– Un hijo de mala madre empezo a darme la lata hasta que me cabree y le jodi vivo, pero bien.
– ?Asesinato?
– ?A ver!
– Estoy en las mismas condiciones.
Al parecer,
– El hijo de puta que andaba buscandome las cosquillas ya no volvera a tocarme los huevos.
– Ya…-dijo
Sucedio un largo silencio.
– ?Por que nos habran puesto juntos?
– No tienen ninguna puta acusacion en firme que cargarme -explico Steve-. Se figuraran que si la lio y acabo contigo aqui dentro, me habran pillado.
– ?Y si soy yo el que te escabecha?
Steve se encogio de hombros.
– Entonces te habran pescado a ti.
– Si -convino-. Supongo.
Parecio quedarse sin conversacion. Al cabo de un instante volvio a tenderse en el camastro.
Steve aguardo. ?Se habia acabado el asunto?
Pocos minutos despues,
Cuando empezo a roncar, Steve se dejo caer pesadamente contra la pared, como si el alivio le debilitase.
Transcurrieron varias horas sin que sucediera nada.
No se presento nadie para hablar con Steve, nadie le informo de lo que estaba pasando. No habia servicio alguno de informacion donde pudiera obtener noticias. Deseaba saber cuando tendria ocasion de solicitar la fianza, pero nadie se lo dijo. Intento entablar conversacion con el nuevo carcelero, pero el hombre se limito a hacer caso omiso de el.
Dentro habia dos mesas escritorio, cada una de ellas con un ordenador y una impresora de laser. Delante de las mesas, hileras de sillas de plastico gris. Una de las mesas estaba ocupada por una mujer negra, de unos treinta anos, vestida con elegancia. Alzo la vista hacia ellos, dijo:
– Sentaos, por favor.
Y continuo tecleando con unos dedos que la manicura habia trabajado esmeradamente.
Arrastraron los pies a lo largo de la fila de sillas y se sentaron. Steve miro a su alrededor. Era una oficina normal, con sus archivadores metalicos, sus tablones de anuncios, un extintor de incendios y una anticuada arca de caudales. Despues de ver las celdas, aquello hasta parecia bonito.
Por fin, la mujer aparto los ojos de la pantalla del monitor.
– Diga su nombre -pidio.
Steve era el primero de la fila, asi que contesto:
– Steven Logan.
– Senor Logan. Soy la comisaria Williams.
Naturalmente, era una comisaria judicial. Steve recordo entonces aquella parte del curso de un procedimiento criminal. Un comisario era un funcionario de los tribunales, de categoria muy inferior a la de un juez. Se encargaba de las ordenes de prision y otros tramites legales de menor cuantia. Recordo que tenia atribuciones para conceder fianzas y eso le levanto la moral. Tal vez estaba a punto de salir en libertad.
– Estoy aqui- prosiguio la mujer- para informarle de la acusacion formulada contra usted, de la fecha, hora y lugar en que se celebrara el juicio, de si se fijara una fianza o si se le dejara en libertad bajo palabra y, en este caso, bajo que condiciones.
La mujer hablaba muy deprisa, pero Steve capto la alusion a la fianza que confirmaba su recuerdo. Aquella era la persona a la que debia convencer de que el iba a presentarse ante el tribunal en el momento del juicio. De que se podia confiar en el.
– Comparece ante mi bajo las acusaciones de violacion en primer grado, asalto con intento de violacion, agresion y sodomia.
El redondo semblante de la comisaria se mantuvo impasible mientras detallaba los graves delitos de que se le acusaba. A continuacion, le asigno una fecha para la vista, tres semanas despues, y Steve recordo que a todo sospechoso debia fijarsele una fecha de juicio que no rebasara los treinta dias.
– Por el cargo de violacion se enfrenta usted a la condena de cadena perpetua. Por el de asalto con intento de violacion, de dos a quince anos de privacion de libertad. Ambas son felonias.
Steve estaba enterado de lo que significaba felonia: delito mayor, pero se pregunto si
Se acordo de que el violador tambien habia prendido fuego al gimnasio. ?Por que no figuraba alli ninguna acusacion de incendio premeditado? Quiza porque la policia no contaba con ninguna prueba que le relacionase directamente con el fuego.
La mujer le tendio dos hojas de papel. Una de ellas expresaba que le habia sido notificado su derecho a que se le representase, la segunda le informaba acerca del modo de ponerse en contacto con un defensor de oficio. Tuvo que firmar sendas copias de ambas.
La comisaria le formulo una serie de preguntas, a ritmo de tableteo de ametralladora, y tecleo las respuestas en el ordenador.
– Diga su nombre completo. ?Donde vive? Y su numero de telefono. ?Cuanto tiempo lleva viviendo en su actual domicilio? ?Cual era su direccion anterior?
Steve empezo a sentirse mas esperanzado y dijo a la comisaria que vivia con sus padres, que estaba en su segundo ano en la facultad de Derecho y que no tenia antecedentes penales como adulto. Ella le pregunto si consumia habitualmente drogas o alcohol, a lo que Steve pudo responder negativamente, sin faltar a la verdad. El muchacho se pregunto si se le presentaria la oportunidad de exponer alguna clase de apelacion de fianza, pero la funcionaria hablaba a toda velocidad y parecia obligada a seguir al pie de la letra un guion preestablecido.
– No encuentro causa probable para la acusacion de sodomia -dijo la comisaria Williams. Aparto la vista de la pantalla de su ordenador y le miro-. Eso no significa que no cometiese usted el delito, sino que en el apartado de «causa probable» de la declaracion del detective no figura informacion suficiente para que yo ratifique el cargo.
Steve se pregunto que induciria a los detectives a incluir aquella acusacion. Tal vez esperaban que el la negase indignado y se traicionara diciendo: «Eso es repugnante, me la folle, pero de sodomizarla, nada de nada, ?por quien me habeis tomado?».
La comisaria siguio adelante:
– A pesar de todo, hay que procesarle por ese cargo.
Steve estaba hecho un lio. ?De que servia la resolucion de la comisaria si pese a todo iban a procesarle? Y si a un estudiante de leyes que estaba en su segundo ano de carrera le resultaba dificil comprender aquello, ?como iba a entenderlo una persona corriente?
