consecuencias de su acto. En ningun momento le transmitio Steve esa sensacion.
Jeannie fotografio a Dennis y le tomo primeros planos de ambas orejas. En los gemelos identicos estas tienen normalmente altura similar, sobre todo en la union del lobulo.
Cuando la sesion fotografica estaba a punto de concluir, Lisa tomo una muestra de la sangre de Dennis, algo para lo que la habian formado. Jeannie apenas podia esperar a ver la confrontacion del ADN. Estaba segura de que Steve y Dennis tenian los mismos genes. Lo que demostraria sin el menor genero de duda que eran gemelos univitelinos.
Con gestos rutinarios, Lisa sello el frasco y firmo la etiqueta; luego salio para poner la muestra en el frigorifico portatil que llevaban en el maletero del automovil. Dejo a Jeannie que terminara sola la entrevista.
Mientras completaba la ultima serie de preguntas del cuestionario, Jeannie deseo poder tener a Steve y Dennis juntos en el laboratorio durante una semana. Pero eso no iba a ser posible en el caso de muchas de sus parejas de gemelos. En su estudio de delincuentes se encontraria frecuentemente con el problema de que algunos de sus sujetos estaban en la carcel. Las pruebas mas complejas, que necesitaban instrumentos de laboratorio, no se le podrian hacer a Dennis hasta que estuviera fuera de la prision, si es que salia alguna vez. Jeannie tendria que resignarse. Necesitaria una enorme cantidad de datos adicionales con los que trabajar.
Termino el ultimo cuestionario.
– Gracias por su paciencia, senor Pinker -dijo.
– Aun no me has dado tus bragas -repuso el presidiario friamente.
– Vamos, Pinker -dijo Robinson-, has sido bueno toda la tarde, no lo estropees ahora.
Dennis lanzo al guardia una mirada de absoluto desprecio. Luego se dirigio a Jeannie:
– Robinson tiene un panico cerval a las ratas, ?no lo sabias, dama psicologa?
Una subita angustia se apodero de Jeannie. Alli habia algo que se le escapaba. Procedio a ordenar apresuradamente sus papeles.
Robinson parecia incomodo.
– Odio las ratas, es verdad, pero no me asustan.
– ?Ni siquiera esa tan enorme de color gris que hay en el rincon? -senalo Dennis.
Robinson giro en redondo. No habia ninguna rata en el rincon, pero en cuanto Robinson les dio la espalda, Dennis se llevo la mano al bolsillo y saco un apretado envoltorio. Actuo con tal rapidez que Jeannie ni siquiera sospecho lo que estaba haciendo hasta que fue demasiado tarde. Dennis desplego un manchado panuelo de color azul en cuyo interior aparecio una gorda rata gris de larga cola rosada. Jeannie se estremecio. No era aprensiva, pero habia algo profundamente horripilante en la contemplacion de aquella rata amorosamente acogida en el hueco de las manos que habian estrangulado a una mujer.
Antes de que Robinson hubiese vuelto de nuevo la cabeza, Dennis ya habia soltado la rata.
El roedor corrio a traves del cuarto.
– ?Alli, Robinson, alli! -grito Dennis.
Robinson se revolvio, avisto a la rata y palidecio.
– ?Mierda! -rezongo, al tiempo que tiraba de la porra.
La rata corrio a lo largo del zocalo, buscando un lugar donde esconderse. Robinson la persiguio, tratando de golpearla con la porra. Ocasiono una serie de senales negras en la pared, pero no alcanzo a la rata.
Un timbre de alarma se disparo en el cerebro de Jeannie mientras observaba a Robinson. Alli habia algo que no encajaba, algo que no tenia sentido. Se trataba de una broma. Pero Dennis no tenia nada de bromista, era un pervertido sexual y un asesino. Lo que acababa de hacer no era propio de su personalidad. A menos, comprendio con un temblor de panico, que se tratara de una maniobra de diversion y Dennis tuviese otro objetivo…
Jeannie noto que algo le tocaba el pelo. Dio media vuelta en la silla y su corazon parecio interrumpir los latidos.
Dennis se habia movido y estaba alli de pie, muy cerca de ella. Mantenia ante los ojos de Jeannie lo que parecia un cuchillo de fabricacion casera: una cuchara de hojalata cuya pala se habia aplanado y afilado hasta terminar en punta.
Jeannie quiso gritar, pero la voz se le estrangulo en la garganta. Un segundo antes creia estar completamente a salvo; ahora, un asesino la amenazaba con un cuchillo. ?Como pudo ocurrir aquello con tal rapidez? La sangre parecia haber desaparecido de su cerebro y a duras penas podia pensar.
Dennis la cogio del pelo con la mano izquierda y agito la punta del cuchillo tan cerca de sus ojos que no pudo enfocar la vista sobre el arma. El recluso se inclino para hablarle al oido. Dennis olia a sudor y su aliento se proyecto calido contra la mejilla de Jeannie.
La voz era baja hasta el punto de que la doctora casi no podia oirla por encima del ruido que producia Robinson.
– Haz lo que te digo si no quieres que te rebane el globo de los ojos.
Jeannie se disolvio en terror.
– ?Oh, Dios, no, que no me quede ciega! -suplico.
Oir su propia voz en aquel extrano tono de rendicion humillante la hizo recobrar en cierta medida los sentidos. Trato desesperadamente de concentrarlos y pensar. Robinson seguia persiguiendo a la rata: estaba ajeno por completo a lo que tramaba Dennis. Se encontraban en el corazon de una carcel estatal y ella disponia de un guardia armado; sin embargo, estaba a merced de Dennis. ?Que convencida estaba, equivocadamente, unas horas antes, de que podria hacerselas pasar muy negras si la atacaba! Empezo a temblar de miedo.
Dennis le dio un doloroso tiron del pelo, hacia arriba, obligandola a ponerse en pie.
– ?Por favor! -articulo Jeannie. Antes de acabar la frase ya estaba odiandose a si misma por implorar de aquella forma tan denigrante, pero se sentia demasiado aterrada para interrumpir su suplica-. Hare cualquier cosa!
Noto en su oreja el roce de los labios de Dennis.
– ?Quitate las bragas! -le susurro.
Jeannie se quedo helada. Estaba dispuesta a hacer lo que el quisiera, por vergonzoso que fuese, con tal de escapar. No sabia como reaccionar. Trato de localizar a Robinson. El guardia estaba fuera de su campo visual, detras de ella, pero Jeannie no se atrevio a volver la cabeza porque tenia la punta del cuchillo casi pegada al ojo.
Sin embargo, le oia maldecir a la rata y descargar golpes con la porra, por lo que resultaba evidente que aun no se habia percatado de lo que estaba haciendo Dennis.
– No tengo mucho tiempo -murmuro Dennis con voz que parecia un soplo de viento gelido-. Si no haces lo que quiero, jamas volveras a ver brillar el sol.
Le creyo. Acababa de concluir el examen psicologico de tres horas al que le habia sometido y estaba perfectamente enterada de la clase de individuo que era. Carecia de conciencia, era incapaz de sentir culpabilidad o remordimiento. Si ella no cumplia los deseos de Dennis, este la mutilaria sin vacilar.
Pero ?que iba a hacer Dennis despues de que ella se quitara las bragas?, penso desesperadamente. ?Se daria por satisfecho y apartaria de su cara la hoja del cuchillo? ?La rajaria de todas formas? ?O querria algo mas?
?Por que no podia Robinson matar de una vez a aquella maldita rata?
– ?Rapido! -siseo Dennis.
?Que podia ser peor que la ceguera?
– Esta bien -gimio Jeannie.
Se agacho torpemente, con Dennis aun agarrandola del pelo y apuntandola con el cuchillo. A tientas, se levanto las faldas de su vestido de hilo y se bajo las minusculas braguitas blancas de algodon. Se sentia llena de verguenza, aunque la razon le decia que aquello no era culpa suya. Volvio a bajarse las faldas del vestido apresuradamente y cubrio su desnudez. Luego levanto los pies alternativamente para desprenderse de las bragas y, de una patada, las envio a traves del piso de baldosas grises de plastico.
Se sintio espantosamente vulnerable.
Dennis la solto, recogio las bragas, las oprimio contra su rostro y respiro a traves de ellas con los ojos cerrados en extasis.
Jeannie le contemplo, horrorizada ante aquella intimidad forzosa. Incluso, aunque Dennis ni siquiera la tocaba, se estremecio asqueada.
?Que pensaba hacer Dennis a continuacion?
La porra de Robinson produjo un repugnante chasquido de aplastamiento. Jeannie volvio la cabeza y vio que
