tamano y una serie de casas grises diseminadas. Esto era Foynes.

Al contrario que Southampton, Foynes no contaba con un muelle construido a proposito para hidroaviones; el clipper amarraria en el estuario y los pasajeros serian conducidos a tierra en lanchas. Amarrar era responsabilidad del mecanico.

Eddie se arrodillo entre los asientos de los dos pilotos y abrio la compuerta que conducia al compartimento de proa. Descendio por la escalerilla al espacio vacio. Se introdujo en el morro del avion, abrio otra escotilla y asomo la cabeza al exterior. El aire era fresco y salado; inhalo una profunda bocanada.

Una lancha se acerco. Alguien saludo con la mano a Eddie. El hombre sujetaba una cuerda atada a una boya. Tiro la cuerda al agua.

Habia un cabrestante plegable en el morro del hidroavion. Eddie lo alzo, asegurandolo, cogio un bichero de dentro y lo utilizo para levantar la cuerda que flotaba en el agua. Ato la cuerda al cabrestante y el avion quedo amarrado. Miro al parabrisas que habia detras de el y alzo los pulgares en direccion al capitan Baker.

Ya se aproximaba otra lancha para recoger a los pasajeros y a la tripulacion.

Eddie cerro la compuerta y volvio a la cubierta de vuelo. El capitan Baker y Ben, el encargado de la radio, continuaban en sus puestos, pero Johnny, el copiloto, estaba apoyado en la mesa de mapas, charlando con Jack. Eddie se sento en su cubiculo y apago los motores. Cuando todo estuvo en orden, se puso la chaqueta negra del uniforme y una gorra blanca. La tripulacion bajo la escalera, atraveso el compartimento de pasajeros numero 2, entro en el salon, salio al exterior y abordo la lancha. El ayudante de Eddie, Mickey Finn, se quedo a supervisar el reaprovisionamiento de combustible.

El sol brillaba, pero soplaba una brisa fria que olia a sal. Eddie observo a los pasajeros que subian a la lancha, preguntandose de nuevo cual era Tom Luther. Reconocio un rostro de mujer y recordo, con cierta sorpresa, que la habia visto haciendo el amor con un conde frances en Una espia en Paris: era Lulu Bell, la estrella de cine. Charlaba animadamente con un individuo que llevaba una chaqueta cruzada. ?Seria Tom Luther? Les acompanaba una hermosa mujer, ataviada con un vestido de lunares, que parecia muy desdichada. Reconocio otras caras, pero la mayor parte del pasaje consistia en hombres trajeados y tocados con sombreros y mujeres ricas que exhibian abrigos de pieles.

Si Luther tardaba en identificarse, Eddie le buscaria y a la mierda la discrecion, decidio. Ya no podia soportar la espera.

La lancha se alejo del clipper en direccion a tierra. Eddie miro hacia la orilla, pensando en su mujer. Imagino el momento en que los hombres irrumpian en su casa. Carol-Ann estaria comiendo huevos, preparando el cafe o vistiendose para ir a trabajar. ?Y si la habian sorprendido en la banera? A Eddie le fascinaba mirarla en la banera. Se recogia el pelo, dejando al descubierto su largo cuello, y yacia en el agua, frotandose con la esponja sus miembros bronceados. A ella le gustaba que se sentara en el borde y le hablara. Hasta que la habia conocido, Eddie pensaba que estas cosas solo sucedian en las fantasias eroticas. Pero ahora, tres hombres tocados con sombreros de fieltro, que irrumpian por sorpresa y se apoderaban de ella, contaminaban esta imagen…

Pensar en el miedo que se habria apoderado de ella mientras la secuestraban casi enloquecia a Eddie. Sintio que la cabeza le daba vueltas y tuvo que concentrarse para no caer de la lancha. La impotencia total en que se encontraba agudizaba la gravedad de su situacion. Carol-Ann se hallaba en peligro y el no podia hacer nada por ayudarla. Se dio cuenta de que cerraba los punos espasmodicamente, y se forzo a evitarlo.

La lancha llego a la orilla y amarro a un ponton flotante unido al muelle mediante una pasarela. La tripulacion ayudo a los pasajeros a desembarcar y les siguio hacia la aduana.

Las formalidades duraron poco. Los pasajeros se dispersaron por el pueblo. Al otro lado de la carretera habia una antigua fonda que casi siempre estaba ocupada por el personal de la linea aerea. La tripulacion se encamino hacia ella.

Eddie fue el ultimo en salir, y un pasajero le abordo cuando salia de la aduana.

– ?Es usted el mecanico?

Eddie se puso en tension. El pasajero era un hombre de unos treinta y cinco anos, mas bajo que el, pero corpulento y musculoso. Llevaba un traje gris claro, una corbata con alfiler y un sombrero de fieltro gris.

– Si, soy Eddie Deakin -contesto.

– Me llamo Tom Luther.

Una neblina roja empano la vision de Eddie y la colera le domino al instante. Agarro a Tom Luther por las solapas, le sacudio y le arrojo contra la pared de la aduana.

– ?Que le habeis hecho a Carol-Ann? -mascullo.

La sorpresa de Luther era mayuscula; esperaba encontrar a una victima atemorizada y sumisa. Eddie le sacudio hasta que sus dientes castanetearon.

– Maldito hijo de puta, ?donde esta mi mujer?

Luther no tardo en recobrarse del susto. La expresion de estupor desaparecio de su rostro. Se libro de la presa de Eddie con un veloz y energico movimiento, lanzando su puno hacia adelante. Eddie lo esquivo y le golpeo dos veces en el estomago. Luther expulso aire como un neumatico y se doblo en dos. Era fuerte, pero no estaba en forma. Eddie procedio a estrangularle metodicamente.

Luther le miro con ojos desorbitados por el terror.

Al cabo de un momento, Eddie se dio cuenta de que estaba matando al hombre.

Aflojo su presa y acabo soltandole. Luther se derrumbo contra la pared, jadeando en busca de aire, y se llevo la mano a la garganta.

El funcionario de la aduana irlandesa asomo la cabeza alertado por el estruendo.

– ?Que pasa?

Luther se incorporo con un esfuerzo.

– Me he caido, pero estoy bien -balbucio.

El aduanero se inclino y recogio el sombrero de Luther. Le dirigio una mirada de curiosidad mientras se lo entregaba, pero no dijo nada mas y entro en la oficina.

Eddie miro a su alrededor. Nadie habia presenciado la refriega. Los pasajeros y la tripulacion habian desaparecido tras la pequena estacion de tren.

Luther se calo el sombrero.

– Si mete la pata, nos mataran a los dos, igual que a su maldita esposa, imbecil -dijo con voz ronca.

La referencia a Carol-Ann enfurecio de nuevo a Eddie, que levanto el puno para golpear a Luther, pero este alzo un brazo para protegerse.

– Calmese, ?quiere? ?Asi no la recuperara! ?No se da cuenta de que me necesita?

Eddie se daba cuenta a la perfeccion, pero habia perdido la razon durante unos momentos. Retrocedio un paso y examino al hombre. Luther se expresaba como un hombre culto y sus ropas eran caras. Lucia un erizado bigote rubio y sus ojos claros centelleaban de odio. Eddie no lamentaba haberle golpeado. Necesitaba descargar su angustia sobre algo, y Luther era el blanco perfecto.

– ?Que quiere que haga, hijo de la gran puta?

Luther introdujo la mano en la chaqueta. Eddie penso por un momento que sacaria una pistola, pero Luther extrajo una postal y se la tendio.

Eddie la miro. Era una foto de Bangor (Maine).

– ?Que cono significa esto?

– Dele la vuelta -dijo Luther.

En el reverso estaba escrito:

44.70 N, 67.00 O.

– ?Que son estos numeros? ?Coordenadas? -pregunto Eddie.

– Si. En ese punto debera posar el avion. Eddie le miro, perplejo.

– ?Posar el avion? -repitio estupidamente.

– Si.

– ?Es eso lo que quieren que haga? ?Solo eso?

– Posar el avion en ese punto.

– ?Por que?

– Porque usted quiere recuperar a su bonita esposa.

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