– Porque necesitamos el dinero y yo necesito hacer algo.
– Ya te he dicho que nos lo podemos permitir.
– Me aburriria.
– La mayoria de las mujeres casadas no trabajan.
– Eddie, ?por que intentas tenerme amarrada? Carol-Ann habia alzado el tono de voz.
El no intentaba tenerla amarrada, y la sugerencia le enfurecio.
– ?Por que estas tan decidida a llevarme la contraria?
– ?No te llevo la contraria! ?No quiero quedarme sentada aqui como el ayudante de un estibador!
– ?No tienes cosas que hacer?
– ?Como que?
– Tejer ropa de bebe, hacer conservas, echar siestas…
Ella se mostro desdenosa.
– Oh, por el amor de Dios…
– ?Que hay de malo en eso, cojones? -se irrito Eddie.
– Habra mucho tiempo para eso cuando nazca el nino. Me gustaria pasar bien mis ultimas semanas de libertad. Eddie se sintio humillado, pero no estaba seguro de como habia ocurrido. Queria marcharse. Consulto su reloj.
– He de coger el tren.
Carol-Ann parecia entristecida.
– No te enfades -dijo en tono conciliador.
Pero Eddie estaba enfadado.
– Creo que no te comprendo -contesto, irritado.
– Detesto que me coaccionen.
– Solo trataba de ser amable.
Eddie se levanto y se dirigio a la cocina, donde la chaqueta del uniforme colgaba de una percha. Se sentia estupido e incomprendido. Se habia propuesto un acto de generosidad y ella lo consideraba una imposicion.
Carol-Ann trajo la maleta del dormitorio y se la dio en cuanto Eddie acabo de ponerse la chaqueta. Levanto la cara y el le dio un beso rapido.
– No te vayas enfadado conmigo -dijo Carol-Ann. Su deseo no se cumplio.
Y ahora, Eddie se hallaba en un jardin de un pais extranjero, a miles de kilometros de ella, con el corazon encogido, preguntandose si volveria a ver alguna vez a Carol-Ann.
5
Por primera vez en su vida, Nancy Lenehan estaba engordando.
De pie en la suite del hotel Adelphi de Liverpool, junto a una montana de maletas que esperaban ser embarcadas en el
No era bonita ni fea, pero tenia facciones regulares (nariz recta, pelo oscuro, barbilla bien dibujada) y parecia atractiva cuando se vestia con acierto, lo que ocurria casi siempre. Hoy llevaba un vestido de franela muy ajustado, confeccionado por Paquin en color cereza, y una blusa de seda gris. La chaqueta, siguiendo la moda, se cenia a la cintura, y por eso habia descubierto que estaba engordando. Cuando se abrocho los botones de la chaqueta, aparecio una arruga, leve pero muy reveladora, y los botones inferiores ejercieron presion contra los ojales.
Solo existia una explicacion. La cintura de la chaqueta era mas breve que la cintura de la senora Lenehan.
Debia ser el resultado de haber comido y bebido durante todo agosto en los mejores restaurantes de Paris. Suspiro. Seguiria una dieta durante toda la travesia transatlantica. Al llegar a Nueva York, habria recobrado la figura.
Jamas se habia plegado a una dieta. La perspectiva no la inquietaba; aunque le gustaba comer, no era glotona. Lo que en realidad la inquietaba era sospechar que se trataba de un sintoma de la edad.
Hoy cumplia cuarenta anos.
Siempre habia sido esbelta, y los vestidos caros a medida le sentaban bien. Habia detestado la indumentaria suelta de los anos veinte, y se alegro cuando las cinturas volvieron a ponerse de moda. Derrochaba mucho tiempo y dinero en ir de compras, una actividad que le encantaba. A veces, esgrimia la excusa de que necesitaba exhibir un buen aspecto porque trabajaba en el mundo de la moda, pero la verdad era que lo hacia por puro placer.
Su padre habia fundado una fabrica de zapatos en Brockton, Massachusetts, en las afueras de Boston, en 1899, el ano que Nancy nacio. Le enviaban desde Londres zapatos de la mejor calidad y realizaba copias baratas; sus ventas crecieron gracias a estos plagios. Sus anuncios mostraban un zapato londinense de 29 dolares junto a una copia Black de 10, y preguntaban: «?Distingue usted la diferencia?». Trabajaba bien y con denuedo, y durante la Gran Guerra se hizo con el primero de los contratos militares, que aun constituian el negocio mas rentable.
Durante los anos veinte establecio una cadena de tiendas, sobre todo en Nueva Inglaterra, que solo vendian sus zapatos. Cuando llego la Depresion, redujo el numero de modelos de mil a cincuenta y fijo un precio de 6,60 dolares por cada par, independientemente del modelo. Su audacia fue recompensada y, mientras todos los demas negocios quebraban, los beneficios de Black aumentaron.
Solia decir que costaba lo mismo fabricar malos zapatos que buenos, y que era absurdo que la clase obrera fuera mal calzada. Cuando los pobres compraban zapatos de suela de carton que se estropeaban al cabo de pocos dias, las botas de Black eran baratas y resistentes. Papa estaba orgulloso de ello, al igual que Nancy. Segun ella, las excelentes botas de la familia justificaban la gran mansion de Back Bay donde vivian, el enorme Packard con chofer, sus fiestas, sus ropas bonitas y sus criados. Ella no era como otros jovenes adinerados, que se conformaban con heredar la riqueza.
Ojala pudiera decir lo mismo de su hermano.
Peter tenia treinta y ocho anos. Cuando papa murio, cinco anos antes, dejo a Peter y a Nancy un numero igual de acciones de la empresa, el cuarenta por ciento cada uno. La hermana de papa, tia Tilly, recibio el diez por ciento, y el diez restante fue a parar a Danny Riley, el desacreditado abogado de papa.
Nancy siempre habia dado por sentado que ella tomaria el timon cuando papa muriera. Papa siempre la habia preferido a Peter. No era normal que una mujer dirigiera una empresa, pero ya habia sucedido otras veces en la industria textil.
Papa tenia un ayudante, Nat Ridgeway, un lugarteniente muy capacitado, que habia expresado con gran claridad su conviccion de que era el hombre adecuado para presidir «Black’s Boots».
Cosa que Peter tambien deseaba, y ademas era el hijo. Nancy siempre se habia sentido culpable por ser la favorita de papa. Si Peter no heredaba el imperio de su padre, quedaria humillado y decepcionado. Nancy no fue capaz de asestarle un golpe semejante. Se mostro de acuerdo en que Peter se pusiera al frente del negocio. Entre ella y su hermano controlaban el ochenta por ciento de las acciones. Una vez establecido el acuerdo, cada uno siguio su camino.
Nat Ridgeway dimitio y fue a trabajar a la «General Textiles» de Nueva York. Fue una perdida para el negocio, pero tambien fue una perdida para Nancy. Justo antes de que papa muriera, Nat y Nancy habian empezado a salir.
Nancy no habia salido con nadie desde la muerte de Sean. No queria, pero Nat habia elegido el momento a la perfeccion, porque despues de cinco anos, Nancy empezaba a darse cuenta de que el trabajo ocupaba toda su vida, sin dejar espacio a la diversion. Estaba preparada para emprender un pequeno romance. Habian disfrutado de unas cuantas cenas tranquilas, uno o dos obras de teatro, y ella le habia besado, a modo de despedida, con notable pasion; y en ese punto se hallaban cuando la crisis estallo, y el romance termino cuando Nat abandono la empresa. Nancy se sintio enganada.
Desde entonces, Nat habia progresado espectacularmente en la «General Textiles», y ya era presidente de la empresa. Tambien se habia casado con una hermosa rubia diez anos menor que Nancy.
En contraste, a Peter le habia ido fatal. De hecho, no estaba capacitado para el trabajo. El negocio habia ido cuesta abajo durante los cinco anos de su mandato. Las tiendas ya no rendian beneficios; se mantenian, y poco
