don Limu.

– ?Oh, oh! -El senor Oliver alzo las manos en gesto defensivo-. No he pretendido ofender a nadie. Hizo una bonita representacion comica de miedo, retrocedio hacia el interior del cuarto y cerro la puerta.

Jeannie se dejo caer en una silla.

– Dios mio, lo conseguimos -dijo.

61

Tan pronto hubo terminado de cenar, Steve se levanto y dijo:

– Necesito acostarme.

Deseaba retirarse lo antes posible a la habitacion de Harvey. Una vez estuviera solo tendria la seguridad de que no iban a descubrirle.

La reunion toco a su fin. Proust se echo al coleto el resto de su whisky y Berrington acompano a los invitados a sus coches.

Steve vio la oportunidad de llamar a Jeannie y contarle lo que estaba sucediendo. Descolgo el auricular y llamo a informacion. Tardaban una barbaridad en responder. «?Vamos, vamos!» Por fin consiguio que le atendieran y pidio el telefono del hotel. Se equivoco de numero la primera vez y le contestaron de un restaurante. Volvio a marcar, freneticamente, y consiguio por ultimo hablar con el hotel.

– ?Podria ponerme con la doctora Jean Ferrami? -pregunto.

Berrington regreso al estudio en el preciso momento en que Steve oia la voz de Jeannie.

– ?Diga!

– Hola, linda, aqui, Harvey -se presento.

– Steve, ?eres tu?

– Si, he decidido pasar la noche en casa de papa; es un poco tarde para volver a casa. El trayecto es muy largo.

– Por el amor de Dios, Steve, ?te encuentras bien?

– Tengo algunos asuntos que resolver, pero no es nada que no pueda manejar. ?Que tal dia has pasado, carino?

– Ya hemos logrado colarlo en el hotel. No resulto facil, pero lo hicimos. Lisa ha entrado en contacto con George Dassault. Prometio venir, asi que es posible que contemos con tres, por lo menos.

– Muy bien. Ahora me voy a dormir. Espero verte manana, carino.

– Bien. Buena suerte.

– Lo mismo digo. Buenas noches.

Berrington le hizo un guino.

– ?Una nena ardiente?

– Carinosa.

Berrington saco unas pildoras y se las tomo con un sorbo de whisky escoces. Al observar que Steve dirigia la vista hacia la botella, explico:

– Dalmane. Con todo este jaleo, necesito algo que me ayude a dormir.

– Buenas noches, papa.

Berrington rodeo con sus brazos los hombros de Steve.

– Buenas noches, hijo -deseo-. No te preocupes, saldremos de esta.

Steve penso que Berrington realmente queria a su despreciable hijo y durante unos segundos se sintio irracionalmente culpable por enganar a un padre amantisimo.

Y entonces se dio cuenta de que no sabia donde estaba su dormitorio. Abandono el estudio y avanzo unos pasos por el pasillo que supuso llevaba a los dormitorios. No tenia idea de cual seria la puerta correspondiente al cuarto de Harvey. Volvio la cabeza para cerciorarse de que Berrington no podia verle desde el estudio. Con gesto rapido, abrio la puerta que tenia mas cerca, esforzandose desesperadamente en hacerlo en silencio.

Era un cuarto de bano completo, con ducha y banera. Cerro la puerta con suavidad.

Probo con la que estaba enfrente. Se abria a una amplia alcoba, con cama de matrimonio y numerosos armarios. Un traje a rayas, en una bolsa de lavanderia de limpieza en seco, colgaba de un tirador. No le parecio que Harvey vistiera trajes a rayas. Se disponia a cerrar la puerta sin hacer ruido cuando le sobresalto oir la voz de Berrington, inmediatamente detras de el.

– ?Necesitas algo de mi cuarto?

Dio un respingo culpable. Durante un momento se quedo mudo. «?Que diablos puedo decir?» Las palabras acudieron luego a sus labios.

– No tengo nada que ponerme para dormir.

– ?Desde cuando te ha dado por ponerte pijama?

La voz de Berrington lo mismo podia ser recelosa que simplemente perpleja; Steve no fue capaz de determinarlo. Improviso a lo loco:

– Pense que podia ponerme una camiseta grande de manga corta.

– Nada te caera bien con esos hombros, hijo mio -dijo Berrington, y, ante el alivio de Steve, solto una carcajada.

Steve se encogio de hombros.

– No importa.

Siguio adelante. Al final del pasillo habia dos puertas, una frente a otra: el cuarto de Harvey y el de la criada, presumiblemente. «Pero ?cual es de cual?»

Steve remoloneo un poco, con la esperanza de que Berrington desapareciese dentro de su dormitorio antes de que el, Steve, efectuara su eleccion.

Cuando llego al final del pasillo volvio la cabeza. Berrington estaba observandole.

– Buenas noches, papa -dijo Steve.

– Buenas noches.

«?Derecha o izquierda? No hay forma de adivinarlo. Es cuestion de elegir una a la buena de Dios» Steve abrio la puerta de su derecha.

Camiseta de rugby en el respaldo de una silla, un disco compacto de Snoop Doggy Dog encima de la cama. Playboy sobre la mesa escritorio. «La habitacion de un chico. Gracias a Dios.»

Entro y cerro la puerta tras de si, con el talon. Apoyo la espalda contra el pano de la puerta, debil de puro alivio.

Al cabo de un momento se desvistio y se metio en la cama. Se sentia muy extrano en el lecho de Harvey, en el cuarto de Harvey y en la casa del padre de Harvey. Apago la luz y yacio despierto, mientras escuchaba los ruidos de aquella casa extrana. Durante cierto tiempo oyo rumor de pasos, puertas que se cerraban y grifos que dejaban correr el agua, luego el silencio se ensenoreo del lugar.

Se sumio en un sueno ligero, del que desperto subitamente. «Habia alguien mas en la habitacion.»

Percibio el olor caracteristico de un perfume de flores, mezclado con el de ajos y especias; luego vio cruzar por delante de la ventana la silueta de la figura menuda de Marianne. Antes de que tuviera tiempo de pronunciar palabra, la muchacha se habia metido en la cama con el.

– ?Eh! -susurro Steve.

– Voy a hacerte una mamada como a ti te gusta -dijo Marianne, pero Steve capto el miedo en su voz.

– No -replico Steve, que la rechazo cuando ella se deslizaba bajo la ropa de la cama en direccion a la entrepierna.

– Por favor, no me hagas dano esta noche, por favor, «Arvey» -rogo. Tenia acento frances.

Steve lo comprendio todo. Marianne era una inmigrante y Harvey la habia aterrorizado de tal modo que la pobre muchacha no solo hacia cuanto el le ordenaba sino que incluso se anticipaba tambien a sus exigencias. ?Como era posible que pudiera pegar impunemente a aquella infeliz cuando Berrington, su padre, estaba en la habitacion contigua? ?Es que la chica no hacia ningun ruido? Entonces Steve recordo las pastillas del somnifero. Berrington dormia tan profundamente que los gritos de Marianne no le despertarian.

– No voy a hacerte ningun dano, Marianne -dijo-. Relajate.

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