– Ponte la chaqueta -ordeno Mervyn.

Mervyn, con su manera desatinada, habia devuelto a Diana el sentido comun. Ahora comprendia que su miedo a volar y su angustia acerca de vivir en Estados Unidos eran preocupaciones nimias comparada con la pregunta mas importante de todas: ?con quien queria vivir? Amaba a Mark, y Mark la amaba a ella, y todas las demas consideraciones eran marginales. Una tremenda sensacion de alivio se derramo sobre ella cuando tomo la decision y la anuncio a los dos hombres que la querian. Contuvo la respiracion.

– Lo siento, Mervyn -dijo. Me voy con Mark.

12

Nancy Lenehan se permitio un minuto de jubilo cuando miro desde el Tiger Moth de Mervyn Lovesey y vio el clipper de la Pan American flotando majestuosamente en las aguas serenas del estuario del Shannon.

Las probabilidades estaban en su contra, pero habia atrapado a su hermano y malogrado su plan, al menos en parte. Hay que levantarse muy temprano para ganarle la partida a Nancy Lenehan, penso, en un raro momento de autoalabanza.

Peter iba a llevarse el susto de su vida cuando la viera.

Mientras el pequeno aeroplano amarillo volaba en circulos y Mervyn buscaba un sitio para aterrizar, Nancy empezo a sentirse tensa al pensar en el inminente enfrentamiento con su hermano. Aun le costaba creer que la hubiera enganado y traicionado sin el menor escrupulo. ?Como pudo hacerlo? Cuando eran ninos, se banaban juntos. Ella le habia puesto rodilleras, explicado como se hacian los ninos, y siempre le habia dado un trozo de su chicle. Ella habia guardado sus secretos, pero le habia revelado los suyos. Cuando se hicieron mayores, Nancy alimento el ego de su hermano, procurando no avergonzarle nunca por ser mucho mas inteligente que el, a pesar de que era una mujer.

Siempre habia cuidado de el. Y cuando papa murio, permitio que Peter se convirtiera en presidente de la empresa. Esto le habia costado muy caro. No solo habia reprimido sus ambiciones para dejarle paso; al mismo tiempo, habia frustrado un incipiente romance, porque Nat Ridgeway, el brazo derecho de papa, habia renunciado cuando Peter se hizo cargo del negocio. Ya nunca sabria en que habria desembocado aquel romance, porque Nat Ridgeway se habia casado.

Su amigo y abogado, Patrick MacBride, la habia aconsejado que no cediera a Peter la presidencia, pero ella habia hecho caso omiso de su consejo, actuando contra sus propios intereses, porque sabia lo herido que se sentiria Peter cuando la gente pensara que no daba la talla de su padre. Cuando recordaba todo cuanto habia hecho por el, y pensaba a continuacion en los enganos y mentiras de Peter, le daban ganas de llorar de rabia y resentimiento.

Estaba desesperadamente impaciente por encontrarle, plantarse frente a el y mirarle a los ojos. Queria saber como reaccionaria y que le diria.

Tambien se encontraba ansiosa por presentar batalla. Alcanzar a Peter solo era el primer paso. Tenia que subir al avion de entrada, pero si iba lleno tendria que convencer a alguien para que le vendiera su billete, utilizar sus encantos para persuadir al capitan, o incluso emplear el soborno. Luego, cuando llegara a Boston, deberia convencer a los accionistas menores, a su tia Tilly y a Danny Riley, el viejo abogado de su padre, de que se negaran a vender sus acciones a Nat Ridgeway. Estaba segura de poder conseguirlo, pero Peter no se rendiria sin presentar batalla, y Nat Ridgeway era un oponente formidable.

Mervyn poso el avion en el terreno de una granja cercana a la aldea. En una sorprendente demostracion de buenos modales, ayudo a Nancy a bajar a tierra. Cuando piso por segunda vez suelo irlandes, Nancy penso en su padre, quien, si bien no paraba de hablar del viejo pais, jamas lo habia visitado. Lastima. Le habria gustado saber que sus hijos habian pasado por Irlanda, pero saber que su hijo habia arruinado la empresa a la que habia dedicado toda su vida le habria partido el corazon. Mejor que no estuviera vivo para verlo.

Mervyn aseguro el aparato con una cuerda. Nancy se alegro de dejarlo atras. Aunque era bonito, casi la habia matado. Aun se estremecia cada vez que recordaba el descenso hacia el acantilado. No tenia la intencion de meterse en un avion pequeno nunca mas.

Caminaron a buen paso hacia el pueblo, siguiendo a una carreta tirada por caballos que iba cargada de patatas. Nancy percibio que Mervyn experimentaba una mezcla de triunfo y temor. Como a ella, le habian enganado y traicionado, y no habia querido resignarse. Y, al igual que ella, su mayor satisfaccion provenia de frustrar las expectativas de aquellos que habian conspirado contra el. A los dos todavia les esperaba el autentico reto.

Una unica calle atravesaba Foynes. Hacia la mitad se encontraron con un grupo de personas bien vestidas que solo podian ser pasajeros del clipper: daba la impresion de que pasearan por el set que no les correspondia de un estudio cinematografico.

– Estoy buscando a la senora Diana Lovesey -dijo Mervyn, acercandose a ellos-. Creo que viaja a bordo del clipper.

– ?Ya lo creo! -exclamo una mujer, que Nancy reconocio como la estrella de cine Lulu Bell. El tono de su voz sugeria que la senora Lovesey no le caia bien. Nancy volvio a preguntarse como seria la mujer de Mervyn.

– La senora Lovesey y su… ?acompanante?, entraron en un bar que hay siguiendo la calle -explico Lulu Bell.

– ?Puede indicarme donde esta el despacho de billetes? -pregunto Nancy.

– ?Si alguna vez me dan el papel de guia de turismo, no necesitare ensayar! -dijo Lulu, y los pasajeros rieron-El edificio de las lineas aereas esta al final de la calle, pasada la estacion de tren y frente al puerto.

Nancy le dio las gracias y continuo andando. Mervyn ya se habia adelantado, y tuvo que correr para alcanzarle. Sin embargo, se detuvo de repente cuando diviso a dos hombres que subian por la calle, enzarzados en una animada conversacion. Nancy les miro con curiosidad, preguntandose por que se habia parado Mervyn. Uno era un petimetre de cabello plateado, que vestia un traje negro y un chaleco color gris gaviota, un pasajero del clipper, sin duda. El otro era un espantajo alto y flaco, con el cabello tan corto que parecia calvo y la expresion de alguien que acaba de despertar de una pesadilla. Mervyn se dirigio hacia el espantajo.

– Usted es el profesor Hartmann, ?verdad? -dijo.

La reaccion del hombre fue de absoluto sobresalto. Retrocedio un paso y alzo las manos, como si pensara que le iba a atacar.

– No pasa nada, Carl -dijo su companero.

– Me sentiria muy honrado de estrechar su mano, senor -dijo Mervyn.

Hartmann bajo los brazos, aunque todavia parecia a la defensiva. Se dieron la mano.

El comportamiento de Mervyn sorprendio a Nancy. Habia pensado que Mervyn Lovesey no aceptaba la superioridad de nadie en el mundo, pero ahora actuaba como un colegial que le pidiera el autografo a una estrella de beisbol.

– Me alegro de ver que consiguio escapar -continuo Mervyn-. Todos temimos lo peor cuando desaparecio. Por cierto, me llamo Mervyn Lovesey.

– Le presento a mi amigo el baron Gabon -dijo Hartmann-, que me ayudo a escapar.

Mervyn estrecho la mano de Gabon.

– No les molestare mas -dijo-. Bon voyage, caballeros.

Hartmann ha de ser alguien muy especial, penso Nancy, para haber apartado a Mervyn, siquiera por unos momentos, de la obsesiva persecucion de su mujer.

– ?Quien es? -pregunto, mientras caminaban por la calle.

– El profesor Carl Hartmann, el fisico mas importante de mundo -respondio Mervyn-. Esta trabajando en la desintegracion del atomo. Tuvo problemas con los nazis por culpa de sus ideas politicas, y todo el mundo penso que habia muerto.

– ?Como es que le conoce?

– Yo estudie fisica en la universidad. Pense en dedicarme a la investigacion, pero no tengo la paciencia necesaria. Sin embargo, me mantengo informado sobre los avances. Se han producido sorprendentes

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