gran preocupacion? Se esforzo por comportarse con normalidad.

– Intenta no perderte este viaje, Jack -dijo, repitiendo una vieja broma. No era buen actor y el chiste parecia forzado en el, pero todos rieron y el ambiente se distendio.

El capitan Baker echo un vistazo a los nuevos partes meteorologicos.

– La tempestad esta empeorando -comento.

Jack asintio con la cabeza.

– Se va a convertir en lo que Eddie llamaria un bocinazo. Siempre se burlaban de el por su dialecto de Nueva Inglaterra.

– O un pringue -respondio, fingiendo una sonrisa.

– La rodeare -dijo Baker.

Entre Baker y Johnny Dott idearon un plan de vuelo hasta Botwood (Terranova), cinendose al borde de la tempestad y esquivando los vientos de cara, mas fuertes. Cuando terminaron, Eddie se sento, cogio las predicciones meteorologicas y realizo sus calculos.

Se confeccionaban previsiones sobre la direccion y la fuerza del viento a trescientos, mil doscientos, dos mil cuatrocientos y tres mil seiscientos metros de altura para cada parte del viaje. Conociendo la velocidad de crucero del avion y la fuerza del viento, Eddie podia calcular la velocidad respecto a tierra. Eso le proporcionaba el tiempo de vuelo en cada parte a la altitud mas favorable. Despues, utilizaba unas tablas para averiguar el consumo de combustible en aquel periodo de tiempo, teniendo en cuenta la carga util del clipper. Calculaba la necesidad de combustible paso a paso en una grafica, que la tripulacion llamaba la curva Howgozit. Sumaba el total y anadia un margen de seguridad.

Despues de terminar sus calculos, comprobo consternado que la cantidad de combustible necesario para llegar a Terranova era superior a la que el clipper podia cargar.

Se quedo inmovil unos instantes.

La diferencia era terriblemente pequena: unos kilos de carga util de mas, unos litros de combustible de menos. Y Carol-Ann esperandole en alguna parte, muerta de miedo.

Deberia decirle al capitan Baker que era preciso aplazar el despegue hasta que el tiempo mejorase, a menos que desease volar a traves de la tormenta.

Sin embargo, la diferencia era infima.

?Seria capaz de mentir?

En cualquier caso, existia un margen de seguridad. Si las cosas iban mal, el avion siempre podria atravesar la tormenta, en lugar de rodearla.

Odiaba la sola idea de enganar a su capitan. Siempre habia sido consciente de que las vidas de los pasajeros dependian de el, y se sentia orgulloso de su meticulosa precision.

Por otra parte, su decision no era irrevocable. Durante todo el viaje, hora tras hora, debia comparar el consumo de combustible real con la proyeccion de la curva Howgozit. Si consumian mas de lo previsto, bastaba con volver atras.

Si descubrian su engano, significaria el fin de su carrera, pero ?que importaba eso, cuando las vidas de su mujer y de su futuro hijo se encontraban en peligro?

Repaso sus calculos de nuevo, pero esta vez, al consultar las tablas, cometio dos errores a posta, consignando el consumo de combustible para la carga util inferior en la siguiente columna de cifras. Ahora, el resultado se mantenia dentro del margen de seguridad necesario.

Sin embargo, sus vacilaciones no desaparecian. Nunca le habia resultado facil mentir, y ni siquiera lo lograba en esta terrible situacion.

Por fin, el capitan Baker perdio la paciencia y miro por encima del hombro a Eddie.

– Sueltalo ya, Ed… ?Nos vamos o nos quedamos?

Eddie le enseno los resultados amanados que habia escrito y bajo la vista, sin atreverse a mirar cara a cara a su capitan. Carraspeo, presa de los nervios, esforzandose por hablar con el tono mas firme y seguro.

– Por muy poco, capitan…, pero nos vamos…

TERCERA PARTE. De Foynes a mitad del Atlantico

11

Diana Lovesey piso el muelle de Foynes y se sintio pateticamente agradecida por notar suelo firme bajo los pies.

Estaba triste, pero serena. Habia tomado una decision: no volveria al clipper, no volaria a Estados Unidos y no se casaria con Mark Alder.

Sus rodillas temblaban, y por un momento temio que iba a caerse, pero la sensacion desaparecio y camino hacia el puesto de aduanas.

Enlazo su brazo con el de Mark. Se lo diria en cuanto estuvieran solos. Le romperia el corazon, penso con una punzada de pena; la queria muchisimo. Sin embargo, era demasiado tarde para pensar en eso.

La mayoria de los pasajeros ya habian desembarcado. Las excepciones era la extrana pareja sentada cerca de Diana, el apuesto Frank Gordon y el calvo Ollis Field; se habian quedado a bordo. Lulu Bell no habia parado de hablar con Mark. Diana no le hacia caso. Ya no estaba enfadada con Lulu. La mujer era entrometida e insoportable, pero habia conseguido que Diana comprendiera la verdad de su situacion.

Pasaron por la aduana y salieron del muelle. Se encontraban en el extremo oeste de un pueblo compuesto de una sola calle. Un rebano de vacas cruzaba la calle, y tuvieron que esperar a que los animales se alejaran.

Diana oyo un comentario de la princesa Lavinia.

– ?Por que nos han traido a este villorrio?

– La acompanare al edificio de la terminal, princesa -dijo Davy, el mozo. Senalo un edificio de grandes dimensiones, que recordaba una posada antigua, con las paredes cubiertas de enredaderas-. Hay un bar muy confortable, llamado la «Taberna de la senora Walsh», donde sirven un whisky irlandes excelente.

Cuando las vacas terminaron de pasar, varios pasajeros siguieron a Davy hasta la «Taberna de la senora Walsh».

– Vamos a dar un paseo por el pueblo -dijo Diana a Mark.

Queria estar a solas con el lo antes posible. E1 sonrio, accediendo a su propuesta. Sin embargo, otros pasajeros tuvieron la misma idea, entre ellos Lulu, y una pequena multitud se puso a recorrer la calle principal de Foynes.

Habia una estacion de tren, una oficina de correos y una iglesia, seguidas de dos hileras de casas, construidas con piedra gris; los techos eran de pizarra. Algunas casas tenian tienda en la fachada. Vieron varios carritos tirados por ponys en la calle, pero un solo vehiculo motorizado. Los habitantes del pueblo, vestidos con prendas de tweed o hechas en casa, miraban con ojos desorbitados a los visitantes, ataviados con sedas y pieles, y Diana experimento la sensacion de que estaba desfilando en una procesion. Foynes aun no se habia acostumbrado a ser un lugar de paso donde se detenia la elite rica y privilegiada del mundo.

Ansiaba que el grupo se dispersara, pero nadie se alejaba un milimetro, como exploradores temerosos de extraviarse. Empezo a sentirse atrapada. El tiempo pasaba.

– Entremos ahi -dijo, cuando pasaron junto a otro bar.

– Que gran idea -replico al instante Lulu-. En Foynes no hay nada que ver.

Diana estaba hasta el gorro de Lulu.

– Me gustaria hablar con Mark a solas -dijo, malhumorada.

Mark se mostro turbado.

– ?Carino! -protesto.

– No te preocupes -contesto Lulu de inmediato-. Seguiremos paseando y dejaremos solos a los amantes. Ya encontraremos otro bar, si es que no conozco mal Irlanda.

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