Ella empezo a besarle en la cara.
– Se bueno, por favor, se bueno. Hare todo lo que quieras, pero no me pegues.
– Marianne -dijo Steve en tono severo-. Tranquilizate.
Ella se quedo rigida.
Steve le paso un brazo por los delgados hombros. La piel de la muchacha era suave y calida.
– Quedate aqui un momento y calmate -recomendo Steve, al tiempo que le acariciaba la espalda-. Nadie volvera a hacerte dano, te lo prometo.
Marianne seguia tensa, a la espera de los golpes, pero luego fue relajandose poco a poco. Se acerco mas a Steve.
El tuvo una ereccion, no podia evitarlo. Se daba cuenta de que no le costaria nada hacer el amor. Acostado alli, con aquel cuerpo tembloroso entre los brazos, la tentacion era muy fuerte. Nadie lo sabria nunca. Seria una verdadera delicia acariciar a aquella chica hasta despertar su libido. Marianne se sentiria sorprendida y complacida de ser amada tan suave y consideradamente. Ambos se besarian y acariciarian durante toda la noche.
Steve suspiro. Pero estaria mal hecho. Ella no actuaba por propia voluntad. Le habian llevado a aquella cama la inseguridad y el miedo, no el deseo.
«Si, Steve, puedes jodertela… y explotaras a una inmigrante asustada que cree que no tiene otra salida. Y eso seria abyecto. Tu despreciarias a un hombre capaz de cometer tal infamia.»
– ?Te sientes mejor ya? -pregunto.
– Si…
Ella le toco la cara, y luego le beso suavemente en la boca.
Steve mantuvo los labios firmemente apretados, pero le acaricio el pelo afectuosamente.
Marianne le miro en la semioscuridad.
– Tu no eres el, ?verdad? -dijo.
– No -respondio Steve-. No soy el.
Al cabo de unos segundos, la muchacha se habia ido. Steve seguia con su ereccion. «?Por que yo no soy el? ?Por el modo en que me educaron? Diablos, no.» Podia habermela follado. Podia ser Harvey. Yo no soy el porque opte por no serlo.
Mis padres no tomaron esa decision en este momento: la tome yo. Gracias por vuestra ayuda, papa y mama, pero he sido yo, no vosotros, quien envio a esa chica a su habitacion.
»Berrington no me creo, ni tampoco me creasteis vosotros.
«Me hice yo.»
LUNES
62
Steve se desperto sobresaltado. «?Donde estoy?»
Alguien le tenia cogido por los hombros y le estaba sacudiendo, un hombre con pijama rayado. Era Berrington Jones. Tras un instante de desorientacion, Steve recordo los ultimos acontecimientos.
– Haz el favor de vestirte como es debido para la conferencia de prensa -dijo Berrington-. Encontraras en el armario la camisa que dejaste aqui hace quince dias. Marianne se encargo de ponertela a punto. Ve a mi cuarto y elige la corbata que quieres que te deje.
Salio de la habitacion.
Berrington hablaba a su hijo como si este fuera un chico dificil y desobediente, reflexiono Steve al tiempo que saltaba de la cama. La frase no pronunciada de No discutas, hazlo y punto, se anadia implicitamente al final de cada manifestacion paterna. Pero aquellos modales bruscos facilitaban a Steve la conversacion. Podia salir del paso respondiendo con monosilabos sin correr el peligro de delatar su ignorancia.
Eran las ocho de la manana. En calzoncillos, se dirigio por el corredor hacia el cuarto de bano. Tras tomar una ducha, se afeito con una maquinilla que encontro disponible en el armario del lavabo. Lo hizo todo muy despacio, para aplazar al maximo el momento en que tendria que arriesgarse a hablar con Berrington.
Con una toalla alrededor de la cintura, entro en el cuarto de Berrington, de acuerdo con las ordenes recibidas. Berrington no estaba alli. Steve abrio el armario. Las corbatas eran senoriales e incluso ostentosas, de rayas y de lunares, todas de seda brillante, ninguna lo que se dice moderna. Tambien habia fulares. Cogio una corbata de franjas horizontales. Miro el surtido de calzoncillos de Berrington. Aunque era mucho mas alto que este, tenian la misma talla de cintura. Eligio unos de color azul.
Cuando estuvo vestido hizo acopio de animo para volver a afrontar la prueba del engano. Solo unas cuantas horas mas y todo habria concluido. Tenia que seguir evitando despertar las sospechas de Berrington hasta unos minutos despues del mediodia, cuando Jeannie interrumpiese la conferencia de prensa.
Respiro hondo y salio.
El olor a beicon frito le guio hacia la cocina. Marianne estaba ante el fogon. Miro a Steve con ojos desorbitados. Una momentanea oleada de panico inundo a Steve: si Berrington observaba la expresion de Marianne puede que le preguntase que ocurria…, en cuyo caso era muy probable que, dado lo aterrada que estaba la pobre chica, se lo contase. Pero Berrington estaba viendo el programa de la CNN en un pequeno televisor y no pertenecia a la clase de persona que se interesa por el servicio.
Steve tomo asiento y Marianne le sirvio cafe y zumo. Dirigio a la muchacha una sonrisa tranquilizadora.
Berrington alzo una mano para imponer silencio -gesto innecesario, porque Steve no tenia la mas minima intencion de decir nada- y el presentador leyo una nota acerca de la venta de la Genetico:
– Michael Madigan, director de la Landsmann de Estados Unidos, declaro anoche que, una vez completada satisfactoriamente la fase de revelacion, la transaccion se firmara hoy publicamente durante una conferencia de prensa que va a celebrarse en Baltimore.
Las acciones de la Landsmann habian subido cincuenta puntos en la bolsa de Francfort a primera hora de la manana. La General Motors…
Sono el timbre de la puerta y Berrington pulso el boton que dejaba mudo el televisor. Miro por la ventana de la cocina y dijo:
– Ah, fuera hay un coche de la policia.
Una sospecha terrible irrumpio en la mente de Steve. Cabia la posibilidad de que Jeannie se hubiera puesto en contacto con Mish Delaware y le hubiese contado lo que averiguo respecto a Harvey, en cuyo caso tal vez la policia decidio detener a Harvey. Y a Steve le iba a costar Dios y ayuda convencerles de que el no era Harvey Jones, cuando vestia ropas de Harvey, estaba sentado en la cocina del padre de Harvey y comia bollos de arandano preparados por la cocinera del padre de Harvey.
No deseaba volver a la carcel. Pero eso no era lo peor. Si le arrestaban ahora, se perderia la conferencia de prensa. Y si no se presentaba ninguno de los otros clones, Jeannie solo dispondria de Harvey. Y un unico gemelo no demostraba nada.
Berrington se levanto y fue hacia la puerta.
– ?Que pasara si vienen a por mi? -pregunto Steve.
Marianne parecia encontrarse al borde de la muerte.
– Les dire que no estas aqui -repuso Berrington. Salio de la estancia.
Steve no oyo la conversacion que se desarrollaba en la puerta. Permanecio petrificado en su silla, sin comer ni beber. Marianne estaba inmovil como una estatua delante del fogon, con una espatula de cocina en la mano.
Al final, volvio Berrington.
– Anoche robaron en las casas de tres de nuestros vecinos -informo-. Supongo que nosotros tuvimos suerte.
