A su espalda, Steve oyo vocear al guardia:

– ?Alto o disparo!

Steve se volvio y vio que el guardia empunaba una pistola y le encanonaba con ella.

El personal de la limpieza y el electricista se inmovilizaron, a la expectativa.

Al guardia le temblaban ostensiblemente las manos mientras apuntaba a Steve con la pistola.

Steve noto que se le agarrotaban los musculos mientras bajaba la vista sobre el canon del arma. Logro salir de su paralisis mediante un esfuerzo. Estaba seguro de que un guardia del Pentagono no dispararia contra un civil desarmado.

– No me disparara -dijo-. Seria un asesinato. Dio media vuelta y echo a andar hacia la puerta.

Fue el paseo mas largo de su vida. La distancia era solo de tres o cuatro metros, pero tuvo la impresion de que tardaba anos en recorrerla. Le parecio que la piel de la espalda le ardia de esperanzada anticipacion. En el momento en que su mano tocaba la puerta retumbo un disparo.

Alguien lanzo un alarido.

Por el cerebro de Steve centelleo un pensamiento: «Ha disparado por encima de mi cabeza», pero no miro hacia atras. Se lanzo a traves del vano de la puerta y bajo a todo correr los peldanos del largo tramo de escalera. Mientras estaba dentro del edificio habia caido la noche y las farolas encendidas iluminaban la zona de aparcamiento. Oyo gritos a su espalda, y luego otro disparo. Llego al pie de la escalera y se desvio, abandonando el camino para adentrarse entre los arbustos.

Salio a una calzada y siguio corriendo. Llego a una hilera de paradas de autobus. Dejo de correr para ir al paso. Un autobus se detenia en una de las paradas. Se apearon dos soldados y una mujer de paisano subio al vehiculo. Steve lo abordo inmediatamente detras de la mujer.

El autobus arranco.

El autobus abandono la zona de aparcamiento, desemboco en la autopista y dejo atras el Pentagono.

51

En cuestion de un par de horas Jeannie concibio una simpatia enorme por Lorraine Logan.

La madre de Steve era bastante mas corpulenta de lo que parecia en la foto que coronaba la columna periodistica de su consultorio sentimental. Sonreia de modo casi permanente, lo que prodigaba las arrugas en su mofletudo rostro. Para apartar de la imaginacion de Jeannie y de la suya las preocupaciones que inquietaban a ambas, hablo de los problemas de las personas que le escribian al consultorio: suegras dominantes, maridos violentos, novios impotentes, jefes de manos largas, hijas que consumian drogas. Fuera cual fuese el tema, Lorraine siempre se las arreglaba para decir algo que inducia a Jeannie a pensar: «Claro…, ?como no me habia dado cuenta antes?»

Sentadas en el patio, mientras el dia refrescaba, aguardaban impacientes el regreso de Steve y su padre. Jeannie le conto el caso de la violacion de Lisa.

– Durante todo el tiempo que le sea posible, tratara de comportarse como si no hubiera ocurrido nada -dijo Lorraine.

– Si, precisamente es lo que hace ahora.

– Esa fase puede durar seis meses. Pero tarde o temprano comprendera que ha de dejar de negarse que ha sucedido y acostumbrarse a vivir con ello. Esta etapa suele iniciarse cuando la mujer trata de reanudar su vida sexual y descubre que no siente lo mismo que sentia. Entonces es cuando me escriben.

– ?Que les aconsejas?

– Asesoramiento, asistencia psicologica. La solucion no es facil. La violacion lastima el alma de la mujer y hay que reparar el dano.

– Es lo que le recomendo la policia.

Lorraine enarco las cejas.

– Un detective listo.

– Una detective -sonrio Jeannie.

Lorraine se echo a reir.

– Luego reprochamos a los hombres que adopten posiciones sexistas. Te lo pido por favor, no le cuentes a nadie el lapsus que se me acaba de escapar.

– Lo prometo.

Hubo un breve silencio, al cabo del cual dijo Lorraine:

– Steve te quiere.

Jeannie asintio.

– Si, creo que si.

– Una madre puede adivinar esas cosas.

– Asi que ha estado enamorado antes.

– No se te escapa nada, ?eh? -sonrio Lorraine-. Si, lo estuvo. Pero solo una vez.

– Hablame de la chica… si crees que a el no le importaria.

– Conforme. Se llamaba Fanny Gallaher. Tenia ojos verdes y rizada cabellera pelirroja. Vivaracha y un poco irresponsable, era la unica chica del instituto a la que Steve «no le hacia tilin». El la anduvo persiguiendo, y ella insistiendo en resistirse, a lo largo de varios meses. Pero al final Steve acabo conquistandola y estuvieron saliendo durante cosa de un ano.

– ?Crees que se acostaban juntos?

– Se que lo hicieron. Solian pasar aqui la noche. No soy partidaria de obligar a los chicos a darse achuchones en los aparcamientos.

– ?Y los padres de ella?

– Hable con la madre de Fanny. Opinaba lo mismo que yo.

– Yo perdi la virginidad a la edad de catorce anos en el callejon que habia detras de un sordido club de rock. Fue una experiencia tan deprimente que no volvi a mantener relaciones sexuales hasta los veintiuno. Me gustaria que mi madre se hubiese parecido mas a ti en ese aspecto.

– No creo que tenga mucha importancia, en realidad, el que los padres sean rigidos o de manga ancha, en tanto mantengan una actitud coherente. Los chicos pueden adaptarse a unas reglas mas o menos estrictas, siempre y cuando las conozcan y sepan hasta donde pueden llegar. La tirania arbitraria es lo que los confunde.

– ?Por que rompieron Steve y Fanny?

– El tuvo un problema… Probablemente deberia contartelo el personalmente.

– ?Te refieres a la pelea con Tip Hendricks?

Lorraine alzo las cejas.

– ?Te lo ha contado! Dios mio, realmente confia en ti.

Oyeron detenerse un coche delante de la casa. Lorraine se levanto y fue hasta la esquina del edificio para mirar hacia la calle.

– Steve ha venido en taxi -informo en tono cargado de perplejidad.

Jeannie se puso en pie.

– ?Que aspecto tiene?

Antes de que Lorraine pudiese responder, Steve ya estaba en el patio.

– ?Donde esta tu padre? -le pregunto Jeannie.

– Han arrestado a papa.

– ?Oh, Dios! -exclamo Jeannie-. ?Por que?

– No lo se seguro. Creo que los individuos de la Genetico averiguaron, o supusieron, nuestras intenciones, y tocaron algunas teclas. Enviaron a dos numeros de la policia militar para detenerle. Pero yo consegui escapar.

– Steve, hay algo que te callas -dijo Lorraine, recelosa.

– Un guardia hizo dos disparos.

Lorraine emitio un leve grito.

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