Electrocardiograma».

– Exacto, ahora me acuerdo -dijo Charles Logan-. Te hicieron un electrocardiograma cuando tenias una semana. Nunca supe porque.

– Nos lo hicieron a todos. Y los gemelos identicos tienen corazones similares.

– Aun no puedo creerlo -articulo el padre-. Hay en el mundo ocho chicos exactamente iguales a ti.

– Mira estas direcciones -observo Steve-. Todas corresponden a bases del ejercito.

– La mayor parte de esas personas no residiran ahora en esas senas. ?Proporciona el programa alguna otra informacion?

– No. Tal como esta no viola la intimidad de las personas.

– ?Como los localizaremos, entonces?

– Se lo preguntare a Jeannie. En la universidad tienen en CD-ROM todas las guias telefonicas. Si eso falla, recurren a los registros de permisos de conducir, referencias de las agencias de credito y otras fuentes.

– Al diablo con la intimidad -dijo el padre-. Voy a sacar los historiales clinicos completos de todos estos chicos, a ver si nos proporcionan alguna pista mas.

– A mi me vendria bien una taza de cafe -dijo Steve-. ?Se puede conseguir aqui?

– En el centro de datos no se permiten bebidas. Los liquidos suelen causar estragos en los ordenadores. Hay una pequena area de servicio con cafetera automatica y maquina de Coca-Cola al doblar la esquina.

– Enseguida vuelvo.

Steve salio del centro de datos; dedico una inclinacion de cabeza al centinela de guardia en la puerta. El area de servicio tenia un par de mesas y unas cuantas sillas, asi como diversas maquinas automaticas expendedoras de refrescos y golosinas. Se engullo dos barritas de Snicker, se bebio una taza de cafe y emprendio el regreso al centro de datos.

Se detuvo delante de las puertas de cristal. Dentro habia varias personas, incluidos un general y dos miembros armados de la policia militar. El general estaba discutiendo con el padre de Steve, y el coronel del bigote que parecia un trazo de lapicero parecia hablar al mismo tiempo que ellos. Aquel lenguaje corporal puso a Steve en guardia. Algo malo ocurria. Entro en la sala y se mantuvo junto a la puerta. El instinto le aconsejo que no llamara la atencion sobre si.

Oyo decir al general:

– Tengo mis ordenes, coronel Logan, y esta usted bajo arresto.

Steve se quedo helado.

?Como habian llegado a ese punto? No se trataba solo de que hubieran descubierto que su padre curioseaba los historiales medicos de determinadas personas. Eso podia ser una cuestion bastante seria, pero dificilmente un delito lo bastante grave como para provocar el arresto. Alli habia algo mas. De una manera o de otra, aquello lo habia montado la Genetico.

?Que debo hacer?

Su padre manifestaba, irritado:

– ?No tiene ningun derecho!

El general vocifero:

– ?No me venga con lecciones acerca de mis malditos derechos, coronel!

No se iba a ganar nada si Steve irrumpia dispuesto a participar en la discusion. Tenia en el bolsillo el disquete con la lista de nombres. Su padre estaba en dificultades, pero sabia cuidar de si mismo. Steve comprendio que lo que debia hacer era retirarse de alli con la informacion. Dio media vuelta y franqueo las puertas de cristal.

Anduvo con paso vivo, tratando de dar la impresion de que sabia adonde iba. Se sentia como un fugitivo. Se estrujo la memoria, tratando de recordar el camino que habia seguido en la ida por aquel laberinto. Doblo un par de esquinas y cruzo un control de seguridad.

– ?Un momento, senor! -le dio el alto el guardia.

Steve se detuvo y dio media vuelta, con el corazon lanzado a toda velocidad.

– ?Si? -articulo, intentando que su voz sonara como la de alguien atareado e impaciente por volver a su trabajo.

– Debo registrar su salida en la computadora. ?Me permite su identificacion?

– Naturalmente. -Steve le tendio el pasaporte.

El guardia comprobo que la fotografia coincidiese con la efigie de Steve y tecleo su nombre en el ordenador.

– Gracias, senor -dijo, al tiempo que le devolvia el pasaporte.

Steve se alejo pasillo adelante. Un control mas y estaria fuera. Oyo a su espalda la voz de Caroline Gambol:

– ?Senor Logan! ?Un momento, por favor!

Steve miro por encima del hombro. La mujer corria hacia el pasillo, rojo el semblante, entre resoplidos.

– ?Oh, mierda!

Doblo una esquina del pasillo a todo correr y encontro una escalera. Se precipito peldanos abajo hasta el piso siguiente. Tenia los nombres susceptibles de librarle del cargo de violacion; no iba a permitir que nadie le impidiera salir de alli con los datos, ni siquiera el ejercito de Estados Unidos.

Para abandonar el edificio era preciso llegar al circulo E, el exterior. Apreto el paso por uno de los corredores radiales y atraveso el circulo C. Un carrito de golf cargado con articulos de limpieza se acercaba desde la direccion contraria. Cuando se hallaba a medio camino del circulo D, Steve oyo de nuevo la voz de la teniente Gambol.

– ?Senor Logan! -Aun le seguia. La mujer grito por el amplio pasillo-: ?El general quiere hablar con usted! Un hombre de las fuerzas aereas miro con curiosidad desde el lado interior de la puerta de una oficina. Por suerte eran relativamente pocas las personas que se encontraban por alli en sabado por la tarde. Steve vio una escalera y subio por ella. Eso deberia rezagar a la mas que gordezuela teniente.

En el piso inmediatamente superior corrio por el pasillo hacia la planta circular D, dejo atras dos esquinas, y descendio de nuevo. Ni rastro de la teniente Gambol. Steve penso, con alivio, que se la habia quitado de encima.

Tenia casi la plena certeza de que se encontraba en el nivel de salida. Anduvo por el circulo D en direccion contraria a la de las agujas de reloj, hacia el siguiente pasillo. Le parecio familiar: por alli habia pasado. Siguio el corredor rumbo al exterior y llego al control de seguridad por el que habia entrado. Casi estaba libre.

Entonces vio a la teniente Gambol. Se encontraba con el guardia en el puesto de control, arrebolada y sin resuello.

Steve dejo escapar una maldicion. No le habia dado esquinazo despues de todo. La mujer se limito a ir directamente a la salida y llegar antes que el.

Decidio echarle desfachatez a la situacion. Se acerco al guardia y se quito el distintivo de visitante.

– Siga conservandolo -dijo la teniente Gambol-. Al general le gustaria hablar con usted.

Steve dejo el distintivo encima del mostrador. Disimulando el miedo bajo un falso despliegue de confianza en si mismo, declaro:

– Me temo que no dispongo de tiempo. Adios, teniente, y gracias por su colaboracion.

– Debo insistir -repuso ella.

Steve fingio impaciencia:

– No esta en situacion de insistir -dijo-. Soy civil; usted no puede darme ordenes. No llevo encima ninguna propiedad militar, como puede ver. -Confio en que el disquete que guardaba en el bolsillo trasero no asomara y quedase a la vista-. Seria ilegal por su parte intentar detenerme.

La teniente se dirigio al guardia, hombre de unos treinta anos, ocho o diez centimetros mas bajo que Steve.

– No le deje salir -ordeno.

Steve sonrio al guardia.

– Si me toca, soldado, sera agresion. Justificaria el que yo le golpeara con mis punos y, creame, lo hare.

La teniente Gambol miro en torno, a la busca de refuerzos, pero las unicas personas que andaban por alli eran dos mujeres de la limpieza y un electricista que trabajaba en la instalacion.

Steve anduvo hacia la entrada.

La teniente Gambol grito:

– ?Alto!

Вы читаете El tercer gemelo
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату