Jeannie oprimio el pulsador del raton sobre America Online y accedio a Internet. Mientras transferia su programa al FBI sono una llamada en la puerta y entro Steven Logan.

La muchacha le lanzo una mirada valorativa. Le habia dado unas noticias inquietantes y el rostro de Steve las acusaba; pero era joven y resistente, de modo que el golpe no le habia derribado. Era psicologicamente muy estable. De haber pertenecido al tipo criminal -como presumiblemente lo era su hermano, Dennis- a esas alturas ya habria provocado una pelea con alguien.

– ?que tal te fue? -le pregunto.

Steve cerro la puerta a su espalda, con el talon.

– Asunto concluido -dijo-. Me he sometido a todas las pruebas, he completado todos los examenes y he rellenado todos los cuestionarios que el ingenio de la raza humana ha sido capaz de imaginar.

– Entonces eres libre de volver a casa.

– Pensaba quedarme en Baltimore esta noche. La verdad es que me preguntaba si te importaria cenar conmigo.

Jeannie estaba desprevenida.

– ?Con que objeto? -pregunto, con brusca descortesia.

La pregunta le desconcerto.

– Bueno, pues… porque…, no me cabe duda de que me gustaria conocer mas cosas acerca de tu investigacion.

– ?Ah! Bien, por desgracia, ya tengo un compromiso para cenar.

Steve parecio muy decepcionado.

– ?Crees que soy demasiado joven?

– ?Demasiado joven para que?

– Para salir contigo.

Eso la sorprendio.

– No sabia que me estabas pidiendo una cita -confeso.

Steve parecio sentirse violento.

– Pareces lenta de reflejos.

– Lo siento.

Era lenta. Lo habia conocido ayer, en las pistas de tenis. Pero se habia pasado el dia pensando en Steve solo como sujeto de su estudio. Sin embargo, ahora que lo meditaba mas a fondo, efectivamente era demasiado joven para salir con ella. Tenia veintidos anos, un estudiante; ella era siete anos mayor que el, una diferencia enorme.

– ?Cuantos anos tiene el hombre con el que vas a salir?

– Cincuenta y nueve o sesenta, algo asi.

– Formidable. Te gustan los viejos.

A Jeannie le entraron ganas de mandarlo a paseo. Pero penso que, despues de todo lo que le habia hecho pasar, le debia alguna compensacion. El ordenador produjo un timbrazo para informarle de que habia concluido la transferencia del programa.

– Estoy aqui todo el dia -dijo-. ?Te gustaria tomar una copa conmigo en el Club de la Facultad?

Steve se animo automaticamente.

– De mil amores, me encantaria. ?Voy vestido adecuadamente?

Llevaba pantalones caqui y camisa azul de hilo.

– Mucho mejor que la mayoria de los profesores que suelen frecuentarlo -sonrio Jeannie. Salio del programa y apago el ordenador.

– He llamado a mi madre -explico Steven-. Le he contado tu teoria.

– ?Se enfado?

– Se echo a reir. Dijo que ni yo era adoptado ni tenia ningun hermano gemelo que hubiesen dado en adopcion.

– Que extrano.

Para Jeannie no dejaba de ser un alivio que la familia Logan se lo tomase con tanta calma. Por otra parte, el escepticismo que anidaba en el fondo de su mente aporto la alarmante sugerencia de que, al fin y al cabo, quiza Steven y Dennis no fuesen gemelos.

– ?Sabes?… -Jeannie vacilo. Ya le habia dicho bastantes cosas inesperadas para un dia. Pero se lanzo-: Hay otro modo posible de que Dennis y tu seais gemelos.

– Se lo que estas pensando -dijo Steve-. Cambio de recien nacidos en el hospital.

Captaba las cosas rapido. Por la manana habia observado en mas de una ocasion lo deprisa que sacaba conclusiones.

– Exacto -confirmo-. La madre numero uno da a luz gemelos identicos, las madres numeros dos y tres alumbran un varon cada una. Los dos gemelos se entregan a las madres dos y tres, mientras sus hijos pasan a la madre numero uno. Cuando los ninos crecen, la madre numero uno colige que ha tenido gemelos fraternos que se parecen extraordinariamente poco.

– Y si las madres dos y tres no llegan a conocerse, nadie se percata nunca del asombroso parecido de los ninos dos y tres.

– Es el viejo argumento de los autores de folletin -reconocio Jeannie-. Pero no es imposible.

– ?Hay algun libro sobre este tema de los gemelos? Me gustaria saber algo mas acerca del asunto.

– Si, aqui tengo uno… -Repaso la libreria-. No, esta en casa.

– ?Donde vives?

– Ahi al lado.

– Puedes invitarme a esa copa en tu casa.

La muchacha titubeo. Se dijo que aquel era el gemelo normal, no el psicopata.

– Desde hoy, sabes mucho de mi -comento Steve-. Y siento curiosidad por tu persona. Me gustaria ver como vives.

Jeannie se encogio de hombros.

– Claro, ?por que no? Vamos.

Eran las cinco de la tarde y el dia empezaba a refrescar cuando salieron de la Loqueria. Steve emitio un silbido al ver el Mercedes rojo.

– ?Vaya coche guapo!

– Hace ocho anos que lo tengo -dijo Jeannie-. Lo adoro.

– El mio esta en el aparcamiento. Me situare detras de ti y dare un toque con los faros para avisarte.

Se alejo. Jeannie subio al Mercedes y encendio el motor. Al cabo de unos minutos vio reflejarse en el retrovisor el centelleo de los faros de Steve. Salio del aparcamiento, rumbo a la carretera. Cuando abandonaba el campus observo que un coche patrulla de la policia se colocaba en la estela del coche de Steve. Echo una ojeada al cuenta kilometros y redujo la velocidad a menos de cincuenta por hora.

Parecia que Steven Logan se estaba encaprichando de ella. Aunque Jeannie no correspondiese a tal sentimiento, no dejaba de complacerla. Era halagador haberse ganado el corazon de un jovencito macizo y guaperas.

Durante todo el trayecto hasta el domicilio de Jeannie, Steve se mantuvo pegado a su cola. Ella detuvo el coche delante de la casa y el aparco inmediatamente detras.

Como en muchas calles de Baltimore, habia una hilera de porticos, un porche comunal que se prolongaba a lo largo de todas las casas, donde los vecinos se sentaban a tomar el fresco en los dias anteriores al aire acondicionado. Jeannie cruzo el portico, se detuvo ante la puerta y empezo a buscar las llaves.

Dos agentes salieron del coche patrulla como si los expulsara un estallido; empunaban sus armas de reglamento. Adoptaron posiciones de disparo, extendidos rigidamente los brazos, con los revolveres apuntando a Jeannie y Steve.

A la mujer le dio un vuelco el corazon.

– ?Joder!… -exclamo Steve.

– ?Policia! -chillo a voz en cuello uno de los hombres-. ?Quietos!

Jeannie y Steve levantaron los brazos.

Pero los policias no se relajaron.

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