una copia, sin duda.
– Pero ?para que querria Rosalyn una copia de esa llave? -Elisa tampoco conseguia explicarselo.
– Un momento -dijo Blanes-. Colin me conto que hubo que esperarlo a usted para desconectar la alarma de la camara del generador, porque solo usted poseia una llave, ?correcto?
– Asi es.
– Eso significa que estaba cerrada
– No he dicho que lo hiciera sola -preciso Carter rascandose los erizados pelos de su perilla grisacea-. Alguien la encerro alli.
Aquello parecia dar paso a otro nivel, otro plano de la situacion. Blanes y Silberg se miraron. Hubo un silencio incomodo que Carter quebro.
– No obstante, no puede descartarse un accidente. Encerrada en la oscuridad, la senorita Reiter tropezaria, o tocaria esos cables sin querer…
– ?No habia luz en la camara del generador? -pregunto Silberg-. Ella fue la que provoco el cortocircuito, ?verdad? Entonces
