– ?Puedo ayudarla?

– Muchas gracias, carino. Ya que te ofreces… Solo dime que productos quedan alli arriba, en el armario. Eres mas alta que yo, no necesitas subirte a ninguna silla…

Elisa se puso de puntillas y empezo a enumerarlos. En un momento dado la senora Ross le pidio que se detuviera para poder escribir. Durante ese silencio dijo:

– Pobre Rosalyn, ?verdad? No solo por… como ha… por su accidente, vamos, sino por todo lo que ha sufrido durante los ultimos dias.

No tuvo que aguardar demasiado para que Ross le contara su teoria. A la senora Ross le encantaba forjar teorias sobre sucesos y personas, eso habia formado parte de su trabajo desde siempre («He sido asesora», le habia dicho en cierta ocasion, sin especificar de que ni con quien). Opinaba que Valente se hallaba escondido en algun lugar de la isla y apareceria antes de que se marcharan. ?Y por que se habia escondido? Ah, alli habia mas tela que cortar.

– El senor Valente es un joven bastante anormal -apunto-. Tiene bastantes papeletas para ganar el Concurso de Cientificos Raros. Quiza pueda hacer latir mas deprisa el corazon de ciertas mujeres, pero gran parte de su atractivo reside en su rareza. Eso fue lo que le gusto a Rosalyn de el. El la dominaba y a ella le gustaba… ?Llegas a las bolsas del fondo? ?Podrias sacarlas? -Ross la ayudo, al tiempo que sujetaba los papeles con la boca. Luego dijo-: ?No te ha sorprendido que Nadja encontrara la sabana en el suelo del cuarto de Valente? Si el queria hacer creer que seguia alli, ?por que dejo la sabana en el suelo? Parece que alguien entro antes que Nadja y descubrio su truco, ?no?

Elisa se percato de que la senora Ross era mucho mas perspicaz de lo que aparentaba.

– Te dire lo que creo yo -continuo Cheryl Ross-: Rosalyn estaba desesperada porque el ya no le hacia ningun caso, y esa noche se levanto y fue a su cuarto para hablarle, pero al quitar las sabanas vio que no estaba. Entonces lo busco por la estacion y lo hallo en la sala de control. Seguro que fue alli, porque la puerta estaba abierta de par en par cuando llegue, y fui la primera en llegar, incluso antes que los soldados… Mi sueno es muy ligero y la alarma me puso en pie enseguida. Pero, a lo que iba… Quiza discutieron, como la semana pasada en la cocina, ?te acuerdas? Puede que gritaran tanto que se metieran en el cuarto del generador para que nadie los oyese. Entonces ella recibio una descarga y el, asustado, se largo y cerro la puerta. Sin duda contaba con una copia de la llave. Los hombres son asi de miserables, ya lo comprobaras a lo largo de la vida, jovencita: no hace falta que recibamos quinientos voltios para que nos dejen tiradas en cualquier sitio y salgan corriendo.

– Pero ?por que dejaria Ric una almohada en su lugar? ?Que estaria haciendo?

La senora Ross le guino un ojo.

– Eso si que no lo se. Y seria interesante saberlo, ya lo creo. -Stevenson las interrumpio en aquel momento: los helicopteros tardarian menos de lo previsto. La senora Ross se dirigio a la trampilla de la despensa-. Gracias por ayudarme. Te subire la linterna enseguida.

Elisa regreso a la habitacion y continuo con el equipaje. Su cerebro bullia de preguntas. ?Por que tuvo que hacer creer que seguia en la cama? ?Y donde se ha metido ahora? No escucho abrirse la puerta a su espalda.

– Elisa.

Era Nadja. La expresion de su rostro (ya creia conocerla bien) hizo que se olvidara de Valente y se preparase para una nueva y horripilante sorpresa.

– Mira este borde… ?Te fijas? Y ahora…

Los dedos de Nadja temblaban sobre el teclado. Llevaban quince minutos encerradas en el laboratorio de Silberg. Se habian metido alli porque Jacqueline Clissot continuaba examinando el cadaver de Rosalyn Reiteren el otro laboratorio, y no querian molestarla (y, en el caso de Elisa, tampoco ayudarla). Nadja habia probado varias ampliaciones del rostro de la Mujer de Jerusalen hasta encontrar lo que buscaba. Se habia negado a contarle su idea a Elisa: le dijo que pretendia que la tuviera por si misma.

– He estado pensando en esto desde ayer. Queria asegurarme antes de comentartelo, pero despues de que nos dijesen esta manana que teniamos que irnos y que las imagenes se quedarian aqui ya no pude esperar mas…

Carter lo habia dejado claro, pese a las protestas de Silberg y Blanes: todas las imagenes obtenidas durante las pruebas -Nieves Eternas, Lago del Sol y Mujer de Jerusalen, todas salvo el Vaso intacto- eran material clasificado y no podrian salir de la isla. Por otra parte, Eagle Group habia decidido, por razones de seguridad, que solo los participantes en el proyecto verian aquellas imagenes por el momento. No querian arriesgarse a que otros sufrieran las consecuencias del Impacto, cuyos verdaderos sintomas estaban por dilucidar. Elisa podia comprender todo eso, pero le parecia terrible que imagenes tan unicas como aquellas se quedaran alli, sin mas copias.

– Date prisa con lo que sea

– Espera un momento, solo… «Oh, puta» -exclamo Nadja en castellano-, la he perdido de nuevo… ?De que te ries?

– «Oh, puta» -dijo Elisa.

– ?No es una exclamacion comun en Espana? -objeto Nadja, distraida. De improviso apreto los punos-. Ah… Ya esta. Mira.

Elisa se inclino y observo la pantalla dividida: a la izquierda, un primer plano bastante nitido de las espantosas facciones de la Mujer de Jerusalen, devoradas hasta extremos inconcebibles, hasta el fondo del cerebro, segun creia Elisa, todo el rostro convertido en un crater sanguinolento. A la derecha, una especie de palos curvos o ramas partidas que solo le resultaban vagamente conocidas debido al brillo enjoyado que las recubria. Fue incapaz de comprender que queria decir su amiga.

– ?Y?

– Compara ambas imagenes.

– Nadja, no tenemos tiempo ahora de…

– Por favor.

De repente Elisa creyo comprender.

– Las patas de los dinos… estan… ?mutiladas?

La albina cabeza de Nadja se movia afirmativamente. Se miraron en la penumbra del laboratorio.

– Les faltan trozos, Elisa. Jacqueline cree que se trata de heridas producidas por depredadores o enfermedades. Y entonces se me ocurrio algo. Me parecia absurdo, pero decidi comprobarlo… ?Ves estas lineas de corte, aqui y aqui? No hay marcas de dientes. Son muy semejantes a estas otras… - Apunto hacia la cara de la Mujer.

– Tiene que ser una coincidencia, Nadja. Una casualidad, sin mas. Una de las imagenes procede del ano treinta y tres de la era cristiana, mientras que la otra es de hace ciento cincuenta millones de anos…

– Ya lo se. ?Solo hablo de lo que veo! ?Y de lo que tu tambien ves!

– Yo solo veo una cara destrozada…

– Y las patas de dos reptiles destrozadas…

– ?No tiene sentido establecer una relacion, Nadja!

– ?Ya lo se, Elisa!

Por un instante permanecieron mirandose desde muy cerca. Elisa sonrio.

– Creo que estamos perdiendo la chaveta con todo esto. Empiezo a alegrarme de que nos vayamos.

– Yo tambien, pero ?no te parece una coincidencia muy rara?

– En todo caso es…

– Te contare otra coincidencia. -Nadja bajo la voz hasta convertirla en un susurro, pero sus ojos claros y abiertos parecian gritar-: ?Sabias que Rosalyn tambien vio al hombre?

Ella no tuvo necesidad de preguntarle a quien se referia. Se limito a escuchar, estremecida.

– Una tarde, hace dias, la encontre sola en su cuarto y entre a charlar con ella. No recuerdo como surgio el tema, creo que hablamos de lo mal que dormiamos, y yo le conte mi pesadilla… O lo que tu crees que fue una pesadilla. Ella me miro y me dijo que unos dias antes habia tenido un… sueno muy parecido. Se habia asustado mucho. Habia sonado con un hombre que carecia de rostro y cuyos ojos…

– Callate, por favor.

– ?Que te pasa?

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