Le resultaba desconcertante oir la voz de Steve y saber que escuchaba a un perfecto desconocido. Le hubiera gustado poder ver a Henry King, comprobar con sus propios ojos el parecido entre Steve y el. De mala gana, dio fin a la conversacion.

– Gracias otra vez, senor. Le ruego me perdone. Buenas noches. -Colgo e inflo las mejillas, deshinchadas como consecuencia del desencanto-. ?Vaya!

Lisa habia estado escuchando.

– ?Le encontraste?

– Si, nacio en Fort Devens y hoy hace veintidos anos. Es el Henry King que estamos buscando, sin el menor genero de duda.

– ?Buen trabajo!

– Pero parece contar con una coartada. Dice que estaba trabajando en un bar de Cambridge. -Consulto su cuaderno de notas-. El Blue Note.

– ?Lo comprobaremos? Se habia despertado el instinto cazador de Lisa, cuya perspicacia era aguda.

Jeannie asintio. -Es tarde, pero supongo que un bar tendria que estar abierto, sobre todo un sabado por la noche. ?Puedes sacar de tu CDROM el numero de telefono?

– Solo tenemos los de domicilios particulares. Los telefonos comerciales estan en otro juego de discos.

Jeannie llamo a Informacion, obtuvo el numero del Blue Note y lo marco. Respondieron casi inmediatamente.

– Al habla la detective Susan Farber, de la policia de Boston. Pongame con el encargado, por favor.

– El encargado esta al aparato, ?ocurre algo malo?

El hombre hablaba con acento hispano y parecia intranquilo.

– ?Tiene un empleado llamado Henry King?

– Hank, si, ?que ha hecho ahora?

Sonaba como si Henry King hubiese tenido anteriormente sus mas y sus menos con la ley.

– Puede que nada. ?Cuando le vio por ultima vez?

– Hoy, quiero decir ayer, sabado, trabajo en el turno de cuatro de la tarde a medianoche.

– ?Podria jurarlo, si fuese necesario, senor?

– Eh, sin problemas. -Al encargado parecio aliviarle lo suyo enterarse de que aquello era todo cuanto deseaban de el. Jeannie penso que si ella fuese policia de verdad no le quedaria mas remedio que sospechar que el hombre tenia una conciencia culpable-. Llame cuando quiera -dijo el encargado, y colgo.

– La coartada se sostiene -confeso Jeannie, desilusionada.

– No te desanimes -dijo Lisa-. Lo hemos hecho muy bien al eliminarle tan deprisa…, en especial tratandose de un nombre tan corriente. Veamos que pasa con Per Ericson. No seran muchos los que se llamen asi.

La lista del Pentagono indicaba que Per Ericson habia nacido en Fort Rucker, pero veintidos anos despues no existia ningun Per Ericson en Alabama. Lisa probo:

P* ERICS?ON

y por si acaso llevaba dos s, probo luego:

P* ERICS$N

para incluir las posibilidades de «Ericsen» y «Ericsan», pero el ordenador no encontro nada.

– Intentalo en Filadelfia -sugirio Jeannie-. Alli es donde me agredio.

En Filadelfia habia tres. El primero resulto ser un tal Peder, el segundo la anciana voz cascada y fragil de un contestador automatico, y el tercero una mujer, Petra. Jeannie y Lisa empezaron a abrirse camino a traves de todos los P. Ericson de Estados Unidos: habia treinta y tres en la lista.

El segundo P. Ericson de Lisa hizo una demostracion de su talante malhumorado e injurioso y la muchacha tenia el semblante blanco como el papel cuando colgo el telefono, pero se tomo una taza de cafe y luego siguio adelante con determinacion.

Cada llamada constituia un pequeno drama. Jeannie tenia que recurrir a todo su desparpajo para hacerse pasar por agente de policia. Era angustioso preguntarse si lo que oiria a continuacion por el aparato no iba a ser la voz de un individuo que diria: «Ahora me vas a hacer una paja, si no quieres que te deje baldada de una paliza». Luego estaba la tension de mantener la falsa identidad de un detective de la policia frente al escepticismo o la brusquedad de las personas que contestaban al telefono. Y la mayor parte de las llamadas concluian en decepcion.

Cuando Jeannie colgaba, tras la sexta llamada infructuosa, oyo decir a Lisa:

– Oh, lo lamento profundamente. Nuestros datos sin duda no estan al dia. Perdone la intromision, senora Ericson. Buenas noches. -Dejo el auricular en la horquilla con aire de persona destrozada. Manifesto en tono solemne-: Cumplia todos los requisitos. Pero fallecio el invierno pasado. La persona con la que estaba hablando era su madre. Se me echo a llorar cuando le pregunte por el.

Jeannie se pregunto en aquel momento que personalidad tendria. ?Era como Dennis, un psicopata, o era como Steve?

– ?Como murio?

– Al parecer era un campeon de esqui y se rompio el cuello cuando intentaba algo peligroso.

Un muchacho audaz, sin miedo.

– Suena como si fuese nuestro hombre.

A Jeannie no se le habia ocurrido la posibilidad de que no estuviesen vivos los ocho. Comprendio ahora que debia de haber mas de ocho implantes. Incluso actualmente, cuando la tecnica esta bien establecida, muchos implantes no «prenden». Y tambien era probable que algunas de las madres hubiesen abortado. La Genetico podia haber hecho sus experimentos con quince o veinte mujeres, e incluso mas.

– Es duro hacer estas llamadas -dijo Lisa.

– ?Quieres que nos tomemos un respiro?

– No. -Lisa se habia animado-. Lo estamos haciendo muy bien. Ya hemos descartado a dos de los cinco y aun no son las tres de la madrugada. ?Quien viene ahora?

– George Dassault.

Jeannie empezaba a creer que encontrarian al violador, pero no tuvieron tanta suerte con ese nombre. En Estados Unidos solo habia siete George Dassault, pero tres de ellos no contestaron al telefono. Ninguno tenia relacion con Baltimore o Filadelfia -uno estaba en Buffalo, otro en Sacramento y otro en Houston-, pero eso no queria decir nada. Lo unico que podian hacer era seguir adelante. Lisa imprimio la relacion de numeros de telefono para poder intentarlo despues.

Surgio otra pega.

– Me parece que no tenemos ninguna garantia de que el hombre al que estamos buscando se encuentre en el CD-ROM -dijo Jeannie.

– Eso es verdad. Puede que no tenga telefono. O que su numero no figure en la guia.

– Podia figurar con algun seudonimo, Pincho Dassault o Capirotazo Jones.

Lisa rio entre dientes.

– Podria ser un cantante de rap que hubiera cambiado su nombre por el de Sorbete de Nata Cremosa.

– Podria ser un luchador que se presentara como Billy Acero.

– Podria ser un escritor de novelas del Oeste que firmara Macho Remington.

– O de literatura pornografica bajo el alias de Heidi Latigazo.

– Pijo Presto.

– Henrietta Chichi.

El estrepito de cristales rotos interrumpio bruscamente sus risas. Jeannie salio disparada de su taburete y se zambullo en el armario de articulos de escritorio. Cerro la puerta desde dentro y permanecio inmovil, aguzado el oido.

Oyo a Lisa decir nerviosamente:

– ?Quien es?

– Seguridad -llego la voz de un hombre-. ?Dejo usted ese jarro de cristal ahi?

– Si.

– ?Puedo preguntarle por que?

– Para que nadie se me acercara furtivamente, sin que yo me diese cuenta. Una se pone nerviosa cuando esta trabajando aqui tan tarde.

Вы читаете El tercer gemelo
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату