En el estrado, Preston Barck se puso en pie y hablo: -Damas y caballeros, les pido disculpas por este incidente. Se nos habia advertido que era posible que se produjese una alteracion.

Jeannie siguio adelante: -El atropello se ha mantenido en secreto durante veintitres anos. Los tres hombres que lo perpetraron, Preston Barck, el senador Proust y el profesor Berrington Jones, no han dudado nunca en hacer lo necesario para mantenerlo oculto, como se por propia y amarga experiencia.

Caren Beamish estaba hablando por un telefono del hotel. Jeannie la oyo decir: -Que venga aqui inmediatamente alguien del maldito servicio de seguridad, por favor.

Debajo de la bandeja, Jeannie llevaba un fajo de ejemplares del comunicado de prensa que redacto y que Lisa habia fotocopiado.

– Todos los detalles estan en esta nota de prensa -dijo, y empezo a distribuirlas mientras seguia hablando-: Los ocho embriones se desarrollaron y nacieron, y siete de ellos estan vivos actualmente.

Los reconoceran, porque todos ellos son identicos.

A juzgar por la expresion de los rostros de los periodistas, Jeannie comprendio que los tenia donde deseaba tenerlos. Al lanzar un vistazo al estrado observo que Proust tenia cara de pocos amigos y que Preston Barck daba la impresion de desear que le fulminase una muerte instantanea.

Aproximadamente en aquel momento se suponia que iba a irrumpir en la sala el senor Oliver con Harvey, de forma que todos pudieran comprobar que tenia el mismo aspecto fisico que Steve y posiblemente tambien que George Dassault. Pero no habia el menor indicio de ninguno de ellos. «?No llegueis demasiado tarde!».

Jeannie continuo con su conferencia particular: -Pensarian ustedes que eran gemelos univitelinos, a decir verdad tienen ADN identicos, pero los alumbraron ocho madres distintas. Yo realizo un estudio sobre los gemelos y el rompecabezas de los gemelos que tenian madres distintas fue lo que en principio me impulso a investigar esta vergonzosa historia.

Se abrio de golpe la puerta del fondo de la sala. Jeannie miro hacia alli, con la esperanza de ver a uno de los clones. Pero el que irrumpio en la Sala Regencia fue Berrington.

Jadeante, como si llegara corriendo, Berrington manifesto:

– Damas y caballeros, esta senora sufre un colapso nervioso y ultimamente fue despedida de su empleo. Era investigadora en un proyecto de la Genetico y actua ahora llevada por su resentimiento hacia la empresa. La seguridad del hotel acaba de detener en otra planta a un complice suyo. Por favor, continuen con nosotros mientras los guardias de seguridad acompanan a esta persona fuera del edificio y luego reanudaremos nuestra conferencia de prensa.

Jeannie se quedo de una pieza. ?Donde estaban el senor Oliver y Harvey? ?Y que habia sido de Steve? Su discurso y su nota de prensa no tenian ningun valor si no los respaldaban pruebas. Solo disponia ya de unos segundos. Algo se habia torcido terriblemente.

De alguna manera, Berrington se las habia arreglado para tirar por tierra su plan.

Un guardia de seguridad uniformado entro en la sala e intercambio unas palabras con Berrington.

Desesperada, Jeannie recurrio a Michael Madigan. La expresion del hombre era gelida y Jeannie supuso que pertenecia a la clase de individuos a los que les fastidiaba las interrupciones de su monotona y organizada rutina. A pesar de todo, lo intento.

– Veo que tiene usted delante toda la documentacion legal, senor Madigan -dijo-. ?No cree que deberia verificar esta historia antes de firmar? Suponga por un momento que tengo razon… ?Imaginese por cuanto dinero le van a demandar judicialmente esas ocho mujeres!

Madigan repuso suavemente:

– No tengo por costumbre tomar decisiones comerciales basadas en informes de locos.

Los periodistas soltaron la carcajada, y Berrington empezo a dar muestras de sentirse mas confiado. El guardia de seguridad se acerco a Jeannie.

La muchacha se dirigio al auditorio:

– Esperaba poder mostrarle dos o tres clones, a modo de evidencia. Pero… no se han presentado.

Los reporteros soltaron otra carcajada, y Jeannie comprendio que se habia convertido en el hazmerreir del acto. Todo habia terminado y habia perdido…

El guardia la cogio firmemente de un brazo y la empujo hacia la puerta. Jeannie hubiera podido resistirse, pero era inutil.

Paso por delante de Berrington y observo su sonrisa. Noto que los ojos amenazaban con llenarsele de lagrimas, pero se las trago y mantuvo alta la cabeza. Id todos al infierno, penso; algun dia descubrireis que estaba en lo cierto.

A su espalda, oyo que Caren Beamish decia:

– Senor Madigan, ?desea usted reanudar su parlamento?

Cuando Jeannie y el guardia de seguridad llegaban a la puerta, esta se abrio para dar paso a Lisa.

Boquiabierta, Jeannie vio que inmediatamente detras de ella iba uno de los clones.

Debia de ser George Dassault. ?Habia venido! Pero uno no era suficiente. ?Si apareciese Steve, o el senor Oliver con Harvey!

Luego, con cegadora alegria, vio entrar un segundo clon. Debia de ser Henry King. Se zafo del guardia de seguridad.

– ?Miren! -chillo-. ?Miren ahi!

No habia terminado de decirlo cuando entro un tercer clon. Su cabellera negra le informo de que se trataba de Wayne Stattner.

– ?Miren! -grito Jeannie-. ?Ahi los tienen! ?Son identicos!

Todas las camaras se alejaron de la tarima para enfocar a los recien llegados. Centellearon los fogonazos de los flashes cuando los fotografos se lanzaron a tomar instantaneas de lo que ocurria.

– ?Se lo dije! -manifesto Jeannie triunfalmente a los periodistas-. ?Pregunten ahora por sus padres! No son trillizos… ?sus madres no han llegado a conocerse entre si! Preguntenles. ?Vamos, preguntenles!

Se dio cuenta de que su euforica agitacion era un tanto excesiva e hizo un esfuerzo por calmarse, pero le resultaba dificil con lo feliz que se sentia. Varios reporteros saltaron de sus asientos y se aproximaron a los clones para entrevistarlos. El guardia volvio a coger a Jeannie del brazo, pero la mujer se hallaba ahora en el centro de una multitud y no podia moverse.

Oyo al fondo la voz de Berrington, que se elevaba por encima de los murmullos de los periodistas.

– ?Damas y caballeros!, por favor, ?pueden prestarme un poco de atencion? -Empezo sonando irritada, pero no tardo en trocarse francamente colerica-. ?Nos gustaria continuar con la conferencia de prensa!

No resulto. La jauria acababa de olfatear una historia de verdad y habian perdido todo interes por los discursos.

Por el rabillo del ojo Jeannie observo que el senador Proust se escabullia silenciosamente de la sala.

Un joven le puso un microfono delante y pregunto a Jeannie:

– ?Como descubrio el caso de los experimentos?

Jeannie dijo por el microfono:

– Soy la doctora Jean Ferrami y desempeno funciones cientificas en el departamento de Psicologia de la Universidad Jones Falls. En el curso de mi trabajo me tropece con este grupo de personas que parecen ser gemelos identicos, pero que no tienen ninguna relacion. Investigue. Berrington Jones intento despedirme al objeto de impedir que descubriese la verdad. A pesar de ello, logre averiguar que los clones son el resultado de un experimento militar realizado por la Genetico.

Efectuo un reconocimiento visual de la sala. ?Donde estaria Steve?

Steve aplico una patada mas y la tuberia de desague salto de la parte inferior del lavabo entre una lluvia de argamasa y esquirlas de marmol. Tiro del tubo, lo aparto de la base del lavabo y saco la manilla por el hueco. Una vez libre, se puso en pie. Hundio la mano izquierda en el bolsillo para ocultar las esposas que le colgaban de la muneca y abandono el cuarto de aseo.

La sala de personalidades estaba vacia.

Al no saber con certeza lo que encontraria en la sala de conferencias, salio al pasillo.

Contigua a la sala de personalidades habia una puerta con el rotulo «Sala Regencia». Mas alla, corredor adelante, uno de sus dobles estaba esperando el ascensor.

– ?Quien seria? El hombre se frotaba las munecas, como si las tuviese doloridas; y tenia una senal roja que le

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