– ?Como rayos consiguen que los culpables firmen esto?
Mish Delaware no contesto. Puso su nombre y estampo su firma en el impreso.
Guardo el formulario en la carpeta y miro a Steve.
– Estas en un buen aprieto, Steve -dijo-. Pero pareces un chico normal. ?Por que no me cuentas lo que sucedio?
– No puedo -repuso Steve-. No estaba alli. Supongo que me parezco al sinverguenza que lo hizo.
La detective se echo hacia atras en el asiento, cruzo las piernas y le sonrio amistosamente.
– Conozco a los hombres -confeso en tono intimo-. Tienen sus arrebatos.
Si no fuese un enterado, penso Steve, leeria su lenguaje corporal y pensaria que se me iba a echar encima.
– Te explicare lo que creo -continuo ella-. Eres un hombre atractivo, la chica se quedo encandilada.
– En la vida he visto a esa mujer, sargento.
Mish Delaware no se dio por enterada. Se inclino por encima de la mesa y cubrio con su mano la de Steve.
– Creo incluso que te provoco.
Steve miro la mano de la detective. Tenia buenas unas, arregladas, no demasiado largas, pintadas con un esmalte de unas transparente. Pero habia arrugas en sus manos: la mujer rebasaba los cuarenta, quiza llegase a los cuarenta y cinco.
La detective hablo en tono de conspiracion, como si estuviera diciendole: «Esto va a quedar entre tu y yo».
– Te pidio guerra, asi que se la diste. ?Me equivoco?
– ?Que infiernos le ha hecho pensar tal cosa? -replico Steve en tono irritado.
– Se como son las chicas. Te puso a cien y luego, en el ultimo momento, cambio de idea. Pero era demasiado tarde. Un hombre no puede frenar en seco, asi como asi, un hombre de verdad, no.
– Eh, un momento, ya lo capto -dijo Steve-. El sospechoso se muestra de acuerdo contigo, imagina que esta haciendo lo mejor, lo mas beneficioso para el; pero en realidad lo que esta es reconociendo que hubo coito, y entonces la mitad de tu trabajo ya esta cumplido.
La sargento Delaware se recosto en la silla, con cara de fastidio, y Steve comprendio que su suposicion habia sido acertada.
La mujer se levanto.
– Esta bien, espabilado, acompaname.
– ?Adonde vamos?
– A las celdas.
– Un momento. ?Cuando se va a celebrar la rueda de reconocimiento?
– En cuanto demos con la victima y la traigamos a la comisaria.
– No podeis retenerme aqui indefinidamente sin ponerme a disposicion judicial.
– Podemos retenerte veinticuatro horas sin procedimiento judicial alguno, asi que punto en boca y en marcha.
Le llevo abajo en un ascensor y luego cruzaron una puerta y entraron en un vestibulo pintado de color naranja oscuro. Un aviso en la pared recordaba a los agentes la obligacion de mantener esposados a los sospechosos mientras procedian a registrarlos. El carcelero, un policia negro de unos cincuenta y tantos anos, permanecia de pie tras un alto mostrador.
– ?Eh, Spike! -saludo la sargento Delaware-. Te traigo un listillo universitario para ti solo.
El guardia sonrio.
– Si es tan listo, ?como es que esta aqui?
Rieron a coro. Steve tomo nota mental de abstenerse en el futuro de intentar enmendar la plana a los polis. Era un defecto suyo: tambien se habia ganado la enemistad de los profesores tratando de darselas de listo. A nadie le cae bien un sabelotodo.
El agente llamado Spike era un tipo menudo, enjuto y fuerte, de pelo gris y bigotito. Adoptaba un aire desenfadado, pero la expresion de sus ojos era fria. Abrio una puerta de acero.
– ?Vas a pasar a las celdas, Mish? -pregunto-. Si es asi, debo pedirte que nos dejes examinar tu arma.
– No voy a entrar, de momento he acabado con el -repuso la sargento-. Mas tarde tendra una rueda de reconocimiento.
Dio media vuelta y se fue.
– Por aqui, muchacho -indico a Steve el carcelero.
Steve cruzo la puerta.
Estaba en el bloque de celdas. El piso y las paredes tenian el mismo color sucio. Steve calculaba que el ascensor se detuvo en la segunda planta, pero no habia ventanas, y tuvo la impresion de encontrarse en una cueva subterranea profunda y que le costaria una eternidad ascender de nuevo a la superficie.
En una pequena antesala habia un escritorio y una camara fotografica en un soporte. Spike cogio un impreso de un casillero. Steve lo leyo al reves y vio que su encabezamiento rezaba:
DEPARTAMENTO DE POLICIA
BALTIMORE (MARYLAND)
INFORME DE ACTIVIDAD DE PRISIONERO
FORMULARIO 92/l2
El hombre quito el capuchon a un boligrafo y empezo a rellenar el impreso.
Cuando hubo terminado, senalo un punto en el suelo y dijo:
– Ponte ahi.
Steve se coloco frente a la camara. Spike pulso un boton produjo un destello.
– Vuelvete y colocate de perfil.
Otro destello del flash.
Acto seguido, Spike tomo una tarjeta cuadriculada impresa en tinta rosa y con el membrete:
OFICINA FEDERAL DE INVESTIGACION,
DEPARTAMENTO DE JUSTICIA DE ESTADOS UNIDOS
WASHINGTON, D.C. 20537
Spike entinto los dedos de Steve en un tampon y los oprimio sobre las cuadriculas de la tarjeta marcadas: 1.
– Tenemos un nuevo Servicio Central de Ficheros sobre la carcel municipal, en la avenida Greenmount, y alli disponen de una computadora que toma las huellas dactilares sin tinta. Es como una fotocopiadora gigante: no tienes mas que apretar la mano contra el cristal. Pero aqui seguimos haciendolo a la antigua usanza.
Steve se dio cuenta de que empezaba a sentirse avergonzado, a pesar de que no habia cometido ningun delito. Se debia en parte a aquel entorno siniestro, pero sobre todo a la sensacion de impotencia. Desde que los agentes saltaron fuera del coche patrulla, delante de la casa de Jeannie, habia ido de un lado para otro como un trozo de carne, sin ningun control sobre su propia persona. Eso rebajaba velozmente la autoestima de un hombre hasta ponerla a la altura del barro.
Despues de tomarle las huellas dactilares le permitieron lavarse las manos.
– Permiteme que te muestre tu suite -dijo Spike jovialmente.
Condujo a Steve por un pasillo con celdas a derecha e izquierda. Cada celda era un tosco cubiculo. En el lado que daba al pasillo no habia pared, solo barrotes, por lo que hasta el ultimo centimetro cuadrado de la celda era visible desde el exterior. A traves de los barrotes, Steve observo que cada uno de aquellos calabozos tenia una litera metalica fijada a la pared, asi como un lavabo y una taza de retrete de acero inoxidable. Las paredes y las
