encendio?

– Quiza lo hizo.

– ?Lo hizo o no? -Tomo el relevo Blanes-. ?En que posicion estaba el interruptor?

– No me he fijado en ese detalle, profesor -contesto Carter, y Elisa percibio por primera vez cierta irritacion en su tono de voz-. No obstante, si alguien la encerro en la oscuridad, pudo ponerse nerviosa y no encontrar el interruptor.

– Pero ?por que encerrarla? -Silberg miraba con expresion desconcertada-. Incluso si alguien queria hacerle dano… ?por que hacer eso? Hay muchas cosas que no encajan…

Carter rio por lo bajo.

– Muchas cosas no encajan en las tragedias, se lo aseguro., Lo sucedido debe de tener una explicacion muy simple. En la vida real -anadio, acentuando ostensiblemente la palabra, «real»- las cosas casi siempre son simples.

– En la vida real que usted conoce, quiza si, no en la que yo conozco -objeto Blanes-. Luego esta la desaparicion de, Ric. Nadja: ?por que no vuelves a contar lo que dices que encontraste en su cama?

Nadja asintio. Elisa, sentada junto a ella sobre la mesa, la sintio temblar sin necesidad de tocarla y le tendio un brazo e ademan protector.

– Cuando oi la alarma me levante y sali al pasillo… Estaba sola, ninguno de mis companeros se habia levantado aun y… Bueno, quise despertarlos. Entonces comprobe que la cama de Rosalyn estaba vacia y en la de Ric habia… No era exactamente un muneco sino algo mas burdo, hecho con la almohada, un par de mochilas cilindricas… La sabana estaba en el suelo -agrego.

– ?Por que haria Ric algo asi? -pregunto Blanes.

Por la mente de Carter parecia haber cruzado un pensamiento. Dijo:

– No los hubiese imaginado tan detectives a ustedes. Crei que eran fisicos.

– La fisica se basa en emitir hipotesis, seguir pistas y hallar pruebas, senor Carter. Es lo que estamos intentando hacer ahora. -Blanes contemplo a Carter con aquella mirada de parpados caidos que Elisa ya conocia-. ?Cree que Ric podria estar escondido dentro de la estacion?

– Tendria que ser el hombre invisible. Lo hemos registrado todo de arriba abajo. Aqui no hay muchos sitios donde ocultarse, en la isla si.

Se abrio la puerta y entraron, en fila, Marini, Craig y Lee, el tailandes. Tanto Lee como Carter se hallaban literalmente empapados por la lluvia, como si hubiesen recibido una ducha con una manguera a presion. Stevenson, el soldado que les habia impedido el paso aquella madrugada, y que ahora montaba guardia en el comedor, tambien estaba chorreando.

– Todo correcto -dijo Marini, aunque la tension de su rostro parecia opinar lo contrario. Venia restregandose las manos con un trapo-. Los ordenadores funcionan correctamente y las pantallas siguen captando senales de los satelites…

– SUSAN tambien parece en perfecto estado -corroboro Craig-. Nadie toco nada.

?Quien tendria que haber tocado algo?, penso Elisa distraidamente.

– ?Lee? -dijo Carter.

– Ningun problema con el generador auxiliar, senor. -Lee se secaba el sudor con el dorso de la mano, o quiza la lluvia, y traia el uniforme abierto mostrando el blanco y nada musculoso torax bajo la camiseta-. Hay electricidad de sobra. Pero el generador principal no tiene remedio… Todo quemado… Imposible repararlo.

– ?Por que no se puso en marcha el generador auxiliar cuando el principal dejo de funcionar? -pregunto Blanes, y Carter le paso la pregunta a Lee con la mirada.

– Los cables de encendido se quemaron. El auxiliar solo pudo conectar la alarma. Pero ya he arreglado esos cables.

– ?Es logico que se quemen los cables de encendido de un generador auxiliar debido a un cortocircuito del principal? -indago Blanes.

Un canto de pajaro electronico los interrumpio. Carter desprendio una radio del cinturon y se oyeron palabras confusas y zumbidos de estatica.

– York dice que han llegado hasta el lago y no hay ni rastro del senor Valente -explico cuando corto la comunicacion-. Pero aun les queda isla por recorrer.

– ?Y nosotros que haremos?

Carter se llevo una mano a su enorme cuello de toro mientras hacia una pausa, aunque no parecia que la pregunta de Blanes le ocasionara especiales problemas. Era como si pretendiera crear expectacion, como si pensara que llegaba el momento de ensenarles la verdadera vida a los sabihondos. Permanecia de pie bajo la unica luz (ahorro en prevencion de posibles cortes, decia) de las tres que normalmente alumbraban el comedor, y hacia el se dirigian todos los ojos. «Confien en mi», parecia decir aquella figura robusta. En cierto modo, Elisa se alegraba de que hubiese una persona asi entre ellos: jamas hubiese ido en compania de Carter a bailar, cenar en un restaurante frances o siquiera a pasear por el parque, pero en aquella situacion le gustaba tenerlo cerca. Tipos como el solo podian resultar agradables en las tragedias.

– Todo esta reflejado en los contratos que han firmado. Yo asumo el mando hasta nueva orden, se prohiben todas las actividades cientificas, se interrumpe el proyecto y hacemos las maletas. Para el mediodia el tiempo mejorara, y quiza puedan acudir los helicopteros desde nuestra base mas cercana. Manana no debe quedar nadie en Nueva Nelson, salvo el equipo de busqueda.

Era una noticia esperada y, hasta cierto punto, deseada, pero fue recibida con grave silencio.

– Cancelar el proyecto… -dijo Blanes. Pese a lo ocurrido, Elisa fue capaz de comprender la tristeza que reflejaba su rostro.

– Parrafo cinco, anexo de confidencialidad -recito Carter-: «En todas aquellas situaciones que impliquen riesgos desconocidos para el personal involucrado, el equipo de seguridad podra decretar la interrupcion indefinida del proyecto». Creo que la muerte de uno de sus companeros y la desaparicion de otro entran en la categoria de riesgos desconocidos. Pero hablamos de una «interrupcion», no creo que dure para siempre… Lo que ahora me interesa es encontrar a Valente… Mientras tanto, no pierdan el tiempo: hagan el equipaje.

Elisa no tenia mucho equipaje que hacer. Termino pronto de guardar lo que se hallaba en su habitacion, pero al entrar en el bano para recoger el resto comprobo que las luces se habian fundido, sin duda tras el cortocircuito. El casquillo y las bombillas aparecian ennegrecidos, como quemados. Penso en buscar a la senora Ross para pedirle una linterna.

Mientras caminaba por el pasillo, los pensamientos y preguntas se agolpaban en su cabeza. ?Por que huyo? ?Por que se ha escondido? ?Ha tenido algo que ver con lo de Rosalyn? No queria pensar en Valente, ya que su imagen le traia a la memoria su extrano sueno. Y cuando lo recordaba se quedaba quieta y le costaba esfuerzo respirar.

No habia sonado nada en toda su vida comparable a aquello en espanto, repugnancia y realismo. Habia llegado, incluso, a examinarse buscando un rastro de la supuesta (violacion) experiencia. Pero solo persistia cierto tenue dolor, cierta sensibilidad que termino desapareciendo. Quiso imaginar que el sonido de la alarma unido a la historia que Nadja le habia contado una semana antes habian sido los causantes de la pesadilla. No se le ocurria otra cosa.

Hallo a Ross en la cocina, sumida en la contabilidad de las provisiones.

– Es curioso -dijo Ross tras escuchar su peticion-, te ha ocurrido lo mismo que a Nadja la semana pasada… Pero no creo que se deba al cortocircuito, porque la luz de mi bano funciona bien… Deben de ser malas conexiones… En cuanto a darte una linterna… Dejame pensar… Ultimamente la demanda de linternas ha superado todas las expectativas… -Y se echo a reir con aquella risita suave y cristalina que Elisa habia escuchado por primera vez a su llegada a la isla, pero enseguida adopto una expresion circunspecta, como si comprendiera que toda alegria estaba fuera de lugar esa manana-. Te prestaria la mia, pero voy a bajar a la despensa, y si se va la luz de nuevo, maldita la gracia que me va a hacer golpearme las espinillas con los refrigeradores… Podrias pedirle a Nadja su lampara… No, espera… Me dijo esta manana que se le habia estropeado…

– Bueno, es igual -dijo Elisa.

– Hagamos una cosa. Si no tienes demasiada prisa, buscare mas linternas abajo. Pensaba ir en cuanto terminara de anotar todo esto. Es preciso saber lo que dejamos atras, porque estoy segura de que regresaremos pronto.

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