pero llevaba siete anos sin pegarse enconadamente con nadie. En un espacio amplio, puede que hubiese mantenido a raya a Gordinflas y que hubiera salido sin lesiones graves. Pero alli, en la celda, la lucha seria sangrienta, ganara quien ganase. Si el detective Allaston dijo la verdad, Gordinflas habia demostrado, en el curso de las ultimas veinticuatro horas, tener instinto asesino. ?Tengo yo instinto asesino?, se pregunto Steve. ?Existe eso que se llama instinto asesino? Me falto muy poco para matar a Tip Hendricks. ?Me convierte eso en alguien como Gordinflas?

Al pensar en lo que significaria salir victorioso en una trifulca a brazo partido con Gordinflas, Steve se estremecio. Se imagino al hombreton tendido en el piso de la celda, desangrandose, mientras el, Steve, se erguia sobre el como lo hizo sobre Tip Hendricks, y Spike, el carcelero, exclamaba mientras: «?Por Jesucristo Todopoderoso, creo que esta muerto!». Mas bien seria el quien acabase machacado a golpes.

Quiza deberia mostrarse pasivo. Puede que se encontrara mas seguro y a salvo permaneciendo hecho un ovillo en el suelo y dejando que Gordinflas le pateara hasta cansarse. Pero Steve no sabia si le iba a ser posible hacer eso. De modo que permanecio alli sentado, con la garganta seca y el corazon desbocado, con la mirada fija en el dormido psicopata e imaginando peleas, combates que siempre perdia.

Supuso que era un truco que los polis practicaban a menudo. A Spike el carcelero no le parecia nada fuera de lo habitual. Quizas, en vez de zurrar la badana a los detenidos en una sala de interrogatorio, para arrancarles la confesion, su tactica consistia en dejar que otros sospechosos les hicieran ese trabajo. Steve se pregunto cuantas personas confesarian delitos que no cometieron solo para evitar pasar una noche en una celda con alguien como Gordinflas.

No olvidaria aquel trago, se lo juro a si mismo. Cuando obtuviera el titulo de abogado y se encargara de la defensa de personas acusadas de crimenes nunca aceptaria como prueba una confesion. Diria: «Una vez me acusaron de un delito que no habia cometido, pero que estuve a punto de confesar. Me he visto en tal circunstancia y se lo que es». Luego recordo que si le declaraban culpable de aquel crimen lo expulsarian de la facultad de Derecho y jamas defenderia a nadie.

Se repitio una y otra vez que no le declararian culpable. La prueba del ADN le libraria de la acusacion. Hacia la medianoche le sacaron de la celda, le esposaron y lo condujeron al hospital Mercy, situado a escasas manzanas del cuartelillo de policia. Le extrajeron una muestra de sangre, de la que sacarian su ADN. Steve habia preguntado a una enfermera cuanto tardarian en saber el resultado de la analitica y la consternacion se apodero de el cuando se entero de que no lo tendrian antes de tres dias. Regreso a la celda sumido en un abatimiento profundo. Volvieron a alojarle con Gordinflas, que, misericordiosamente, continuaba dormido.

Supuso que el podria aguantar despierto veinticuatro horas. Ese era el plazo de tiempo maximo que la ley permitia tenerle retenido sin pasar a disposicion judicial. Le arrestaron hacia las seis de la tarde, de modo que tal vez permaneceria alli hasta la misma hora del dia siguiente. Entonces, si no antes, debian concederle la ocasion de solicitar la fijacion de una fianza. Esa seria su oportunidad de salir de alli.

Se estrujo las neuronas tratando de recordar la leccion sobre fianza. «La unica cuestion que el tribunal puede considerar es si la persona acusada comparecera o dejara de comparecer en el juicio», salmodio el profesor Rexam. En aquel momento, a Steve le parecio aquello tan aburrido como un sermon; ahora lo significaba todo. Los detalles empezaron a afluir a su mente. Tomo en cuenta dos factores. Uno era la posible sentencia. El riesgo que se corria al conceder la fianza era mayor si el cargo era grave: existian mas probabilidades de fuga en el caso de una acusacion de asesinato que en el de una de hurto de poca importancia. Lo mismo se aplicaba si el acusado tenia antecedentes penales y, en consecuencia, se enfrentaba a una larga condena. Steve no tenia antecedentes; aunque una vez estuvo convicto de agresion con agravantes eso ocurrio antes de que hubiese cumplido los dieciocho anos y no podia emplearse en su contra. Compadeceria ante el tribunal como un hombre sin historial delictivo. Sin embargo, los cargos a los que se enfrentaba eran muy graves.

El segundo factor, recordo, eran los «lazos del prisionero con la comunidad»: familia, hogar y empleo. Un hombre que hubiera vivido durante cinco anos en el mismo domicilio, con su esposa e hijos, y que trabajase a la vuelta de la esquina, conseguiria el beneficio de la fianza, en tanto que a otro que no tuviese familia en la ciudad, que hubiera ocupado su piso mes y medio antes y que declarase ser musico en paro lo mas probable es que le denegasen la fianza. En ese aspecto, pues, Steve estaba confiado. Vivia con sus padres, estudiaba segundo curso en la facultad de Derecho: tenia mucho que perder si se fugaba.

En teoria, los tribunales no consideraban la posibilidad de que el acusado constituyese un peligro para la comunidad. Eso prejuzgaria su culpabilidad. Sin embargo, en la practica si lo hacian. Oficiosamente, a un hombre que se hubiese enzarzado en diversas reyertas a lo largo del tiempo tenia mas probabilidades de que le rechazasen la peticion de fianza que alguien que hubiese cometido una agresion. Si a Steve le hubiesen acusado de una serie de violaciones, en vez de un incidente aislado, sus oportunidades de conseguir la fianza quedarian reducidas practicamente a cero.

Penso que tal como estaban las cosas el resultado podia decantarse en uno u otro sentido. Mientras observaba a Gordinflas ensayo con la imaginacion discursos cada vez mas elocuentes destinados al juez.

Estaba decidido a actuar como su propio abogado. No hizo la llamada telefonica a la que tenia derecho. Deseaba desesperadamente no contar nada de aquello a sus padres hasta estar en condiciones de comunicarles que le habian dejado en libertad. La idea de decirles que estaba en la carcel era demasiado fuerte como para soportarlo; representaria para ellos un enorme y doloroso sobresalto. Seria reconfortante compartir con ellos aquella prueba, pero cada vez que acudia a su animo la tentacion de hacerlo recordaba la expresion de sus rostros cuando, siete anos atras, a raiz de la pelea con Tip Hendricks, entraron en la comisaria de policia, y se daba cuenta de que decirselo les lastimaria mas de lo que pudiera hacerlo Gordinflas Butcher.

En el transcurso de la noche encerraron en las celdas a varios hombres mas. Algunos eran apaticos y dociles, otros manifestaban a voces su inocencia y uno forcejeo con los agentes y como resultado de ello obtuvo una paliza administrada con profesional eficacia.

Hacia las cinco de la manana las cosas se habian aquietado. Alrededor de las ocho, el sustituto de Spike llevo los desayunos en envases de polietileno procedentes de un restaurante llamado Madre Hubbard. La llegada de la comida despabilo a los reclusos de las otras celdas y el alboroto que armaron desperto a Gordinflas.

Steve no se movio de donde estaba, sentado en el suelo, con la mirada perdida en el vacio, pero sin dejar de espiar angustiosamente a Gordinflas por el rabillo del ojo. Mostrarse cordial se hubiera considerado sintoma de debilidad, supuso. La actitud que convenia adoptar era la de hostilidad pasiva.

Gordinflas se sento en la litera, se sostuvo la cabeza con las manos y clavo la mirada en Steve, pero no pronuncio palabra. Steve sospecho que le estaba evaluando.

Al cabo de un par de minutos, Gordinflas rompio el silencio:

– ?Que leches estas haciendo aqui?

Steve decoro su rostro con una expresion de obtuso resentimiento y a continuacion dejo que sus ojos se deslizaran por el espacio hasta tropezarse con los de Gordinflas. Mantuvo alli la mirada durante unos segundos. Gordinflas era bien parecido, con un semblante carnoso y mofletudo que denotaba sombria agresividad. Sus ojos sanguinolentos observaron a Steve especulativamente. A Steve le parecio un tipo degradado, un perdedor, aunque peligroso. Aparto la mirada con fingida indiferencia. No respondio a la pregunta. Cuanto mas tardase Gordinflas en clasificarle, mas seguro se encontraria el.

Cuando el carcelero paso el desayuno por el hueco de los barrotes, Steve no le hizo ni caso.

Gordinflas cogio una bandeja. Se lo engullo todo, el beicon, los huevos y la tostada. Se bebio el cafe y luego se sento en la taza del retrete y evacuo ruidosamente, sin sentirse incomodo.

Cuando hubo terminado, se subio los pantalones, se sento en la litera, miro a Steve y quiso saber:

– ?Por que te han encerrado aqui, muchacho blanco?

Aquel era el momento de mayor peligro. Gordinflas le estaba tanteando, tomandole la medida. Steve tenia que aparentar ser cualquier cosa menos lo que era, un vulnerable estudiante de clase media que no se habia visto metido en una pelea desde su adolescencia.

Volvio la cabeza y miro a Gordinflas como si lo viese por primera vez. Puso en sus ojos toda la dureza que pudo y dejo transcurrir largos segundos antes de contestar. Procuro no vocalizar correctamente las palabras.

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