Francia esta en guerra contra Alemania no ha roto con Espana, de manera que tenemos que andarnos con cuidado. No imaginais los cientos de miles de refugiados que hay en los campos y en que condiciones… Nosotros procuramos ayudar a algunos de los nuestros y pasar a gente, pero es complicado.
– Precisamente queremos cruzar a Espana por uno de esos pasos de la montana de los que tu me hablaste, tenemos que salvar a alguien…
Amelia le explico a Aitor la historia de Rajel y como intentaban llegar a Lisboa.
– No sera facil, y menos en esta epoca del ano, estamos casi en invierno y hay nieve. Ademas, los soldados y la policia de Franco estan por todas partes.
– Pero vosotros utilizais los pasos, ?como si no sacais a la gente de Espana?
Aitor se quedo en silencio. No queria defraudar a Amelia pero por otra parte temia poner a su organizacion en peligro intentando algo tan rocambolesco como introducir a una judia en territorio espanol con el fin de atravesar todo el pais para llegar a Portugal. Si las detenian y las torturaban confesarian por donde, como y con quien habian cruzado y quedarian al descubierto.
– No tengo autoridad para tomar esta decision, debo consultar con mis superiores -concluyo Aitor.
– No hace falta que consultes, si no quieres ayudarme no lo hagas. Manana nos vamos, si tu no vienes lo intentaremos nosotros.
– ?Por favor, Amelia, no hagas locuras! Os perderiais en la montana y mas en esta epoca del ano. No es un juego, ni una excursion campestre.
– No podemos continuar aqui, cada dia que pasa Rajel corre mas peligro. Su unica oportunidad es llegar a Portugal.
– Puede que consiga un permiso de residencia en Francia… al fin y al cabo estan en guerra con Alemania.
– ?Te estas burlando de mi? ?Debo recordarte donde estan los refugiados espanoles? ?Quieres que te hable de la politica respecto a los judios? Marchate, Aitor, no quiero comprometerte mas, tu libras tu propia guerra y Rajel no es parte de ella, no tienes por que ayudarnos.
– Si algo sale mal te juegas la vida -le advirtio Aitor.
– Lo se, lo sabemos, pero no tenemos otra opcion.
Aitor se marcho malhumorado. No habia logrado hacer entrar en razon a Amelia, convencerla de que los pasos de pastores en las montanas eran muy peligrosos.
Tampoco Albert pudo convencer a Amelia para intentar encontrar otra solucion.
– Yo me voy manana con Rajel y te aseguro que lograre llegar al otro lado -respondio con ira a los razonamientos de Albert.
A las tres de la madrugada, cuando Amelia, Rajel y Albert se despedian de Yvonne oyeron unos golpes secos en la puerta. La vieja criada fue a abrir y se sorprendio al ver a Aitor.
– Eres terca como una muia, de manera que no tengo mas remedio que ayudarte o de lo contrario conseguiras que la policia descubra los pasos para cruzar la muga -dijo el hombre.
Amelia le abrazo, agradecida.
– ?Gracias! ?Muchas gracias!
– ?Estais bien preparados? Necesitais ropa de abrigo o de lo contrario morireis congelados.
– Creo que llevamos todo lo que necesitamos -aseguro Albert.
La primera noche durmieron al aire libre; luego en pequenos refugios de pastores. Aitor abria la marcha con paso seguro a pesar de la oscuridad, y Albert la cerraba. Amelia y Rajel caminaban en silencio, sin quejarse de la dureza del terreno ni del temor que les producian los sonidos de la noche.
– Nos queda muy poco para entrar en Espana, y es mejor hacerlo sin luz -les anuncio Aitor de madrugada.
– ?Cuanto falta? -pregunto Albert.
– No mas de quince kilometros. Luego iremos al caserio de mis abuelos. Alli nos estan esperando.
Amelia vislumbro la figura de Amaya dibujandose en la puerta del caserio y corrio hacia ella llorando. Se abrazo a su ama y la mujer la cubrio de besos.
– ?Querida Amelia, que guapa estas! ?Como has cambiado! ?Dios mio, pense que nunca mas volveria a verte!
Pasaron al interior del caserio, del que Amelia guardaba recuerdos entranables, y se sintio apesadumbrada al enterarse de que el abuelo habia muerto y al ver que la abuela yacia enferma en la cama.
– Ya ni siquiera habla -murmuro el ama Amaya senalando a la anciana, que parecia no reconocerles.
Amaya les preparo de comer y dejo escapar una carcajada al ver la expresion de Albert al beber un tazon de leche.
– ?No te gusta? Entonces es que nunca has tomado leche de verdad, esta recien ordenada.
– ?Que sabes de mi familia?
– Edurne escribe de vez en cuando, pero con mucho miedo, ya sabes que ahora abren las cartas y la policia sospecha de todos. Tu hermana Antonietta parece que mejora; en cuanto al hijo de Lola, continua en casa de tus tios porque su abuela sigue en el hospital. Don Armando tiene trabajo, y tu prima Laura parece que esta contenta en el colegio. Mi Edurne les sirve bien, no te preocupes.
– Supongo que no te contara nada de mi hijo Javier ni de Santiago…
– A tu hijo lo ven de lejos y es un nino hermoso al que no le falta de nada. Agueda lo cuida y lo lleva muy limpio. ?No vas a buscar un telefono para llamarles?
– ?Pues claro que no! -interrumpio Aitor-. Es mejor que sea discreta, y cuanto mas inadvertida pase, mejor; la policia controla todas las llamadas.
– Si, tienes razon -admitio Amelia.
– Ahora os dire como llegar a Portugal. Tengo un amigo que se dedica a la chatarra, va y viene por todas partes con una camioneta pequena. Os llevara a Portugal, aunque tendreis que pagarle. El viaje es largo y os pueden detener, de manera que no os va a salir barato, ?teneis dinero?
Albert aseguro que pagarian lo que fuera necesario y Aitor le miro reconociendo que no era un hombre comun. Se pregunto si Amelia estaria enamorada de el y llego a la conclusion de que no, aunque era evidente que hacian una buena pareja.
No habia pasado ni media hora cuando Jose Maria Eguia, el chatarrero, se presento en el caserio. Aitor salio a recibirle en cuanto oyo el ruido del motor de la camioneta.
Eguia exigio dinero por adelantado para llevarles hasta Portugal.
– Si me meto en lio -dijo-, al menos quiero sacar unas pesetas, que buena falta me hacen. Tengo mujer, tres hijos y a mi suegra viviendo con nosotros y poco que echar al puchero. Ademas, si uno hace un trabajo tiene que cobrarlo, ?no?
No le discutieron ni una peseta y se despidieron de Aitor y de Amaya.
– Gracias, no olvidare nunca lo que has hecho por mi -le dijo Amelia.
– Tened cuidado, Albert y tu teneis los pasaportes en regla, pero la chica judia… No se que harian con ella si os parase la policia.
– Tendremos cuidado, no te preocupes.
– Podeis confiar en Eguia. Es buena persona, aunque un poco bruto. Sus abuelos tenian el caserio cerca de aqui, cuando eramos pequenos jugabamos juntos.
– ?Es del PNV? -quiso saber Amelia.
– No, a este no le interesa la politica.
Apenas cabian en la camioneta. Albert se sento al lado de Eguia y Amelia y Rajel se acomodaron en la parte de atras, entre un monton de chatarra, pero ninguna de las dos mujeres se quejo.
– ?Crees que lograremos llegar a Portugal? -pregunto timidamente Rajel a Amelia.
– Ya veras como lo conseguimos. El viaje es largo y con estas carreteras mas… pero llegaremos y Albert te ayudara a viajar a Estados Unidos.
Rajel la miro agradecida por aquellas palabras de animo. El viaje no fue facil y pronto fue evidente que la camioneta estaba en peor estado de lo que parecia. En Santander se les pincho una rueda, y Eguia despues de desmontarla les dijo que estaba inservible y tendrian que comprar otra.
– Pero ?no lleva usted una rueda de repuesto? -pregunto Albert con cierta alarma en la voz.
– ?Quia! ?De donde voy a sacar yo una rueda de repuesto? Aqui no tenemos para nada.
