estarian metidos ambos, pero no les preguntaba, preferia ignorarlo. El viejo sacerdote se decia que lo mejor era no saber demasiado acerca de las actividades de su ayudante.

Amelia solia acudir a casa del padre Muller a escuchar las emisiones de la BBC. Siempre era bien recibida por Irene, y por Hanna. Ambas mujeres simpatizaban con la espanola y le estaban agradecidas por haber salvado a Rajel.

Fue el 10 de julio, en casa del padre Muller, donde Amelia conocio la noticia de la decision del gobierno colaboracionista de Petain de romper relaciones con Inglaterra. La Asamblea de Vichy habia otorgado plenos poderes al mariscal de Francia. Y esto sucedia tan solo unos dias despues de que el puerto de Dover hubiera sido bombardeado.

Amelia volvio a ver al almirante Canaris y al coronel Oster en otro par de ocasiones en actos sociales a los que acompano al profesor Schatzhauser, el ultimo de ellos a mediados de agosto en casa de Max, ya que Ludovica habia organizado una cena de despedida a su marido antes de marchar a Polonia.

Ludovica habia invitado ademas de a Goering y a Himmler, a todo aquel que era alguien en Berlin, y a reganadientes acepto invitar a los amigos que su marido insistio en que invitara.

Aquella noche, Manfred Kasten se acerco a Amelia muy sonriente.

– Querida, me he enterado de algunos detalles de la «Operacion Madagascar», solo falta que el Fuhrer de su aprobacion final. Quiza pueda usted visitarnos a mi esposa y a mi manana para tomar el te.

Amelia acepto de inmediato. Era una informacion que esperaban en Londres, no tanto porque les pudiera preocupar la suerte de los judios, como porque un plan de tanta envergadura comprometia la movilizacion de grandes recursos y el control y dominio de las rutas maritimas del oceano Atlantico, unas aguas hasta la fecha dominadas por los britanicos. Precisamente Winston Churchill intentaba convencer a Estados Unidos de que si Inglaterra era derrotada por Hitler, el dominio del Atlantico pasaria a manos de Alemania. De manera que la informacion sobre dicha operacion podia servir a la Inteligencia britanica para calibrar hasta donde podia llegar el poder maritimo de Alemania.

Pese a la incomodidad que ambos sentian por las miradas inquisitivas de Ludovica, Max tambien aprovecho para despedirse de Amelia.

– Me hubiera gustado verte a solas, pero me ha sido imposible, mis obligaciones militares y familiares me lo han impedido.

– Lo se, no te preocupes. Supongo que cuando regreses aun estare aqui. ?Sabes donde te destinan exactamente?

– En principio ire a Varsovia, pero he de visitar a nuestras tropas desplegadas por todo el pais, de manera que estare moviendome de un lado a otro.

– ?El capitan Henke te acompana?

– Si, y supondra un alivio. Hans es oficial de intendencia, y es quien debe tramitar mis ordenes sobre las necesidades medicas en el frente.

– Al menos estaras con un amigo.

– No imaginas lo dificil que es poder confiar en alguien. En el Ejercito hay algunos oficiales mas que piensan como nosotros, pero no se atreven a dar ningun paso. Ya saben de lo que son capaces de hacer los nazis contra quienes se inmiscuyen en sus planes; temen que les pueda suceder lo que a Walter von Frisch, jefe del Ejercito, al que Goering, a traves de la Gestapo, acuso de homosexualidad. O al mariscal Blomberg, que fue obligado a dimitir como ministro de la Guerra tras presionarle a cuenta del pasado de su esposa. Tampoco son ningun secreto las opiniones de Ludwig Beck; fue nuestro Jefe de Estado Mayor hasta hace un par de anos, cuando dimitio por discrepancias con el Fuhrer. Hay generales como Witzleben y Stulpangel que en el pasado han apoyado a Beck. Tambien empiezan a surgir enfrentamientos entre algunos mandos del Ejercito y la jefatura de las SS, cuya influencia va en aumento. Parece que durante la campana de Polonia han surgido algunas discrepancias entre el general Blaskovitz y las SS. Tanto el general Von Tresckow como Von Schlabrendorff estan preocupados por la actual deriva de la politica alemana.

– ?Por que me cuentas todo esto?

– Porque creo que puedo confiar en ti y me importa lo que opines; no quiero que creas que en Alemania todos somos nazis: hay gente a la que le repugna lo que el nazismo significa, y sobre todo no quieren otra guerra europea.

– ?Tan dificil es derrocar a Hitler?

– Esa es una accion que no se puede improvisar. Quiza cuando termine la guerra…

– A lo mejor es demasiado tarde…

– Nunca sera tarde para volver a convertir a Alemania en una democracia, devolverle sus instituciones. Estamos contra Hitler, pero nunca traicionaremos a nuestro pais. ?Sigues en contacto con lord Paul James?

– Sabes que solo le he visto en un par de ocasiones acompanando a Albert, que es su sobrino.

– Me preocupa que Londres vea a Alemania como un bloque compacto alrededor de Hitler, no es asi. Somos muchos los que estamos dispuestos a dar nuestra vida para acabar con esta pesadilla.

Ludovica se acerco a ellos seguida por un camarero que llevaba una bandeja con copas de champan.

– Querido, ?no te gustaria que brindaramos con Amelia por un nuevo encuentro en Berlin? -El tono de voz de Ludovica estaba repleto de ironia y su mirada llena de ira.

– Una excelente idea -respondio Max-, brindemos porque volvamos a estar juntos tan alegres como hoy.

Max ofrecio una copa a Amelia y secundaron el brindis de Ludovica. Luego Max hizo caso de la peticion de su esposa, que le reclamo para que atendiera a sus invitados.

Aquella noche Amelia no pudo dormir. Debia regresar a Londres e intentar hablar personalmente con lord Paul James, pero ?querria recibirla? Sabia que a quien debia informar era a su jefe, el comandante Murray, pero Max le habia preguntado expresamente por lord James. Solo tenia una manera de acercarse a el: a traves de Albert. Si, tendria que pedirle que organizara algun encuentro social con su tio antes de que ella se presentara en las oficinas del Almirantazgo para ponerse a las ordenes del comandante Murray. No seria facil convencer a Albert, pero esperaba poder hacerlo. Claro que antes necesitaba el permiso de Murray para regresar a Londres, y tendria que convencerle de que lo que tenia que transmitir era tan importante como para dejar Berlin.

Se levanto temprano y encontro a herr Helmut preparando el desayuno para Greta.

– Tengo que salir. ?Querra usted terminar de preparar el te y llevarselo a mi esposa a la cama? Se que es mucho pedir, pero ?podria ayudarla a levantarse y acomodarla en el sillon que esta junto a la ventana? Parece que se encuentra un poco mejor.

– Vayase tranquilo, herr Helmut, que yo cuidare de Greta.

– ?No tiene que ir a clase?

– Si, pero tengo de tiempo de sobra.

Por la tarde Amelia acudio a casa de Manfred Kasten. Fue su esposa Helga quien abrio la puerta y la condujo al despacho de su marido. El viejo diplomatico la aguardaba impaciente; la invito a sentarse y le entrego una carpeta que contenia informacion sobre el plan de Madagascar. Amelia leyo avidamente sin decir palabra, aunque su rostro reflejaba el asombro que le producia lo descabellado de la operacion.

– ?Puedo llevarme estos papeles?

– Seria peligroso. La Gestapo tiene ojos y oidos en todas partes y es posible que sepa mas de nuestro grupo de lo que imaginamos. Desconfia de todo el mundo. Es mejor que estos documentos no salgan de aqui, por su propia seguridad y la nuestra.

Amelia se enfrasco de nuevo en la lectura de aquellos documentos intentando memorizar los pormenores. El redactor de aquel plan habia precisado el numero de barcos que se necesitarian para trasladar a todos los judios de Alemania a Madagascar y tambien los buques de apoyo necesarios para llevar a buen termino la operacion. Amen del numero de barcos estimados para llevar a cabo la deportacion, el documento especificaba la situacion de la flota mercante del Reich. La informacion podia ser fundamental para el Almirantazgo, de manera que Amelia se reafirmo en su decision de regresar de inmediato a Londres.

– Le agradezco su confianza, herr Kasten -dijo al terminar de leer los papeles.

– Soy cristiano, Amelia, y me considero un buen aleman al que le repugna lo que algunos hombres estan haciendo con mi pais. ?Deportar a los judios! ?Confinarles en una isla como si fueran apestados!

Ya era tarde cuando Amelia regreso a casa de los Keller. Greta estaba dormida y su marido estaba en la

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