que llevaba el brazo en cabestrillo, que no manifesto el menor interes por su destino y al que parecia aburrirle todo el proceso.

Cuando la juez le dijo que tenia derecho a una vista preliminar y a un juicio con jurado, Steve aguardo con impaciencia si concedia o no la fianza a Ian Thompson.

Se puso en pie el encargado de la investigacion preliminar. Expuso, hablando apresuradamente, que Thompson llevaba un ano viviendo en el mismo domicilio, tenia esposa y un hijo, pero carecia de trabajo. Tambien era heroinomano y tenia antecedentes delictivos. Steve no habria enviado a la calle a un hombre como aquel.

Sin embargo, la juez fijo una fianza de veinticinco mil dolares. El animo de Steve se elevo. Sabia que normalmente el acusado solo ha de depositar el diez por ciento, en efectivo, de la fianza que se le establezca, asi que Thompson se veria libre si lograba reunir dos mil quinientos dolares. Eso parecia indulgente de veras.

A continuacion le toco el turno a una de las chicas. Se habia peleado con otra y se le acusaba de agresion. El investigador preliminar explico a la juez que la joven vivia con sus padres y trabajaba en la seccion de control de un supermercado proximo. Evidentemente no era en absoluto peligrosa y la juez declaro que salia fiadora bajo su propia responsabilidad, lo que significaba que no tenia que pagar cantidad alguna.

Era otra decision benevola, y la moral de Steve subio un grado mas.

A la demandada, por otra parte, se le ordeno que no se acercara al domicilio de la muchacha con la que tuvo la trifulca. Eso recordo a Steve que un juez podia anadir condiciones a la fianza. El no tendria el menor reparo en mantenerse a distancia de Lisa Hoxton. Ignoraba por completo donde vivia y el aspecto que pudiera tener, pero estaba dispuesto a aceptar cualquier condicion que le facilitara la salida de la carcel.

El siguiente acusado era un hombre blanco de mediana edad cuyo crimen consistia en haber ensenado el pene en plan exhibicionista a las clientes de la seccion de articulos para la salud e higiene femenina de un drugstore RiteAid. Contaba con un largo historial de delitos similares. Vivia solo, pero llevaba cinco anos residiendo en el mismo domicilio. Ante la sorpresa y desaliento de Steve, la juez le denego la libertad bajo fianza. El hombre era bajito y delgado; a Steve le parecio un chiflado inofensivo. Pero quiza la juez, mujer al fin y al cabo, era particularmente implacable cuando se trataba de delitos sexuales.

La magistrada miro su papel y convoco:

– Steven Charles Logan.

Steve alzo la mano. «Por favor, dejame salir de aqui, por favor.»

– Se le acusa de violacion en primer grado, lo que lleva implicita una posible condena a cadena perpetua.

Steve oyo a su espalda el grito sofocado de su madre.

La juez continuo leyendo los demas cargos y penas; luego, el encargado de la investigacion preliminar se puso en pie. Recito la edad de Steve, su domicilio y ocupacion, y declaro que carecia de antecedentes penales y de adicciones a los estupefacientes. Steve penso que parecia un ciudadano modelo en comparacion con los acusados anteriores. Seguramente, la juez tenia que tomar nota de eso, ?no?

Cuando Purdy termino, Steve dijo:

– ?Puedo hacer uso de la palabra, senoria?

– Si, pero tenga presente que puede ser perjudicial para usted contarme determinados datos acerca del crimen.

Steve se levanto.

– Soy inocente, senoria, aunque al parecer guardo cierta semejanza fisica con el violador, de manera que si usted me concede la libertad bajo fianza prometo no acercarme a la victima, si lo estipulara usted como condicion de tal fianza.

– Desde luego que lo estipularia.

Deseo pronunciar un buen alegato en peticion de la libertad, pero todos los elocuentes discursos que habia preparado mientras estaba en la celda habian desaparecido de su cabeza y no se le ocurria nada que decir. Dominado por la frustracion, se sento.

Detras de el, su padre se puso en pie.

– Senoria, soy el padre de Steve, el coronel Charles Logan. Tendre mucho gusto en responder a cualquier pregunta que desee usted formularme.

La juez le dedico una mirada glacial.

– No sera necesario.

Steve se pregunto porque la intervencion de su padre parecia incomodar a la juez. Acaso solo pretendia dejar bien claro que no iba a permitir que le impresionara su graduacion militar. Puede que deseara decir: «En mi tribunal, todos son iguales, al margen de lo respetables y de clase media que puedan ser».

El padre de Steve volvio a sentarse.

La juez miro a Steve.

– Senor Logan, ?conocia usted a la mujer con anterioridad al momento en que tuvo efecto el presunto delito?

– Nunca la he visto -respondio Steve.

– ?No la habia visto antes?

Steve supuso que la juez se estaria preguntando si no habria estado el acechando a Lisa Hoxton durante algun tiempo, antes de atacarla.

– Eso no podria asegurarlo, no se que aspecto fisico tiene -repuso Steve.

La juez parecio reflexionar durante unos segundos, sopesando aquella respuesta. Steve tuvo la impresion de estar aferrado a un saliente con la punta de los dedos. Una palabra de la juez, le salvaria de la caida. Pero si ella le denegaba la fianza, seria como desplomarse en el abismo.

Por fin, la mujer decreto:

– Se concede la libertad bajo una fianza que se fija en la suma de doscientos mil dolares.

El alivio inundo a Steve como una ola que se abatiera sobre el y todo su cuerpo se relajo.

– Gracias a Dios -murmuro.

– No se acercara a Lisa Hoxton, ni ira al 132I de la avenida Vine.

Steve noto de nuevo la mano de su padre apretandole el hombro. Levanto sus manos esposadas y rozo los dedos huesudos del hombre.

Aun iban a transcurrir un par de horas antes de que se viera libre, lo sabia; pero eso ya no le importaba, ahora estaba seguro de que habia conseguido la libertad. Se comeria seis hamburguesas Big Mac y dormiria veinticuatro horas seguidas. Estaba loco por tomar un bano caliente, ponerse ropa limpia y recuperar su reloj de pulsera. Deseaba disfrutar de la compania de personas que no dijeran «hijoputa» en cada frase.

Y se dio cuenta, no sin cierta sorpresa, que lo que anhelaba por encima de todo era llamar a Jeannie Ferrami.

23

Jeannie estaba de un humor de perros mientras volvia a su despacho. Maurice Obell era un cobarde. Una reportera agresiva habia dejado caer unas cuantas insinuaciones carentes de base, nada mas que eso, y el hombre se desmorono. Y Berrington habia resultado demasiado debil para defenderla con eficacia.

El programa informatico de busqueda constituia su creacion mas importante. Habia empezado a desarrollarlo en cuanto se percato de que no llegaria muy lejos en su investigacion del mundo de la criminalidad sin un sistema nuevo de localizar sujetos para el estudio. Le habia dedicado tres anos. Era su unico exito notable, aparte los campeonatos de tenis. Si estaba dotada de algun talento intelectual particular era su extraordinaria aptitud para la programacion informatica. Aunque estudiaba la psicologia de los imprevisibles e irracionales seres humanos, lo realizaba mediante la manipulacion de masas ingentes de datos sobre centenares de miles de individuos: era una tarea estadistica y matematica. Pensaba que, si su mecanismo de busqueda no era util, ella resultaria ser tambien una calamidad. Lo mismo podia abandonar y pedir plaza de azafata, como Penny Watermeadow.

Le sorprendio encontrar a Annette Bigelov esperandola en la puerta del despacho. Annette era una graduada cuya tarea supervisaba Jeannie como parte de sus funciones pedagogicas. La doctora recordo en aquel momento que la semana anterior Annette habia presentado su propuesta de trabajo anual y concertaron una cita para

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