e hizo clic sobre el icono de Busqueda: el dibujo de un perro. Instantes despues aparecia una lista en la pantalla.
– Tenemos tres Henry Irwin King y diecisiete Henry I. King. ?Cual es su ultima direccion conocida?
Jeannie consulto lo impreso.
– Fort Devens (Massachussetts).
– Muy bien. Tenemos un Henry Irwin King en Amherst y cuatro Henry I. King en Boston.
– A llamarlos.
– ?No has reparado en que es la una de la madrugada?
– No puedo esperar hasta manana.
– La gente no querra hablar contigo a estas horas de la noche.
– Ten la seguridad de que si -dijo Jeannie. Sabia que iba a tener problemas. No estaba preparada para esperar hasta la manana siguiente. Aquello era demasiado importante-. Dire que soy de la policia y que sigo la pista de un asesino en serie.
– Eso tiene que ir contra la ley.
– Dame el numero de Amherst.
Lisa puso en pantalla la lista y pulso Fz. El modem de la computadora produjo una rapida sucesion de series de bips. Jeannie cogio el telefono.
Oyo varios timbrazos y luego una voz somnolienta que contestaba:
– ?Si?
– Aqui, la detective Susan Farber, del Departamento de Policia de Amherst -anuncio. Medio esperaba oir decir: «Y un cuerno», pero no hubo respuesta y continuo vivamente-: Lamentamos molestarle en plena noche, pero se trata de una cuestion policial urgente. ?Hablo con Henry Irwin King?
– Si… ?Que ocurre?
Parecia tratarse de la voz de un hombre de mediana edad, pero Jeannie insistio para estar segura.
– Solo es una encuesta rutinaria.
Eso fue un error.
– ?Rutinaria? -El malhumor destilaba a grandes dosis de la voz del hombre-. ?A estas horas de la noche?
– Investigamos un delito grave -improviso Jeannie apresuradamente- y necesitamos eliminarle a usted de la lista de sospechosos, senor. ?Podria darme la fecha y lugar de su nacimiento?
– Naci en Greensfield (Massachussetts), el cuatro de mayo de I945.
– ?No tiene un hijo que lleve el mismo nombre que usted?
– No, tengo tres hijas. ?Puedo ya volver a dormir?
– No sera preciso que le molestemos mas. Gracias por colaborar con la policia, y que descanse usted bien. - Jeannie colgo y lanzo a Lisa una mirada triunfal- ?Ves? Hablo conmigo. No le hizo mucha gracia, pero contesto a mis preguntas.
Lisa se echo a reir.
– Doctora Ferrami, tiene usted grandes cualidades para dar el pego.
Jeannie sonrio.
– Lo unico que se necesita es cara dura. Vayamos a por los Henry I. King. Yo llamo a los dos primeros y tu a los dos ultimos.
Solo una de ellas podia utilizar el sistema automatico de marcar. Jeannie busco un cuaderno de notas, escribio los dos numeros, cogio un telefono y marco manualmente. Respondio una voz masculina y Jeannie le solto su alocucion:
– Aqui, la detective Susan Farber, de la policia de Boston…
– ?Que cono pretende llamandome a estas horas de la noche? -rugio la voz del hombre-. ?Sabe usted quien soy?
– Supongo que Henry King…
– Supone que acaba de perder su jodido empleo, tonta del culo -bramo el hombre-. ?Ha dicho Susan que…?
– Solo necesito comprobar su fecha de nacimiento, senor King…
– Pongame ahora mismo con el teniente.
– Senor King…
– ?Obedezca!
– Maldito gorila -dijo Jeannie, y colgo. Temblaba de pies a cabeza-. Confio en que no voy a pasarme la noche en conversaciones como esta.
Lisa tambien habia colgado ya.
– El mio era un jamaicano, como su acento demostraba -dijo-. Deduzco que el tuyo era un tipo desagradable.
– Mucho.
– Podriamos dejarlo ahora y continuar por la manana.
Jeannie no iba a dejarse vencer por la groseria de un tipo mal educado. -Diablos, no -dijo-. Puedo resistir un poco de abuso verbal.
– Lo que tu digas.
– Por su voz he calculado una edad muy superior a los veintidos anos, asi que podemos olvidarlo. Probemos con los otros dos. Hizo acopio de animo y marco de nuevo.
El tercer Henry King aun no se habia ido a la cama; como fondo se oian en la habitacion voces y musica.
– ?Si, quien es?
Sonaba como si tuviera la edad adecuada, y las esperanzas de Jeannie se revitalizaron. Repitio su simulacro de una detective en funciones, pero su interlocutor se mostro receloso.
– ?Como se que es usted de la policia?
La voz tenia el mismo tono que la de Steve y el corazon de Jeannie se perdio un par de latidos. Aquel podia ser uno de los clones Pero ?como iba a entenderselas con sus sospechas? Decidio echarle descaro.
– Podria llamarme usted aqui, al cuartelillo de policia -sugirio temerariamente.
Una pausa.
– No, olvidelo -dijo el hombre.
Jeannie volvio a respirar.
– Soy Henry King -declaro el sujeto-. Todos me llaman Hank. ?Que es lo que quiere?
– ?Podria primero comprobar su fecha y lugar de nacimiento?
– Naci en Fort Devens hace exactamente veintidos anos. Precisamente es mi cumpleanos. Bueno, lo fue ayer, sabado.
?Era el! Jeannie ya habia encontrado a un clon. Ahora era cuestion de establecer si el domingo pasado se encontraba en Baltimore. Se esforzo en eliminar de su voz todo asomo de emocion al preguntar:
– ?Podria decirme cuando viajo usted fuera del estado por ultima vez?
– Dejeme recordar, ocurrio en agosto. Fui a Nueva York.
A Jeannie el instinto le dijo que el hombre decia la verdad, pero continuo interrogandole.
– ?Que hizo usted el domingo pasado?
– Estuve trabajando.
– ?En que trabaja?
– Bueno, soy estudiante del Instituto Tecnologico de Massachussetts, pero los domingos atiendo la barra del Cafe Blue Note en Cambridge.
Jeannie tomo nota.
– ?Y fue alli donde estuvo el domingo pasado?
– Si. Servi por lo menos a cien personas.
– Gracias, senor King. -Si eso era verdad, no se trataba del violador de Lisa-. ?Tiene inconveniente en darme el numero de telefono de ese local para que pueda verificar su coartada?
– No me acuerdo de ese numero, pero viene en la guia. ?que se presupone que he hecho?
– Estamos investigando un caso de incendio premeditado.
– Me alegro de tener coartada.
