inmediatamente. Insistio en que le acompanara Amelia.

Fueron a su casa al caer la tarde y alli se encontraron tambien con Max y otro hombre. Karl Schatzhauser no se anduvo con rodeos.

– Mi querida Amelia, Max me ha dicho que es usted amiga de Carla Alessandrini.

– En efecto -respondio Amelia, desconcertada.

– Quiza pueda ayudarnos a salvar a una joven.

– No le entiendo…

– Permitanme que les presente al padre Muller.

El profesor Schatzhauser se dirigio al hombre que hasta aquel momento se habia mantenido en silencio. El sacerdote, que no aparentaba tener mas de treinta anos, parecia nervioso.

– El padre Muller es sacerdote catolico, y miembro de nuestro pequeno grupo de oposicion a Hitler. Naturalmente, esta con nosotros a titulo personal, no como representante de la Iglesia catolica.

Amelia y Albert miraron con interes al clerigo, quien, a su vez, les observo con preocupacion.

– No hace falta que les explique la situacion de los judios alemanes, sometidos a persecucion. De la noche a la manana muchos de ellos desaparecen conducidos a campos de trabajo, sin que posteriormente sea posible obtener alguna informacion sobre la suerte que corren en esos lugares. Pues bien, una familia judia conocida del padre Muller tiene un problema y Max y yo hemos pensado que quiza ustedes nos puedan ayudar. Pero sera mejor que el padre Muller les explique la situacion.

El sacerdote carraspeo antes de comenzar a hablar y, mirando directamente a Amelia, explico lo que esperaba de ella.

– Soy huerfano. Mi padre murio cuando era un nino y mi madre me saco adelante junto a mi hermana mayor. Mi padre tenia un taller de encuadernacion que nos daba para vivir holgadamente, incluso tenia un empleado. Cuando mi padre murio, mi madre se hizo cargo del negocio, y mi hermana mayor la ayudaba cuanto podia, pero no hace falta recordarles las penurias por las que ha pasado Alemania, y a la desgracia de la muerte de mi padre se unio que en el taller comenzo a faltar trabajo. Muy cerca del taller, en los alrededores de la Chamissoplatz, mis padres tenian unos amigos, los Weiss, que tenian un negocio de compraventa de libros. El senor Weiss, ademas de amigo, era cliente de mi padre, solia llevarle viejas ediciones para que las encuadernara. El senor Weiss no es judio pero su esposa, Batsheva, si lo es. Tenian una sola hija, Rajel, de mi misma edad, se puede decir que crecimos juntos y para mi es como una hermana. Cuando mi padre murio, el senor Weiss ayudo a mi madre cuanto pudo y a pesar de las dificultades que el mismo tenia que afrontar, nunca dejo de ampararnos. Hace un ano, el senor Weiss murio de un ataque al corazon y dos meses mas tarde la Gestapo detuvo a Batsheva acusandola de vender libros prohibidos. No era verdad, pero se la llevaron y lo unico que hemos podido averiguar es que la pobre mujer esta en un campo de trabajo. Afortunadamente, el dia que la Gestapo se presento en la libreria no estaba Rajel, de manera que se libro de que tambien se la llevaran. Desde entonces vive con mi madre, con mi hermana Hanna y conmigo, la tenemos escondida pero tememos por ella. No estare tranquilo hasta que no la sepa fuera de Alemania, pero no es facil para los judios conseguir permisos para viajar. Hace un ano el Gobierno cancelo sus pasaportes… en fin, les supongo al corriente de lo que pasa. A traves de unos amigos, que me aseguran que conocen a un funcionario, puede que consigamos un documento para Rajel, pero es necesario que alguien la respalde, que tenga un valedor para conseguir ese documento, y sobre todo que se la lleve de aqui. Max asegura que Carla Alessandrini le tiene a usted un gran aprecio, y ha pensado… Bueno, se nos ha ocurrido que si la senora Alessandrini se presentara como valedora de Rajel nos seria mas facil conseguir el permiso de viaje. Si la senora Alessandrini asegurara que quiere a Rajel como doncella, ayudante o lo que le parezca mas conveniente, las autoridades quiza no se lo nieguen. Esto es lo que queria pedirles: que salven a Rajel, para mi es como una hermana y yo… yo se lo agradeceria eternamente.

– Supongamos que Carla Alessandrini consigue que le den a Rajel ese permiso y podemos sacarla de Alemania. Despues ?que? -pregunto Albert James.

– Salvenla. Hagan lo posible por que pueda llegar a Estados Unidos, alli hay una comunidad judia en la que quiza encuentre algun apoyo, puede que localice a alguno de los parientes de su madre que hace anos emigraron a Nueva York.

– No les prometo nada, pero se lo pedire a Carla. Ella es antifascista y aborrece a los nazis. Y si ella no pudiera hacerlo quiza podria intentarlo yo, al fin y al cabo soy espanola y Franco es aliado de Hitler. Incluso si Carla la saca de Alemania, yo puedo ayudar a pasar a Rajel a Espana y llevarla hasta Portugal -afirmo Amelia.

Cuando el padre Muller se marcho, Max y el profesor Schatzliauser se disculparon con Amelia y Albert.

– Sabemos -dijo Max- que os hemos puesto en una situacion comprometida y debo confesar que la idea ha sido mia, por lo que os pido disculpas. Conozco desde hace algun tiempo al padre Muller, es un hombre bueno y me gustaria ayudarle, aunque para ello os haya metido a vosotros en el lio. Sobre todo a ti, Amelia, puesto que tu eres la amiga de Carla Alessandrini.

De regreso al hotel Amelia y Albert discutieron. A el le preocupaba que Carla se sintiera utilizada por Amelia y eso pudiera resquebrajar la amistad entre las dos mujeres, y el sabia lo importante que era Carla para Amelia.

Pero Albert no conocia que clase de mujer era la Alessandrini, y en cuanto Amelia le expuso la situacion no dudo ni un momento aceptar ayudar a Rajel, a pesar de que su marido, Vittorio, le pidio prudencia.

– ?Prudencia? ?Como me pides prudencia cuando puedo ayudar a una pobre desgraciada? Lo hare, claro que lo hare, me presentare en la policia solicitando el permiso de viaje para Rajel, dire que no puedo prescindir de sus servicios, que es una camarera extraordinaria. Aunque tenga que llamar a Goebbels para conseguir ese permiso… sacaremos a esa chica de aqui.

Amelia abrazo a su amiga y llorando le dio las gracias. Ella sabia que la diva tenia un gran corazon y no habia dudado de que aceptaria hacer aquel favor tan peligroso.

Acompanada por el padre Muller y por la propia Rajel, Carla se presento ante la oficina encargada de expedir los permisos de viaje de los judios. Previamente, el funcionario del que dependia la tramitacion habia recibido un soborno en metalico, dinero facilitado por el propio Max.

Carla relleno un sinfin de papeles, respondio a otro sinfin de preguntas absurdas y sobre todo se comporto mas diva que nunca, sabiendo que eso podia impresionar a aquellos oficinistas. Cuando uno de los funcionarios insistio en que expedir el permiso llevaria tiempo, Carla, muy enojada, hizo una escena.

– ?Tiempo? ?Cuanto tiempo cree que puedo quedarme en Berlin? Llamare al ministro Goebbels para que resuelva este problema, y ya veremos si le gusta que ustedes me contrarien como lo estan haciendo. ?Pienso decirle que si esto no se resuelve, jamas volvere a cantar en Berlin!

Rajel obtuvo su pasaporte, en el que estamparon la palabra Jude.

Carla, Vittorio, Amelia y Albert, junto con Rajel, salieron de Berlin el 12 de octubre. Antes de dejar la ciudad, Amelia insistio a Max para que le ayudara a buscar a los Wassermann.

– No puedo creer que no hayas podido averiguar donde estan -se quejo Amelia.

– No puedo preguntar directamente, comprendelo, pero te aseguro que estoy haciendo lo imposible por averiguar su paradero.

– Cuando les encuentres tienes que ayudarles, ?jurame que les sacaras de donde esten!

– Te doy mi palabra de honor de que hare cuanto pueda por ayudarles.

– ?Eso no es suficiente! ?Tienes que sacarles del campo de trabajo o de donde esten!

– No puedo prometertelo, Amelia; si lo hiciera, te estaria mintiendo.

Sacar a Rajel de Berlin era solo la primera parte del plan que habian ido elaborando los dias previos. Irian en tren hasta Paris, y desde alli, Carla regresaria a Italia, mientras que Albert y Amelia llevarian a Rajel hasta la frontera con Espana. Amelia se habia comprometido a pasar con ella a Espana acompanandola despues hasta Portugal. Albert, por su parte, se encargaria no solo de acompanarlas, sino de gestionar en la embajada britanica los permisos necesarios para que Rajel pudiera viajar hasta Nueva York. Albert pensaba telefonear a su tio Paul James para que con su influencia, dado su cargo en el Almirantazgo, la embajada britanica no se mostrara remisa a facilitar los documentos que necesitaba Rajel Weiss para viajar a America.

La presencia de Carla era el mejor salvoconducto. Los revisores, la policia, incluso la Gestapo no parecian desconfiar de la diva, tanto era asi que a pesar de los temores de Albert, de Amelia, de Vittorio y de la propia Rajel, el viaje hasta la capital francesa transcurrio sin incidentes.

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату