encantaba esta postura. Pensaba que sus pechos eran maravillosos, aunque ella pensaba que eran demasiado grandes.
Sostenian una conversacion seria. Inglaterra habia declarado la guerra a Alemania, y hasta los amantes felices hablaban de ello. Diana habia seguido el horrible conflicto de China durante todo el ano, y la idea de una guerra en Europa la llenaba de panico. Como los fascistas en Espana, los japoneses no tenian escrupulos en lanzar bombas sobre mujeres y ninos, y las carnicerias de Chungking e Ichang habian sido estremecedoras.
Formulo a Mark la pregunta que estaba en boca de todo el mundo.
– ?Que crees que ocurrira?
Por una vez, su respuesta no fue divertida.
– Creo que va a ser horrible -dijo con gravedad-. Creo que Europa quedara devastada. Es posible que este pais sobreviva, por ser una isla. Eso espero.
– Oh -exclamo Diana.
De repente, tuvo miedo. Los ingleses no decian cosas semejantes. Los periodicos se mostraban beligerantes, y Mervyn deseaba la guerra sin ambages. Sin embargo, Mark era extranjero, y su opinion, pronunciada con su tranquilo tono norteamericano, sonaba preocupantemente realista. ?Arrojarian bombas sobre Manchester?
Recordo algo que Mervyn habia dicho, y lo repitio. -Estados Unidos entrara en guerra tarde o temprano.
– Hostia, espero que no -fue la sorprendente contestacion de Mark-. Esto es un conflicto europeo, y no tiene nada que ver con nosotros. Puedo entender por que Inglaterra ha declarado la guerra, pero no tengo el menor deseo de ver morir a los norteamericanos por defender a los jodidos polacos. Nunca le habia oido decir tacos de aquella manera. A veces, le susurraba obscenidades en el oido mientras hacian el amor, pero eso era diferente. Ahora, parecia irritado. Penso que tal vez estaba un poco asustado. Sabia que Mervyn estaba asustado, pero lo expresaba en forma de optimismo imprudente. El miedo de Frank se traducia en aislacionismo y juramentos.
Su actitud la decepciono, pero entendia su punto de vista: ?por que debian los norteamericanos ir a la guerra por Polonia, o incluso por Europa?
– Y yo ?que? -dijo Diana. Procuro expresarse con frivolidad-. ?Te gustaria que me violasen unos nazis rubios de botas brillantes?
No era muy gracioso, y se arrepintio al instante.
Fue entonces cuando el saco un sobre de la maleta y se lo dio.
Ella saco el billete y lo miro. De pronto, se quedo aterrorizada.
– ?Vuelves a tu pais! -grito. Era como el fin del mundo.
– Hay dos billetes -se limito a decir el, con aire solemne. Ella penso que su corazon iba a dejar de latir.
– Dos billetes -repitio en tono monotono. Estaba desorientada y extranamente asustada.
El se sento en la cama a su lado y le cogio la mano. Diana sabia lo que diria a continuacion. Se hallaba emocionada y aterrorizada al mismo tiempo.
– Ven conmigo, Diana. Vuela a Nueva York conmigo. Despues, iremos a Reno y te divorciaras, y luego iremos a California y nos casaremos. Te quiero.
«Volar.» Apenas se podia imaginar volando sobre el oceano Atlantico: tales cosas solo ocurrian en los cuentos de hadas.
«A Nueva York.» Nueva York era un sueno de rascacielos y clubs nocturnos, gangsters y millonarios, herederas elegantes y coches enormes.
«Y te divorciaras». ?Y librarse de Mervyn!
«Luego, iremos a California.» Donde se rodaban las peliculas, y crecian naranjas en los arboles, y el sol brillaba todos los dias.
«Y nos casaremos.» Y estar con Mark todo el tiempo, cada dia, cada noche.
No pudo hablar.
– Tendremos hijos -dijo Mark.
Ella quiso llorar.
– Pidemelo otra vez -susurro.
– Te quiero. ?Quieres casarte conmigo y ser la madre de mis hijos? -dijo el.
– Oh, si -respondio Diana, y tuvo la sensacion de que ya estaba volando-. ?Si, si, si!
Tenia que decirselo a Mervyn aquella noche.
Era lunes. El martes deberia viajar a Southampton con Mervyn. El
Flotaba en el aire cuando llego a casa el lunes por la tarde, pero en cuanto entro en la casa se desvanecio su euforia. ?Como se lo iba a decir?
La casa era bonita, un gran chalet nuevo, blanco y de tejado rojo. Tenia cuatro dormitorios, tres de los cuales casi nunca se habian utilizado. Tenia un cuarto de bano moderno y una cocina con los ultimos adelantos. Ahora que se aprestaba a abandonarla, la miro con tierna nostalgia: habia sido su hogar durante cinco anos.
Ella preparaba las comidas de Mervyn. La senora Rollins se encargaba de la limpieza y de lavar la ropa. Si Diana no cocinara, no habria tenido nada que hacer. Ademas, Mervyn era en el fondo un producto de la clase obrera, y le gustaba que su mujer le trajera la comida a la mesa cuando volvia a casa. Todavia llamaba a la comida «el te», y la acompanaba con te, aunque siempre era copiosa: salchichas, filete o pastel de carne. Para Mervyn, «la cena» se servia en los hoteles. En casa se tomaba el te.
?Que le iba a decir?
Hoy tomaria buey frio, las sobras del asado del domingo. Diana se puso un delantal y empezo a cortar patatas para freir. Cuando penso en la previsible irritacion de Mervyn, le temblaron las manos y se corto con el cuchillo de las verduras.
Intento serenarse mientras se lavaba el corte bajo el agua fria, lo secaba con una toalla y se lo vendaba. ?De que tengo miedo?, se pregunto. No me va a matar. No puede detenerme: ya tengo mas de veintiun anos y vivimos en un pais libre. Estos pensamientos no calmaron sus nervios.
Se sento a la mesa y lavo una lechuga. Aunque Mervyn trabajaba mucho, casi siempre llegaba a casa a la misma hora. Decia: «?De que sirve ser el jefe si he de parar de trabajar cuando los demas se van a casa?». Era ingeniero, y el dueno de una fabrica de la que salian toda clase de rotores, desde aspas pequenas para sistemas de refrigeracion hasta enormes helices de transatlanticos. Mervyn siempre habia tenido exito -era un buen negociante-, pero dio en el clavo cuando empezo a fabricar helices de avion. Volar era su aficion favorita, y poseia un pequeno avion, un Tiger Moth, aparcado en un aerodromo de las afueras de la ciudad. Cuando el gobierno empezo a crear las Fueras Aereas, dos o tres anos antes, habia muy pocas personas que supieran fabricar helices curvas con precision matematica, y Mervyn era una de ellas. Desde entonces, sus negocios habian experimentado un gran auge.
Diana era su segunda esposa. La primera le habia abandonado, siete anos atras, y huido con otro hombre, llevandose a sus dos hijos. Mervyn se divorcio de ella en cuanto pudo y se declaro a Diana nada mas concluido el divorcio. Diana tenia veintiocho anos, y el treinta y ocho. Era un hombre atractivo, masculino y prospero, y la adoraba. Su regalo de bodas consistio en un collar de diamantes.
Unas semanas antes, para su quinto aniversario, le habia regalado una maquina de coser.
Al pensar en el pasado, comprendio que la maquina de coser habia sido la gota que colmaba el vaso. Ella deseaba un coche. Sabia conducir y Mervyn se podia permitir el lujo. Cuando vio la maquina de coser, supo que su paciencia se habia agotado. Llevaban cinco anos juntos, pero el aun no se habia dado cuenta de que Diana no cosia nunca.
Sabia que Mervyn la amaba, pero no la veia. Para el, era una persona con la etiqueta de «esposa». Era bonita, interpretaba su papel social de la forma adecuada, le ponia la comida en la mesa y se comportaba en la cama como una puta; ?que mas se podia pedir? Nunca la consultaba acerca de nada. Como no era ni ingeniero ni hombre de negocios, ni se le ocurria que poseyera un cerebro. Hablaba a los hombres de su fabrica con mas inteligencia que a ella. En su mundo, los hombres deseaban coches y las mujeres maquinas de coser.
Aun asi, era un hombre muy inteligente. Hijo de un tornero, habia asistido a una escuela de segunda ensenanza de Manchester y estudiado Fisica en la universidad de Manchester. Habia tenido la oportunidad de ingresar en Cambridge y licenciarse, pero carecia de vocacion academica, y consiguio un empleo en el departamento de proyectos de una importante empresa de ingenieria. Estaba al dia en los avances de la fisica, y hablaba intensamente con su padre, aunque nunca con Diana, por supuesto, de atomos, radiaciones y fision
