Irrumpio el hombre en la habitacion, seguido de Berrington. Se detuvieron en seco a la vista de un negro de edad que los apuntaba con un pistolon anticuado.

– Levanten las manos, cierren la puerta y echense al suelo, boca abajo, si no quieren que los deje secos a tiros -ordeno el hombre de color-. Por el modo en que han invadido este cuarto, no habra jurado en Baltimore que me considere culpable de haberles matado.

Berrington alzo las manos.

De subito, una figura salio catapultada desde la cama. Berrington tuvo el tiempo justo de ver que se trataba de Harvey, con las munecas ligadas y alguna clase de mordaza sobre la boca. El viejo desvio el canon de la pistola hacia el. A Berrington le aterro la posibilidad de que descerrajase un tiro a su hijo. Grito:

– ?No!

El viejo actuo con una fraccion de segundo de retraso. Las atadas munecas de Harvey golpearon la pistola, que se le cayo de la mano al hombre. El gorila se lanzo de un salto sobre ella y la recogio de la alfombra. Se enderezo y apunto al viejo.

Berrington volvio a respirar.

El anciano levanto los brazos despacio.

El guardaespaldas cogio el telefono de la habitacion.

– Envien a alguien de seguridad a la habitacion ochocientos veintiuno -dijo-. Hay aqui un huesped con una pistola.

Berrington echo una mirada por el cuarto. No habia ni rastro de Jeannie.

Jeannie se apeo del ascensor, vestida con su blusa blanca y su falda negra y cargada con una bandeja en la que llevaba el te que habia pedido al servicio de habitaciones. Los latidos de su corazon le sonaban como el redoble sobre un bombo. Entro en la Sala Regencia con el paso vivaz de una camarera.

En el pequeno vestibulo, dos mujeres con las listas de invitados permanecian sentadas al otro lado de sus mesitas. Era de suponer que nadie iba a entrar sin invitacion, pero Jeannie daba por supuesto que tampoco se le iba a ocurrir a nadie poner pegas a una camarera con una bandeja. Se obligo a sonreir al portero mientras se encaminaba a la puerta interior.

– ?Eh! -exclamo el hombre.

Jeannie se volvio en el umbral.

– Ah, dentro tienen cafe y bebidas de sobra.

– Esto es te de jazmin, un pedido especial.

– ?Para quien es?

Jeannie penso a toda velocidad.

– Para el senador Proust. Rezo para que estuviese alli.

– Bueno, vale. Adelante.

Jeannie volvio a sonreir, abrio la puerta y entro en la sala de conferencias. Al fondo, tres hombres vestidos con elegantes trajes permanecian sentados ante una mesa colocada en una tarima. Tenian frente a si un monton de documentos legales. Uno de los miembros del trio dirigia su parlamento a los asistentes. El auditorio estaba formado por unas cuarenta personas con cuadernos de notas, pequenas grabadoras y camaras de television manuales.

Jeannie anduvo hacia el frente. De pie, a un lado de la tarima habia una mujer con traje chaqueta negro y gafas. Llevaba una insignia en la que se leia:

CAREN BEAMISH

?COMUNICACION TOTAL!

Era la relaciones publicas que Jeannie vio anteriormente disponiendo el telon de fondo. Miro a Jeannie con curiosidad, pero no intento detenerla; sin duda asumio -tal como Jeannie pretendia- que alguien habia pedido una consumicion al servicio de habitaciones.

Cada uno de los hombres del estrado tenia delante de si una tarjeta con su nombre. Jeannie reconocio al senador Proust, que se encontraba a su derecha. A la izquierda estaba Preston Barck. El situado en el centro, que estaba haciendo uso de la palabra, era Michael Madigan.

– La Genetico no es solo una empresa dedicada al apasionante sector de la biotecnologia… -peroraba en tono tedioso.

Jeannie sonrio y deposito la bandeja delante de el. Madigan la miro levemente sorprendido e interrumpio su discurso durante un momento.

Jeannie se volvio de cara al auditorio.

– He de hacer un anuncio muy especial -declaro.

Steve se encontraba sentado en el suelo de los servicios, con la mano izquierda esposada al tubo de desague del lavabo; le dominaban la rabia y la desesperacion. Berrington lo habia descubierto apenas unos segundos antes de que se le acabara el tiempo. Ahora estaria buscando a Jeannie y, si la encontraba, probablemente desbrozaria todo el plan. Steve tenia que liberarse y correr a avisarla.

En su parte superior, el tubo estaba unido a la pieza de la base del lavabo. El tubo formaba un sifon y luego desaparecia al hundirse en la pared. Contorsionandose, Steve apoyo el pie en el tubo, echo hacia atras la pierna y propino una patada. El sanitario en pleno se estremecio a causa del impacto. Repitio la patada. La argamasa que rodeaba el tubo, alli donde este se hundia en la pared, empezo a desmenuzarse. Repitio los golpes varias veces. La argamasa caia, pero el tubo continuaba firme.

Decepcionado, escudrino el punto donde el tubo se unia a la parte inferior del lavabo. Tal vez aquella junta fuese mas debil. Agarro el tubo con las dos manos y lo sacudio freneticamente. De nuevo, todo temblo, pero no se quebro nada. Miro el sifon. Sobresalia una tuerca alrededor del tubo inmediatamente encima de la curva. Los fontaneros la desenroscaban para desatascarla, pero utilizaban la herramienta adecuada. Steve cerro la mano izquierda en torno a la tuerca y trato con todas sus fuerzas de desenroscarla. Le resbalaron los dedos y se despellejo los nudillos dolorosamente.

Golpeo la parte inferior del lavabo. Estaba hecho de algun tipo de marmol artificial bastante fuerte. Volvio a observar el punto donde la tuberia conectaba con el orificio del desague. Si pudiese romper aquella placa le seria posible quitar el tubo. Entonces no tendria ninguna dificultad en pasar las esposas por el extremo del tubo y verse libre.

Cambio de postura, echo la pierna hacia atras y empezo otra vez a dar patadas.

– Hace veintitres anos -dijo Jeannie-, la Genetico realizo experimentos ilegales e irresponsables con ocho mujeres estadounidenses ajenas a lo que se estaba haciendo con ellas. -Jeannie empezo a recuperar el aliento rapidamente y se esforzo en hablar con normalidad y proyectar su voz hacia el auditorio-. Todas esas mujeres eran esposas de oficiales del ejercito.

Busco a Steve con la mirada, pero no lo encontro. ?Donde diablos se habria metido? Se suponia que iba a estar alli… ?era la prueba!

Con voz temblorosa, Caren Beamish protesto:

– Este es un acto privado, haga el favor de marcharse inmediatamente.

Jeannie no le hizo caso.

– Las mujeres acudieron a la clinica de la Genetico en Filadelfia para recibir hormonas como tratamiento de la baja fertilidad.

– Dejo que saliera a la superficie su indignacion-: Y sin su permiso fueron fecundadas con embriones de perfectos desconocidos.

Surgio un murmullo de comentarios entre los periodistas reunidos en la sala. Jeannie tuvo la certeza de que habia despertado su interes.

– Preston Barck -alzo Jeannie la voz-, en teoria un cientifico responsable, estaba tan obsesionado con su obra pionera en el terreno de la clonacion que dividio un embrion siete veces, creando asi ocho embriones identicos, que fueron implantados en ocho mujeres, sin que estas llegaran a sospecharlo.

Jeannie localizo a Mish Delaware. La detective estaba sentada en la parte de atras y miraba con expresion ligeramente divertida.

Pero Berrington no se encontraba en la sala. Eso era sorprendente… y preocupante.

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