– No iras a decir nada, ?eh? A la policia o a alguien.

– No, no dire una palabra -dijo Berrington, abatido-. Puedes confiar en mi.

MARTES

15

La ciudad de Richmond tenia un aire de perdido esplendor, y Jeannie penso que los padres de Dennis Pinker estaban perfectamente a tono con el. Charlotte Pinker, pecosa pelirroja embutida en un susurrante vestido de seda, conservaba el aura de una gran dama de Virginia, a pesar de que vivia en una casa de madera levantada en un solar de reducidas dimensiones. Confeso cincuenta y cinco anos, pero Jeannie sospecho que andaba muy cerca de los sesenta.

Su esposo, al que siempre se referia llamandole «el comandante», seria aproximadamente de la misma edad, pero se ataviaba con cierto descuido y tenia el aire parsimonioso del hombre que lleva mucho tiempo jubilado. Dirigio un guino picaro a Jeannie y Lisa, al tiempo que ofrecia:

– ?No os apeteceria un coctel, muchachas?

Su esposa tenia un refinado acento del sur y hablaba en un tono un poco alto, como si estuviese dirigiendo continuamente la palabra a los asistentes a un mitin.

– ?Por el amor de Dios, comandante, son las diez de la manana!

El comandante se encogio de hombros.

– Solo pretendia que esta reunion empezase con buen pie.

– Esto no es ninguna reunion… estas damas estan aqui para estudiarnos. Han venido porque nuestro hijo es un asesino.

Jeannie observo que habia dicho «nuestro hijo»; pero eso no significaba gran cosa. Aun podia ser un hijo adoptado. Anhelaba desesperadamente hacer preguntas acerca de la ascendencia de Dennis Pinker. Si los Pinker reconocian que el chico era adoptado, quedaria resuelta la mitad del rompecabezas. Pero Jeannie tenia que andar con ojo. Era una cuestion delicada. Si formulaba las preguntas con excesiva brusquedad, era mas que probable que le mintieran.

Se obligo a esperar la llegada del momento oportuno.

Estaba tambien sobre ascuas respecto a la apariencia fisica de Dennis. ?Seria o no seria el doble de Steve Logan? Miro con impaciencia las fotos colocadas en marcos baratos y distribuidas por la pequena sala de estar. Todas se habian tomado anos atras. El pequeno Dennis en un cochecito infantil, pedaleando en un triciclo, vestido con equipo de beisbol y estrechando la mano a Mickey Mouse en Disneylandia. No habia ningun retrato suyo en el que se le viera de adulto. Sin duda los padres querian recordar al nino inocente, antes de que se convirtiera en un asesino convicto. En consecuencia, Jeannie no se entero de nada a traves de las fotos. Aquel chaval rubio de doce anos puede que ahora tuviese exactamente el mismo aspecto que Steve Logan, pero igualmente podia haberse desarrollado como un chico feo, achaparrado y moreno.

Charlotte y el comandante habian rellenado previamente diversos cuestionarios y ahora se trataba de entrevistarlos personalmente a cada uno de ellos durante cosa de una hora.

Lisa se llevo al comandante a la cocina y Jeannie se encargo de interrogar a Charlotte.

A Jeannie le costaba concentrarse en las preguntas de rutina. Su mente vagaba de continuo hacia la idea de que Steve se encontraba en la carcel. Seguia pareciendole imposible de creer que fuese un violador. Y no solo porque eso echaria a perder su hipotesis. Le caia bien el muchacho: era inteligente y simpatico, y parecia buen chico. Tambien tenia su lado vulnerable: la perplejidad y angustia que le produjo la noticia de que tenia un hermano psicopata le hizo a Jeannie desear echarle los brazos al cuello y consolarle.

Cuando Jeannie pregunto a Charlotte si algun otro miembro de su familia habia tenido conflictos con la ley, Charlotte le lanzo una mirada altanera y respondio, arrastrando las silabas:

– Los hombres de mi familia siempre han sido terriblemente violentos. -Respiro expulsando el aire por las fosas nasales como si lanzase llamaradas-. Soy una Marlowe por nacimiento, y somos una familia que nos hierve la sangre.

Lo cual sugeria que Dennis no era adoptado ni tampoco que su adopcion no estuviese reconocida. Jeannie disimulo su decepcion. ?Iba a negar Charlotte que Dennis pudiera tener un hermano gemelo?

Era una pregunta de obligada formalidad. Jeannie dijo:

– Senora Pinker, ?existe alguna posibilidad de que Dennis tenga un hermano gemelo?

– No.

La respuesta fue tajante: ni indignacion ni jactancia, solo exposicion de un hecho.

– Esta usted segura…

Charlotte se echo a reir.

– Querida mia, ?eso es algo en lo que dificilmente podria equivocarse una madre!

– Decididamente no es un nino adoptado.

– Lleve a ese chico en mi vientre, y que Dios me perdone.

A Jeannie se le cayo el alma a los pies. Charlotte Pinker podia mentir con la misma facilidad que Lorraine Logan, considero Jeannie, pero, con todo, no dejaba de ser extrano y preocupante que ambas coincidiesen en negar que sus hijos fueran gemelos.

Al despedirse de los Pinker se sentia pesimista. Albergaba la impresion de que cuando conociese personalmente a Dennis se encontraria con que no guardaba ninguna semejanza fisica con Steve.

Tenian aparcado en la calle el Ford Aspire que alquilaron. Era un dia caluroso. Jeannie llevaba un vestido sin mangas, sobre el que se habia puesto una chaqueta para que le confiriese un aire de respetabilidad. El aire acondicionado del Ford expulso aire tibio. Jeannie se quito los pantis y colgo la chaqueta en la percha del asiento trasero.

Se puso al volante. Cuando salieron a la autopista v tomaron la direccion de la carcel, Lisa comento:

– Realmente me inquieta pensar que senale en la rueda al individuo que no era.

– Tambien a mi -dijo Jeannie-. Pero se que no lo hubieras hecho de no tener una certeza absoluta.

– ?Como puedes estar tan segura de que me equivoco?

– No estoy segura de nada. Solo tengo un acusado presentimiento acerca de Steve Logan.

– A mi me parece que deberias comparar ese presentimiento con la certeza de un testigo ocular, y creer a dicho testigo ocular.

– Ya lo se. Pero ?viste alguna vez la serie de Alfred Hitchcock? Es en blanco y negro, pero de vez en cuando la reponen por cable.

– Se lo que vas a decir. Se trata de aquel episodio en el que cuatro testigos presencian un accidente de carretera y cada uno de ellos da una version del suceso algo distinta.

– ?Te sientes ofendida?

– Deberia estarlo -suspiro Lisa-, pero te aprecio demasiado para enfadarme contigo por este asunto.

Jeannie alargo el brazo y apreto la mano de Lisa.

– Gracias.

Se produjo un largo silencio, al cabo del cual Lisa dijo:

– Me fastidian las personas que creen que soy debil.

Jeannie fruncio el ceno.

– No creo que seas debil.

– La mayoria de la gente si que lo cree. Porque soy menuda, tengo una naricilla mona y estoy llena de pecas.

– Bueno, no das la imagen de chica fortachona, eso es cierto.

– Pero soy fuerte. Vivo sola, cuido de mi misma, cumplo con mi trabajo y nadie me folla. Mejor dicho, creia serlo… hasta el domingo. Ahora pienso que la gente tiene razon: soy debil. ?En absoluto puedo cuidar de mi

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