descubrimientos en ese campo durante los ultimos diez anos.

– ?Por ejemplo?

– Una austriaca, otra refugiada del nazismo, por cierto, llamada Lise Meitner, que trabaja en Copenhague, consiguio dividir el atomo de uranio en dos atomos mas pequenos, bario y cripton.

– Pensaba que los atomos eran indivisibles.

– Como todos, hasta hace poco. Lo mas sorprendente es que, cuando ocurre, se produce una potentisima explosion; por eso estan tan interesados los militares. Si llegan a controlar el proceso, podran fabricar la bomba mas destructiva jamas conocida.

Nancy miro al hombre asustado y harapiento de mirada enloquecida.

– Me sorprende que le permitan deambular sin vigilancia -comento.

Estoy seguro de que le vigilan -dijo Mervyn-. Fijese en ese tipo.

Nancy siguio la direccion que Mervyn habia indicado con un cabeceo y miro al otro lado de la calle. Otro pasajero del clipper paseaba sin compania, un hombre alto, corpulento, ataviado con un sombrero hongo, traje gris y chaleco rojo vivo.

– ?Cree que es su guardaespaldas?

Mervyn se encogio de hombros.

– Tiene pinta de policia. Es posible que Hartmann no lo sepa, pero yo diria que tiene un angel guardian como la copa de un pino.

Nancy no pensaba que Mervyn fuera tan observador.

– Me parece que este es el bar -dijo Mervyn, pasando de lo cosmico a lo mundano sin pestanear. Se paro frente a la puerta.

– Buena suerte -le deseo Nancy.

Lo decia de todo corazon. De una forma curiosa, habia llegado a apreciarle, a pesar de sus groseros modales. Mervyn sonrio.

– Gracias. Le deseo lo mismo.

Entro en el local y Nancy continuo andando por la calle.

Al final, al otro lado de la carretera que salia del puerto, habia un edificio casi oculto bajo las enredaderas, mas grande que cualquier otra estructura del pueblo. Nancy se encontro en el interior con una oficina improvisada y un joven apuesto vestido con el uniforme de la Pan American. La miro con cierto brillo en los ojos, a pesar de que seria unos quince anos mas joven que ella.

– Quiero comprar un billete para Nueva York -dijo Nancy.

El joven se quedo sorprendido e intrigado.

– ?Caramba! No solemos vender billetes aqui… De hecho, no tenemos.

No parecia un problema serio. Nancy sonrio; una sonrisa siempre ayudaba a superar obstaculos burocraticos triviales.

– Bueno, un billete es un simple trozo de papel -dijo. Si yo le pago la tarifa, supongo que me dejara subir al avion, ?verdad?

El joven sonrio. Nancy supuso que, si estaba en sus manos, accederia a la peticion.

– Pues si, pero el avion va lleno.

– ?Maldicion! -mascullo Nancy. Se sintio vencida. ?Habia pasado tantas vicisitudes para nada? Aun no estaba dispuesta a tirar la toalla-. Tiene que haber algo. No necesito una cama. Dormire en el asiento. Me conformaria con una de las plazas reservadas a los tripulantes.

– No puede comprar una plaza de tripulante. Lo unico que queda libre es la suite nupcial.

– ?Puedo quedarmela? -pregunto Nancy, esperanzada. -Caramba, ni siquiera se lo que vale…

– Pero podria averiguarlo, ?verdad?

– Imagino que debe costar, como minimo, el doble de la tarifa normal, que serian unos setecientos cincuenta pavos solo de ida, pero es posible que sea mas cara.

A Nancy le daba igual que costara siete mil dolares. -Le dare un cheque en blanco -dijo.

– Necesita muchisimo coger ese avion, ?no?

– He de estar en Nueva York manana. Es… muy importante.

No consiguio encontrar palabras para explicar lo importante que era.

– Vamos a consultarlo con el capitan -dijo el empleado-. Sigame, senora.

Nancy, mientras caminaba detras de el, se pregunto si habria malgastado sus esfuerzos con alguien carente de autoridad para tomar una decision.

El muchacho la condujo a una oficina en el piso superior. Habia seis o siete tripulantes del clipper en mangas de camisa, fumando y bebiendo cafe mientras estudiaban mapas y predicciones meteorologicas. El joven la presento al capitan Marvin Baker. Cuando el apuesto capitan le estrecho la mano, Nancy experimento la curiosa sensacion de que iba a tomarle el pulso, porque sus ademanes eran los tipicos de un medico de cabecera.

– Capitan -explico el joven-, la senorita Lenehan necesita trasladarse a Nueva York con la maxima urgencia, y esta dispuesta a pagar el precio de la suite nupcial. ?Podemos aceptarla?

Nancy aguardo ansiosamente la respuesta, pero el capitan formulo otra pregunta.

– ?Viaja su esposo con usted, senora Lenehan?

Nancy agito sus pestanas, una maniobra muy util siempre que necesitaba persuadir a un hombre de hacer algo.

– Soy viuda, capitan.

– Lo siento. ?Lleva equipaje?

– Solo este maletin.

– Estaremos encantados de que viaje con nosotros a Nueva York, senora Lenehan -dijo el capitan.

– Gracias a Dios -exclamo Nancy-. No sabe lo importante que es para mi.

Sintio que las rodillas le flaqueaban por un momento. Se sento en la silla mas proxima. La molestaba mucho revelar sus sentimientos. Para disimular, rebusco en su bolso y saco el talonario. Firmo un talon en blanco con mano temblorosa y se lo dio al empleado.

Habia llegado el momento de enfrentarse con Peter.

– He visto algunos pasajeros en el pueblo -dijo-. ?Donde estan los demas?

– La mayoria han ido a la «Taberna de la senora Walsh» -indico el joven-. Es un bar que hay en este edificio. Se entra por la parte de al lado.

Nancy se levanto. Los temblores habian desaparecido.

– Les estoy muy agradecida -dijo.

– Ha sido un placer ayudarla.

Nancy se marcho.

Mientras cerraba la puerta, oyo que los hombres comentaban entre si, y adivino que estarian realizando observaciones procaces sobre la atractiva viuda que podia permitirse el lujo de firmar talones en blanco.

Salio al exterior. La tarde era agradable, el sol no calentaba en exceso y el aire transportaba el aroma salado del mar. Ahora, deberia buscar a su hermano desleal.

Rodeo el edificio y entro en el bar.

Era el tipo de lugar al que nunca iba: oscuro, pequeno amueblado con tosquedad, muy masculino. Habia sido pensado para servir cerveza a pescadores y granjeros, pero ahora estaba lleno de millonarios que bebian combinados. La atmosfera estaba cargada y se hablaba a voz en grito en varios idiomas; daba la impresion de que los pasajeros creian encontrarse en una fiesta. ?Eran imaginaciones suyas, o detectaba cierta nota de histeria en las carcajadas? ?Servia el jolgorio para disimular el nerviosismo que provocaba el largo vuelo sobre el oceano?

Examino las caras y localizo la de Peter.

El no reparo en su hermana.

Ella le miro durante un momento, hirviendo de colera. Sus mejillas enrojecieron de furor. Noto una imperiosa necesidad de abofetearle, pero reprimio su ira. No iba a revelar lo disgustada que estaba. Lo mas inteligente era proceder con frialdad.

Estaba sentado en un rincon acompanado por Nat Ridgeway. Otra conmocion. Nancy sabia que Nat habia ido a Paris para asistir a los desfiles de modas, pero no habia pensado que regresaria en el mismo vuelo de Peter.

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