Sus dos socios se lo quedaron mirando.
– Nos acercamos discretamente a cada una de las ocho familias. Confesamos los errores que cometimos en la clinica durante los primeros dias. Decimos que no se causo ningun dano pero que deseamos evitar la publicidad sensacionalista. Les ofrecemos un millon de dolares como compensacion. Sera pagadero en diez anos y les diremos que los pagos se suspenderan en el momento en que hablen…, en cuanto se lo cuenten a alguien: a la prensa, a Jeannie Ferrami, a los cientificos, a cualquiera.
Berrington afirmo despacio con la cabeza.
– Santo Dios, eso si que puede salir bien. ?Quien va a decir no a un millon de dolares?
– Lorraine Logan -replico Preston-. Quiere demostrar la inocencia de su hijo.
– Exacto. No lo haria ni por diez millones.
– Todo el mundo tiene su precio -dijo Berrington, que habia recuperado su caracteristica prepotencia-. De todas formas, poco podemos hacer sin la colaboracion de uno o dos de los otros.
Preston decia que si con la cabeza. Tambien Berrington vislumbraba una nueva esperanza. Podia haber un modo de hacer callar los Logan. Pero existia un obstaculo mas serio.
– ?Y si Jeannie se presenta al publico antes de las veinticuatro horas? -sugirio-. Lo mas probable seria que la Landsmann aplazase la toma de posesion en tanto se investigaban los alegatos. Y entonces no dispondriamos de ningun millon de dolares para ir repartiendolo.
– Tenemos que enterarnos de sus intenciones: cuanto ha descubierto hasta ahora y que planes esta tramando.
– No se me ocurre ningun modo de hacerlo -dijo Berrington.
– A mi si -afirmo Jim, sonriendo-. Conocemos una persona que: podria facilmente ganarse su voluntad y averiguar con exactitud que le bulle en la cabeza.
La rabia empezo a crecer dentro de Berrington.
– Se lo que estas pensando…
– Ahi llega ya -dijo Jim.
Sonaron unos pasos en el vestibulo y segundos despues entraba el hijo de Berrington.
– ?Hola, papa! -saludo-. ?que tal, tio Jim? ?Como te va, tio Preston?
Berrington le contemplo con una mezcla de orgullo y pesar. Parecia un chico maravilloso con sus pantalones de pana azul marino y su jersey de algodon azul celeste. De cualquier modo, ha heredado mi estilo de vestir, penso Berrigton. Dijo:
– Tenemos que hablar, Harvey.
Jim se puso en pie.
– ?Quieres una cerveza, chico?
– Claro -acepto Harvey.
Jim Proust tenia una fastidiosa tendencia a alentar en Harvey las malas costumbres.
– Olvida la cerveza -salto Berrington-. Jim, ?por que no os vais Preston y tu al salon y nos dejais a nosotros dos echar unas parrafadas?
El salon era una estancia rigurosamente protocolaria que Berrington jamas utilizaba.
Salieron Preston y Jim. Berrington se puso en pie y abrazo a Harvey.
– Te quiero, hijo -declaro-. Incluso aunque seas malvado.
– ?Soy malvado?
– Lo que le hiciste a esa pobre chica en el sotano del gimnasio fue una de las cosas mas infames que puede hacer un hombre.
Harvey se encogio de hombros.
Santo Dios, no he logrado inculcarle el sentido del bien y del mal, penso Berrington. Pero era demasiado tarde para tales lamentaciones.
– Sientate y escuchame un momento -dijo.
Harvey se sento.
– Tu madre y yo intentamos durante anos tener un hijo, pero teniamos problemas -explico-. En aquella epoca, Preston trabajaba en la fertilizacion in vitro, metodo en el que el espermatozoide y el ovulo se unen en el laboratorio y despues el embrion se implanta en el utero.
– ?Me estas diciendo que soy un nino probeta?
– Eso es secreto. Jamas debes decirselo a nadie, en toda tu vida. Ni siquiera a tu madre.
– ?Ella no lo sabe? -articulo Harvey, atonito.
– Hay algo mas que eso. Preston tomo un embrion vivo y lo dividio, formando asi gemelos.
– ?Ese muchacho al que detuvieron por la violacion?
– Lo dividio mas de una vez.
Harvey asintio. Todos tenian la misma inteligencia viva y rapida.
– ?Cuantas?
– Ocho.
– ?Joder! Y supongo que el esperma no procedia de ti.
– No.
– ?De quien?
– De un teniente del ejercito destinado en Fort Bragg: alto, fuerte, bien constituido, inteligente, agresivo y guapo.
– ?Y la madre?
– Una mecanografa de West Point, igualmente bien dotada.
Una sonrisa torcida contorsiono el agraciado rostro del muchacho.
– Mis verdaderos padres.
Berrington hizo una mueca.
– No, ellos no son tus padres -dijo-. Te gestaste en el vientre de tu madre. Ella te alumbro y, creeme, fue doloroso. Te vimos dar los primeros pasos vacilantes, forcejear con el cubierto para conseguir meterte en la boca la primera cucharada de pure de patatas y balbucear tus primeras palabras. -Berrington observaba atentamente el semblante de su hijo, pero no pudo adivinar si el chico le creia o no.
«Diablos, nuestro carino hacia ti fue creciendo mas y mas, mientras tu te hacias cada vez menos adorable. Todos los malditos anos nos llegaba el mismo informe del colegio: 'Es muy agresivo, no ha aprendido aun a compartir, pega a los otros chicos, tiene dificultades en los deportes de equipo, alborota la clase, debe aprender a respetar a los integrantes del sexo contrario'. Cada vez que te expulsaban de un colegio, teniamos que emprender una penosa peregrinacion para rogar e implorar que te admitiesen en otro. Contigo lo intentamos a base de mimos, de golpes, de retirarte los privilegios. Te llevamos a tres psicologos infantiles distintos. Nos amargaste la vida.
– ?Estas diciendo que destroce vuestro matrimonio?
– No, hijo, de eso me encargue yo solito. Lo que trato de decirte es que te quiero, hagas lo que hagas, exactamente igual que los demas padres quieren a sus hijos.
Harvey seguia turbado.
– ?Porque me cuentas todo eso ahora?
– Seleccionaron a Steve Logan, uno de tus dobles, como sujeto de estudio en mi departamento. Como puedes imaginar, me lleve un sobresalto de todos los diablos cuando le vi alli. Luego la policia lo detuvo por la violacion de Lisa Hoxton. Pero una de las profesoras, Jeannie Ferrami, empezo a recelar algo. Para abreviar, te dire que esta siguiendote la pista. Quiere demostrar la inocencia de Steve Logan. Y probablemente desea tambien sacar a la luz toda la historia de los clones y arruinarme.
– ?Es la mujer que conoci en Filadelfia?
Berrington se quedo de piedra.
– ?Que la conociste?
– Tio Jim me llamo y me encargo que le diera un susto.
Berrington monto en colera.
– El muy hijo de perra, voy a arrancarle su jodida cabeza de encima de los hombros…
– Calmate, papa, no paso nada. Solo dimos un paseo en su coche. Es mona la chica, a su modo.
Le costo un buen esfuerzo, pero Berrington se domino.
