– Creo que apunto por encima de mi cabeza. De todas formas, estoy bien.

Jeannie tenia la boca seca. Le horrorizaba la idea de las dos balas silbando por encima de la cabeza de Steve. ?Podia haber muerto!

– No obstante, el barrido funciono. -Steve extrajo el disquete de su bolsillo de atras-. Aqui esta la lista. Y espera a ver y oir lo que hay.

Jeannie trago saliva.

– ?Que?

– No hay cuatro clones.

– ?Como es eso?

– Son ocho.

Jeannie se quedo boquiabierta.

– ?Sois ocho?

– Hemos encontrado ocho electrocardiogramas identicos.

La Genetico habia dividido el embrion siete veces e implanto en ocho mujeres, sin informarlas de ello, hijos de desconocidos. Era una prepotencia increible.

Pero se habian confirmado las sospechas de Jeannie. Aquello era lo que Berrington trataba de ocultar tan desesperadamente. Cuando se hiciese publica aquella noticia, la deshonra caeria sobre la Genetico y se reivindicaria a Jeannie. Y Steve quedaria libre de toda acusacion.

– ?Lo conseguiste! -exclamo. Le echo los brazos al cuello. Y entonces se le ocurrio una pega-. Pero ?cual de los ocho cometio la violacion?

– Tendremos que descubrirlo -dijo Steve-. Y no va a ser facil. La direccion que tenemos de cada uno de ellos es la del lugar donde vivian sus padres en la fecha en que los chicos nacieron. Casi con toda seguridad habran cambiado.

– Podemos rastrearlas. Esa es la especialidad de Lisa. -Jeannie se puso en pie-. Sera mejor que vuelva a Baltimore. Esto va a llevar casi toda la noche.

– Ire contigo.

– ?Y tu padre? Tienes que arrancarlo de las manos de la policia militar.

– Haces falta aqui, Steve -corroboro Lorraine-. Ahora mismo llamo a nuestro abogado, tengo su numero particular, pero tu tendras que contarle lo sucedido.

– Esta bien -se avino Steve de mala gana.

– Tengo que llamar a Lisa antes de salir, para que este a punto -dijo Jeannie. El telefono descansaba encima de la mesa del patio-. ?Puedo?

– Naturalmente.

Marco el numero de Lisa. El telefono sono cuatro veces en el otro extremo de la linea y luego se produjo la tipica pausa previa a la puesta en funcionamiento del contestador automatico.

– Maldita sea -se lamento Jeannie, mientras escuchaba el mensaje de Lisa. Cuando concluyo, Jeannie dijo-: Llamame, Lisa, por favor. En este momento salgo de Washington; estare en casa alrededor de las diez. Ha sucedido algo importante de veras.

Colgo.

– Te acompanare a tu coche -se ofrecio Steve.

Jeannie se despidio de Lorraine, quien le dio un caluroso abrazo.

Fuera, Steve le tendio el disquete. -Cuidalo -recomendo-. No hay ninguna copia y tampoco tendremos otra oportunidad.

Jeannie lo guardo en el bolso de mano.

– No te preocupes. Tambien es mi futuro. Le beso con fuerza.

– ?Muy bien! -dijo Steve al cabo de un momento-. ?Podriamos repetirlo pronto un monton de veces?

– Si. Pero procura no arriesgarte mientras llega el momento. No me gustaria perderte. Ten cuidado.

– Me encanta que te preocupes por mi -sonrio Steve-. Casi merece la pena.

Ella volvio a besarle; con suavidad esta vez.

– Te llamare.

Subio al coche y arranco. Condujo a bastante velocidad y antes de una hora ya estaba en casa.

Se sintio decepcionada al no encontrar ningun recado de Lisa en el contestador. Se pregunto, inquieta, si no estaria Lisa dormida o enfrascada viendo la tele, sin molestarse en escuchar los mensajes. «Que no cunda el panico», se dijo. Salio corriendo y condujo hasta el domicilio de Lisa, un edificio de apartamentos en Charles Village. Pulso el timbre del portero automatico, pero no hubo respuesta. ?Adonde diablos habria ido Lisa? No tenia un novio con el que salir el sabado por la noche. «Por favor, Dios santo, que no se haya ido a Pittsburg a ver a su madre.»

Lisa ocupaba el 12B. Jeannie toco el timbre del 12A. Tampoco le contestaron. Hirviendo de frustracion, probo con el 12C. Una voz masculina que rezumaba mala uva pregunto:

– ?Si, quien es?

– Perdone que le moleste, pero soy amiga de Lisa Hoxton, su vecina del piso de al lado y necesito con verdadera urgencia ponerme en contacto con ella. ?Por casualidad no sabe usted donde esta?

La voz malhumorada replico:

– ?Donde te crees que estas, joven… en la aldea de Hicksville? Ni siquiera se que aspecto tiene esa vecina.

– ?De donde es usted, de Nueva York? -se dirigio Jeannie, furiosa, al insensible altavoz.

Volvio a casa, conduciendo como si participase en una carrera, y llamo al contestador automatico de Lisa.

– Lisa, por favor, llamame en el preciso instante en que llegues, sea la hora de la madrugada que sea. Estare esperando junto al telefono.

A partir de ahi, ya no podia hacer nada mas. Sin Lisa, ni siquiera le era posible entrar en la Loqueria. Tomo una ducha y se envolvio en su albornoz color fucsia. Le parecio que tenia apetito y paso por el microondas un bollo de canela congelado, pero comer le revolvia el estomago, asi que lo arrojo y bebio un cafe con leche. Le hubiera gustado tener el televisor para distraerse.

Saco la foto de Steve que le habia dado Charles. Tendria que buscarle un marco. Le puso un iman y la pego en la puerta del frigorifico.

Se animo entonces a mirar sus albumes de fotografias. Sonrio al ver a su padre con traje marron a rayas blancas, de anchas solapas y pantalones acampanados, de pie junto a un Thunderbird color turquesa. Habia varias paginas dedicadas a Jeannie con blanca vestimenta de tenis, mientras alzaba en triunfo diversas placas y copas de plata. Alli estaba mama empujando un anticuado cochecito de ruedas en el que iba Patty. Y alli estaba Will Temple tocado con un sombrero de vaquero, haciendo el ganso y provocando las carcajadas de Jeannie…

Sono el telefono.

Jeannie dio un salto y el album de fotografias fue a parar al suelo mientras ella cogia el auricular.

– ?Lisa?

– Hola, Jeannie. ?Que es esa emergencia tan importante?

Jeannie se dejo caer en el sofa, debil de gratitud.

– ?Gracias a Dios! Te estoy llamando desde hace horas, ?donde anduviste?

– Fui al cine con Catherine y Bill. ?Es eso un crimen?

– Lo siento. No tengo derecho a someterte al tercer grado…

– Esta bien. Soy tu amiga. Puedes echarme los perros si quieres. Yo hare lo mismo contigo algun dia.

Jeannie se echo a reir.

– Gracias. Escucha. Tengo una lista de cinco nombres de personas que pueden ser dobles de Steve. -Quitaba importancia al caso deliberadamente; lo cierto era que apenas podia tragar saliva-. Necesito rastrearlos, localizarlos esta noche. ?Me ayudaras?

Hubo una pausa.

– Jeannie, casi me vi en un aprieto serio cuando intente entrar en tu despacho. Falto muy poco para que al guardia de seguridad y a mi nos despidieran. Me gustaria ayudarte, pero necesito este empleo.

Un ramalazo de gelida aprension surco el animo de Jeannie. «No, no puedes dejarme en la estacada, ahora que estoy tan cerca, no.»

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