Lord Paul James organizo una cena de despedida a su hermano Ernest y a su esposa Eugenie, a la que invito a Albert y a Amelia. La madre de Albert alego una fuerte jaqueca que le imposibilitaba asistir a la cena, ademas adujo la inminente partida hacia Nueva York. Eugenie encontraba fuera de lugar la velada.

Albert y Amelia se presentaron en casa de su tio a las seis en punto, tal y como rezaba la tarjeta de invitacion. Paul James habia congregado en su casa a una docena de invitados y a todos les sorprendio la manera deferente como trataba a Amelia, que para la puritana sociedad de entonces no pasaba de ser la amante de su sobrino. Incluso produjo cierto revuelo el atrevimiento de Amelia cuando reprocho que Gran Bretana y las potencias europeas se habian lavado las manos en la guerra espanola.

No fue hasta que todos sus invitados se hubieron marchado cuando Paul James pidio a su sobrino y a Amelia que se quedaran a compartir un oporto en la biblioteca.

Albert susurro al oido de Amelia: «Ahora es cuando nos pasara la factura por haber ayudado a Rajel».

– Estoy muy impresionado por vuestra peripecia para salvar a esa joven judia, Rajel Weiss -les dijo nada mas servirles una copa del empurpurado vino portugues.

– Si, fue algo complicado, pero tuvimos suerte -respondio Albert.

– ?Suerte? Yo diria que demostrasteis inteligencia y sentido de la improvisacion. Os felicito a los dos.

Mientras observaba a Amelia de reojo, lord James carraspeo antes de continuar. La muchacha parecia tranquila, segura de si misma, sin dejar entrever su agitacion interior.

– Bien, estamos en guerra y las guerras se sabe como empiezan pero no como ni cuando acaban. El enemigo es fuerte y sera el o nosotros. Cuando hablo de nosotros me refiero a la Europa de la razon, la de los valores con los que hemos crecido y creido. Y en esta guerra no hay lugar para los neutrales. Lo siento por ti, Albert.

– Precisamente queria hablarte de algunas personas que he conocido en Berlin. Me comprometi con ellas a defender su causa en Inglaterra, de manera que lo hare ante ti. Tu amigo el baron Max von Schumann pertenece a un grupo de oposicion a Hitler.

– Eso ya lo se, ?que crees que hacia aqui este verano? Nos pidio ayuda para derrocar a Hitler, una ayuda que en aquel momento no podiamos prestarle.

– Pues os habeis equivocado.

– Si, hay quien se ha equivocado pensando que no habria guerra, que Hitler no se iba a atrever a invadir Polonia, a dar los pasos que esta dando. Yo siempre he pensado que lo haria, pero mis superiores opinaban lo contrario. Aun asi, el grupo del baron Von Schumann es… bueno, gente de aqui y de alla, sin organizar, no estoy seguro de que sea un grupo de oposicion eficaz, con capacidad de hacer algo mas que reunirse para lamentar que Hitler se haya convertido en el amo de Alemania.

– Te equivocas, tio. Veras, ademas de los comunistas y de los socialistas no creo que haya muchos grupos de oposicion organizados contra Hitler. Y los comunistas, aunque perseguidos en Alemania, se encuentran con que su jefe, Stalin, ha pactado con Hitler. Los socialistas no tienen fuerza por si solos para derrocar el regimen. En mi opinion habria que convencer a todos los grupos de oposicion para que trabajaran coordinadamente. El jefe del grupo de Max von Schumann es el profesor Karl Schatzhauser, que ademas de ser un medico prestigioso, tambien es un respetado profesor universitario. Creo que deberias tenerle en cuenta.

– ?Te has comprometido a algo?

– Solo a transmitiros su peticion de ayuda y a dar mi opinion de que son merecedores de ella.

– Bien, tendre en cuenta lo que me dices, aunque solo puedo prometerte que lo comunicare a mis superiores. Ahora queria hablaros de otro asunto… es un tema delicado y espero contar en cualquier caso con vuestra discrecion.

Tanto Amelia como Albert le aseguraron que asi seria.

– Las guerras no se ganan solo en el frente, necesitamos informacion y esta hay que recogerla detras de las lineas enemigas, para lo cual son necesarios hombres y mujeres valientes. Mi departamento en el Almirantazgo va a preparar a algunos hombres y mujeres para que lleven a cabo esa labor, civiles todos filos y con unas cualidades especificas, como las que usted tiene, Amelia.

– ?Tio Paul, que pretendes! -le interrumpio Albert.

– Solo saber si estais dispuestos a colaborar para que esta guerra termine cuanto antes.

– Soy periodista y mi unica manera de colaborar contra la guerra es contandole a la gente lo que sucede.

– Ya te lo he dicho, Albert, en esta ocasion no podras ser neutral. Por mas que la politica de Chamberlain ha sido la de contemporizar con Hitler, nos hemos visto abocados a la guerra. Desgraciadamente Hitler no se va a conformar con Polonia, sin olvidarnos de que los sovieticos, como supongo sabes, han decidido quedarse con Finlandia. Me temo que aun no sabemos realmente la dimension que va a alcanzar esta guerra, pero mi obligacion es suministrar a mis superiores informacion para que tomen las decisiones adecuadas. Tras la declaracion de guerra hemos tenido que abandonar Alemania, pero necesitamos ojos y oidos alli.

– Y si no me equivoco, pretendes invitarnos a formar parte de esos grupos que estas organizando.

– Si, asi es. Tu eres estadounidense y puedes ir por todas partes sin despertar sospechas, y la senorita Garayoa es espanola. Su pais es aliado de Hitler, y con su pasaporte puede viajar por Alemania sin despertar sospechas. Antes me hablabas del baron Von Schumann, cuyo papel como integrante de la oposicion no me interesa tanto como el hecho de que es un militar de alta graduacion bien considerado en el Ejercito. Tiene acceso a informacion que puede sernos vital.

– Max von Schumann nunca traicionara a Alemania. Solo quiere acabar con Hitler -tercio Amelia.

– Pero eso, querida senora, no lo podra hacer sin romper unos cuantos platos. Me temo que en estas circunstancias todos terminaremos haciendo lo que no nos gusta.

– Lo siento, tio Paul, no puedo ayudarte -declaro Albert.

Paul James miro a su sobrino con disgusto. Esperaba que la guerra le hubiera abierto los ojos pero Albert continuaba teniendo un sentido romantico del periodismo.

– Digame, lord James, si Gran Bretana gana la guerra a Alemania ?que efecto tendra en el resto de Europa? - pregunto Amelia.

– No entiendo…

– Quiero saber si el fin de Hitler puede suponer que las potencias europeas decidan restablecer la democracia en Espana. Quiero saber si van a seguir apoyando y reconociendo a Franco.

A lord James le sorprendio la pregunta de Amelia. Era evidente que la joven solo colaboraria si creia que eso podia beneficiar a Espana, de manera que se tomo unos segundos mientras buscaba las palabras adecuadas para responder a Amelia.

– No puedo asegurarle nada. Pero una Europa sin Hitler seria diferente. La posicion del Duce no seria la misma en Italia, y en cuanto a Espana… es evidente que para Franco supondria un duro reves no contar con el apoyo germano. Su posicion seria mas debil.

– Bien, si es asi, creo que estaria dispuesta a colaborar contra Hitler.

– ?Estupendo! Una decision muy atinada, querida Amelia.

– ?Pero Amelia, no puedes hacerlo! Tio, no debes enganarla…

– ?Enganar? No lo hago, Albert, no lo hago. Amelia ha hecho una ecuacion y el resultado puede ser el que anhela. No se lo puedo garantizar, pero si ganamos esta guerra habra consecuencias inmediatas en la politica europea, naturalmente tambien en Espana.

– Para mi es suficiente que haya una sola posibilidad. ?Que quiere que haga? -dijo Amelia.

– ?Oh! Por lo pronto prepararse. Necesita entrenamiento y seguramente reforzar las lenguas que habla. ?Cuales son? ?Ruso, frances, aleman?

– Hablo frances igual que espanol; en aleman no tengo problemas, incluso dicen que mi acento es bastante bueno; en cuan-(o al ruso, la verdad es que solo me defiendo. Tengo cierta facilidad con los idiomas.

– ?Perfecto!, ?perfecto! Trabajara sus conocimientos de ruso y pulira aun mas su aleman. Ademas aprendera a enviar y descifrar mensajes y tambien algunas tecnicas imprescindibles en el negocio de la informacion.

– Amelia, te pido que reconsideres el compromiso que estas adquiriendo. No tienes ni idea de donde te estas metiendo. Y tu, lio Paul, no tienes derecho a embaucar a Amelia y a ponerla en peligro por una causa que no es la suya. Los dos sabemos que Espana no es una prioridad para la politica exterior de Gran Bretana, incluso Franco os molesta menos en el poder que si hubiera un gobierno comunista. No permitire que enganes a Amelia.

– ?Por favor, Albert! ?Crees que la estoy enganando? No lo haria aunque solo fuera por ti. Alemania se ha convertido en un gran peligro para todos, tenemos que ganar esta guerra. Yo no he dicho que si ganamos eso signifique la caida de Franco, solo que sin Hitler las cosas no seran igual. Amelia es inteligente, sabe lo que da de si

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