– Realizaba una prospeccion de datos para una compania de seguros. Es ilegal, pero lo hacen. AT y T lamenta las molestias que hayamos podido ocasionarle, senor King, y le agradecemos la cooperacion que nos ha prestado en nuestro estudio.

– No faltaria mas.

Berrington colgo, absolutamente desolado. Jeannie tenia los nombres. Que los localizase a todos solo era cuestion de tiempo.

Berrington se hallaba ante la situacion mas comprometida de su vida.

54

Mish Delaware se nego en redondo a subirse a un coche y trasladarse a Filadelfia para entrevistar a Harvey Jones.

– Ya lo hicimos ayer -respondio a Jeannie, cuando esta consiguio hablar con ella por telefono, a las siete y media de la manana-. Mi nieta cumple hoy un ano. Tengo una vida privada, ?sabes?

– ?Pero te consta que estoy en lo cierto! -protesto Jeannie-. Tuve razon en el caso de Wayne Stattner… era un doble de Steve.

– Salvo por el pelo. Y el individuo tenia coartada.

– ?Que vas a hacer, entonces?

– Voy a llamar a la policia de Filadelfia, hablare con alguien de la Unidad de Delitos Sexuales de alli y le pedire que vaya a verle. Enviare por fax el retrato electronico de identificacion facial. Ellos comprobaran si Harvey Jones se parece al sujeto del retrato y le preguntaran si puede dar cuenta de sus movimientos en la tarde del domingo pasado. Si los resultados son «Si» y «No», respectivamente, tendremos un sospechoso.

Jeannie colgo el telefono con un golpe furioso. ?Despues de haber pasado por todo lo que habia pasado! ?Despues de haber estado toda la noche siguiendo la pista y localizando a los clones!

Si de algo estaba segura era de que no iba a quedarse cruzada de brazos, a la espera de que la policia hiciese algo. Decidio ir a Filadelfia y echarle una mirada a Harvey. No le abordaria ni le dirigiria la palabra. Aparcaria el coche delante de su casa y comprobaria si la abandonaba. Caso de fallar eso, podria hablar con sus vecinos y ensenarles la foto de Steve que Charles le habia dado. De una manera o de otra, se las arreglaria para determinar que era el doble de Steve.

Llego a Filadelfia alrededor de las diez y media. En la Ciudad Universitaria habia familias negras que vestian con elegancia y se congregaban fuera de las iglesias evangelicas y adolescentes ociosos que fumaban en los porches de las vetustas casas, pero los estudiantes aun estaban en la cama y su presencia en el barrio solo la denunciaban los desvencijados Toyotas y los abollados Chevrolets cubiertos de pegatinas que aclamaban graficamente a equipos deportivos de las facultades y a las emisoras de radio de la localidad.

El edificio donde vivia Harvey Jones era una casa victoriana enorme y destartalada, dividida en apartamentos. Jeannie encontro un espacio libre en un aparcamiento, al otro lado de la calle, y observo la puerta de la fachada durante un rato.

A las once entro en el edificio.

El inmueble se aferraba tenazmente a sus ultimos vestigios de respetabilidad. Una zarrapastrosa alfombra ascendia por la escalera y en los alfeizares de las ventanas se veian jarrones baratos con flores de plastico cubiertas de polvo. Avisos de papel, escritos a mano con la esmerada caligrafia de una mujer de edad, rogaban a los inquilinos que cerrasen las puertas sin dar golpes, que sacasen la basura en bolsas de plastico bien cerradas y que no dejasen que los ninos jugaran por los pasillos.

Vive aqui, penso Jeannie, y noto un hormigueo en la piel. Me pregunto si estara ahora en su casa.

La direccion de Harvey era el 5B, que estaba en el ultimo piso. Llamo a la primera puerta de la planta baja. Un hombre con cara de sueno, pelo largo y barba enmaranada salio descalzo a abrir.

Jeannie le mostro la foto. El hombre sacudio negativamente la cabeza y cerro de un portazo. Le recordo al residente del edificio de Lisa que le habia dicho: «?Donde te crees que estas, joven… en la aldea de Hicksville? Ni siquiera se que aspecto tiene esa vecina».

Jeannie apreto los dientes y subio a pie los cuatro pisos, hasta la ultima planta de la casa. En la puerta del apartamento 5B habia un marquito de metal con una tarjeta que decia simplemente «Jones». La puerta no tenia ningun otro rasgo distintivo.

Jeannie permanecio unos segundos alli quieta, atento el oido. Lo unico que pudo percibir fueron los asustados latidos de su propio corazon. Ningun ruido llegaba del interior del piso. Probablemente no estaba alli.

Llamo con los nudillos a la puerta del 5A. Se abrio al cabo de un momento y en el hueco aparecio un hombre blanco muy entrado en anos. Llevaba un traje a rayas que en otro tiempo debio de ser elegante y su pelo tenia un color tan rojizo que por fuerza tenia que ser producto del tinte. El anciano parecia cordial.

– Hola -dijo.

– Hola. ?Esta su vecino en casa?

– No.

Jeannie se sintio aliviada y decepcionada a la vez. Saco la foto de Steve que le habia dado Charles.

– ?Se parece a este chico?

El hombre tomo la foto y la contemplo con los parpados entornados.

– Si, es el.

«?Tenia razon! ?Estaba en lo cierto! ?Mi programa informatico de busqueda funciona!»

– Guapisimo, ?verdad?

El vecino era homosexual, supuso Jeannie. Un viejo gay eleganton. Jeannie sonrio.

– Opino lo mismo. ?Tiene usted idea de donde puede estar esta manana?

– Se va casi todos los domingos. Suele marcharse hacia las diez y vuelve pasada la hora de la cena.

– ?Salio el domingo pasado?

– Si, senorita, creo que si.

«Es el, tiene que ser el.»

– ?Sabe usted adonde va?

– No.

«Pero yo si. Va a Baltimore.»

El hombre continuo: -No habla mucho. A decir verdad, no habla nada. ?Es usted detective?

– No, aunque me siento como si lo fuera.

– ?Que ha hecho el mozo?

Jeannie vacilo. Luego penso: «?Porque no contarle la verdad?».

– Creo que es un violador.

El hombre no dio muestras de sorprenderse.

– No me cuesta nada creerlo. Es un chico extrano. He visto jovencitas salir de ahi llorando. Ha sucedido en dos ocasiones.

– Me gustaria poder echar un vistazo al interior. Tal vez encontrase algo que lo relacionara con la violacion.

El vecino le dirigio una mirada picara.

– Tengo la llave.

– ?De veras?

– Me la dio el inquilino anterior. Eramos buenos amigos. Despues de que dejara el piso, no la devolvi. Y este muchacho no cambio la cerradura cuando se mudo aqui. Supongo que se figura que es demasiado alto y fuerte para que intenten robarle.

– ?Me dejaria usted entrar?

Titubeo el hombre.

– Tambien yo siento cierta curiosidad por echar una mirada. Pero ?y si vuelve mientras estamos dentro? Es bastante corpulento… No me gustaria nada que se pusiera furioso conmigo.

La idea tambien le puso a Jeannie la piel de gallina, pero la curiosidad era mas fuerte aun que el temor.

– Correre el riesgo si lo corre usted -dijo.

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