– E imagino que tambien britanicos.

– Me encanta tu fe en nosotros. Dame un numero donde pueda encontrarte.

Paul James telefoneo a su sobrino veinticuatro horas mas tarde, tras librar una tensa discusion con sus superiores mientras trataba de conseguir un salvoconducto para Rajel Weiss. Si les convencio fue porque, les dijo, esperaba obtener un redito del favor a su sobrino.

Albert, acompanado de Amelia y Rajel, se presento en la embajada britanica. Alli preguntaron por el hombre al que les habia dirigido Paul James. Para Albert fue evidente que se trataba de un oficial de Inteligencia. El hombre escucho pacientemente la historia de Rajel y mostro mas interes al conocer los detalles de la fuga de Berlin, sobre todo por los contactos que parecia tener Amelia. Esta llego a sentirse incomoda ante las preguntas de aquel hombre, que parecia estar interrogandola.

– Y si nosotros no pudieramos facilitarle el salvoconducto, ?que harian? -pregunto el hombre esperando que fuera Amelia quien respondiera.

– No le quepa la menor duda de que cualquier cosa antes que abandonar a Rajel. Ustedes no son nuestra unica carta a jugar -respondio desafiante.

El hombre les despidio diciendoles que en un par de dias tendrian noticias suyas, y tambien les dijo que procuraran no llamar la atencion en Lisboa.

– Forman ustedes un trio en el que es dificil no fijarse.

Practicamente no salieron de la pension. Albert pagaba a la patrona para que les hiciera la comida y a lo mas que se atrevian era a dar algun paseo cerca del mar.

Dos dias mas tarde, el hombre de la embajada telefoneo a la pension y les cito en un bar proximo.

– Bien, aqui estan los documentos para la senorita Weiss, de usted dependera que la admitan una vez llegue a Nueva York.

– Gracias… -dijo Albert tendiendo la mano al hombre de la embajada.

– No me las de a mi sino a su poderoso tio. ?Ah! por cierto, me ha pedido que le telefonee cuanto antes, creo que espera verle pronto en Londres.

Albert compro un pasaje para Rajel en un barco que salia al dia siguiente con destino a Nueva York. Era un mercante que admitia pasajeros, de manera que la travesia no le iba a resultar demasiado incomoda a Rajel y pasaria mas inadvertida a su llegada a Estados Unidos.

Tambien pago al capitan para que cuidara de Rajel.

Amelia se despidio entre lagrimas de Rajel. Habia llegado a apreciar sinceramente a aquella muchacha timida y silenciosa. Antes de subir al barco Rajel se quito un anillo y se lo entrego a Amelia.

– Asi no te olvidaras de mi… -le dijo mientras le colocaba el anillo en el dedo.

– ?Claro que no lo hare! Por favor conserva el anillo, es de oro y esas piedras… Es muy valioso, y si las cosas van mal puedes necesitarlo.

– No, aunque me muriera de hambre nunca venderia este anillo. Era de mi abuela, la madre de mi padre. El me lo dio cuando cumpli dieciocho anos. Quiero que lo tengas tu.

– ?Pero no puedo aceptarlo!

– Si lo tienes sera como si continuaramos juntas. ?Por favor, no lo rechaces!

Se abrazaron y Albert tuvo que separarlas para que Rajel embarcara.

– No te preocupes, cuando llegues a Nueva York te estaran esperando, no tendras ningun problema para pasar la aduana -le prometio Albert.

Cuando vio que el barco zarpaba del puerto, Amelia sintio el escalofrio de la soledad. Albert le echo un brazo por los hombros para reconfortarla. Estaba perdidamente enamorado de Amelia y no habia nada que no fuera capaz de hacer por complacerla.

– ?Que haremos ahora? -le pregunto mas tarde cuando llegaron a la pension.

– Ir a Londres. Tengo que pedir a mi padre que hable con algunos amigos que pueden facilitar la entrada de Rajel en Estados Unidos. Mi padre es amigo del gobernador, de manera que si se interesa por Rajel ella no tendra problemas. Tambien quiero telefonear a un amigo de la infancia que trabaja en la oficina del alcalde. Ademas, el hombre de la embajada nos dijo que el tio Paul queria vernos cuanto antes en Londres y despues de este favor no puedo negarme.

– ?Que querra tu tio?

– Cobrarse el favor que nos ha hecho.

– Pero ?como?

– Eso aun no lo se, pero estoy seguro de que el precio sera alto.

– Yo… siento haberte puesto en esta situacion.

– No has sido tu, Amelia. Salvar a Rajel ha sido una cuestion de decencia. Desgraciadamente no podemos ayudar a todos los que lo necesitan. Ademas, fue el doctor Schatzhauser y Max quienes nos pidieron a ambos que ayudaramos a Rajel, y no olvidemos que sin Carla no habriamos podido.

– Me gustaria ir a Madrid… Estamos tan cerca…

Albert dudo, pero se mantuvo firme en su decision de viajar de inmediato a Londres.

– Lo siento, Amelia, pero despues de lo que ha hecho no puedo desairar a mi tio.

– Tienes razon, ya iremos mas adelante.

– Te lo prometo.

6

Amelia no terminaba de sentirse comoda en Londres. Notaba la hostilidad del ambiente como un reflejo de la hostilidad de la familia y los amigos de Albert que estaban informados de que este vivia con una mujer casada, motivo de escandalo en la muy puritana alta sociedad britanica.

Albert se encontro con que sus padres regresaban a Nueva York, por lo que le pidio a su padre que intercediera ante el gobernador de la ciudad para que ayudara a Rajel. Ernest James adoraba a su hijo y era incapaz de negarle nada, ademas era un furibundo antinazi, de manera que se comprometio a ayudar a la muchacha.

– No te preocupes, conseguiremos que esa joven entre en Estados Unidos. Ahora que estamos solos… en fin… me gustaria hablar contigo. Tu madre esta muy preocupada, ya sabes que pensaba que tu y lady Mary… En fin…

– Lo se, padre, se que a mi madre y a ti os gustaria que me casara con Mary Brian, y siento no poder complaceros.

– Entonces, ?tu decision es definitiva?

– Os presente a Amelia y sabes que estoy enamorado de ella.

– Es una joven muy bella e inteligente, pero esta casada y bien sabes que vuestra relacion no tiene futuro.

– Tiene el futuro que ambos queramos que tenga. Vosotros sois irlandeses y estais mas apegados a las normas y a la tradicion.

– Tu tambien eres irlandes, aunque hayas nacido en Nueva York.

– Y alli me he educado como un norteamericano, que es como me siento. Respeto las tradiciones, procuro mantenerme dentro de las normas, pero no las sacralizo. Me he enamorado de Amelia y vivo con ella, de manera que es mejor que mama ceje en su empeno de querer casarme con Mary.

– No podreis tener hijos.

– Espero que algun dia haya una solucion para nuestra situacion. Mientras tanto, padre, me gustaria pedirte que me comprendas, y si no puedes comprenderme al menos que respetes mi decision. Quiero a Amelia y te pido que la acepteis en la familia como si de mi esposa se tratara.

– ?Tu madre no quiere saber nada de ella!

– Entonces tampoco sabra nada de mi.

– ?Por favor, hijo, recapacita!

– ?Crees que no he pensado ya en lo que supone vivir con Amelia? Si, claro que lo he hecho, y tambien te digo que no permitire que nadie la abochorne ni la haga de menos. Ni siquiera mama.

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